martes, 11 de noviembre de 2014

EL CONTRAGOLPE

El Gobierno de España ha dejado pasar la consulta simbólica del 9 de noviembre en Catalunya porque no le quedaba otro remedio. Mariano Rajoy ha mirado hacia otra parte porque no tenía mejor alternativa. La presidencia del Gobierno y la Fiscalía General del Estado estaban obligadas a escoger entre dos imágenes potentes en los noticiarios internacionales: la de los catalanes votando, o la de la policía requisando las urnas. El mundo contemporáneo presenta muchos defectos e incertidumbres, pero le ha cogido cariño a la democracia. Las urnas gustan. El día en que se cumplían 25 años del derrumbe del muro de Berlín, España, uno de los países más endeudados de Europa, no se podía permitir un drama televisado.
No ha habido pacto secreto, ni nada que se le asemeje entre Madrid y Barcelona.Todo es más simple y más crudo. España no podía enviar una imagen de alta conflictividad a los centros de decisión internacionales, en un momento en el que su coyuntura interna vuelve a complicarse y comienza a recibir mensajes de preocupación y advertencia desde el Atlántico. Ayer, una advertencia en toda regla de la agencia Fitch, dirigida al Gobierno español y al Govern de la Generalitat: podría haber retiradas de depósitos si se prolonga la tensión en Catalunya. En las dos últimas semanas, los informes de Barclays y JP Morgan a sus clientes advirtiendo que España presenta un doble problema político a tener en cuenta de cara a futuras inversiones y la compra de bonods: el independentismo catalán y la emergencia de un nuevo partido (Podemos) que cuestiona el pago de la deuda en sus términos actuales. Los boletines de la agencia Bloomberg sugiriendo que la solución pasa por una consulta en Catalunya. No, España no podía permitirse el domingo un drama en Catalunya.  Esta es la explicación del 'laissez passer'. Y es también la clave de lo que viene ahora: el contragolpe.
Aunque ayer, día 10 de noviembre, era festivo en Madrid, lunes de asueto para completar la festividad de la Virgen de la Almudena, patrona de la ciudad, el malhumor de los grandes despachos era perfectamente audible. El aparato del Estado no ha podido imponer su autoridad a la vieja manera, es decir, de forma contundente y absoluta. Y eso duele en los círculos del poder que hablan del Estado de Derecho masticando las sílabas y con el ceño fruncido. “¡Aquí no se mueve nadie sin permiso del Gobernador Civil!”.
Hay nervios. El aparato estatal se siente burlado por la Generalitat catalana y cree que debe dar una respuesta por vía judicial. Hay irritación en el alto funcionariado. El ala aznariana está que fuma en pipa e imagina, doliente, grandes descalabros españoles, mientras lee una hoja ciclostilada de Pedro J. Ramírez en la que Mariano Rajoy es caricaturizado como un estafermo: uno de esos muñecos giratorios empujados por las lanzas en las justas medievales. El ala aznariana está que trina, pero su jefe no se halla hoy en las mejores condiciones para lanzar una de sus saturnales andanadas. Aznar, demediado, calla, por el momento. Y la diputada popular Cayetana Álvarez de Toledo escribe en Twitter: “Sensación de desamparo ante el silencio del Gobierno”. No pierdan de vista a la joven Álvarez de Toledo. Se van acercando las elecciones municipales y en la ciudad de Madrid el revuelo va a ser extraordinario. La batalla por la alcaldía y la presidencia de la Comunidad de Madrid ya está siendo intensa en el interior del PP. En Madrid se juegan los futuros equilibrios internos del centroderecha español. Hay nervios por doquier, incluso en el PP catalán, que se siente marginado y menospreciado, tal y como informaba Iñaki Ellakuría ayer en La Vanguardia. Hay, en pocas palabras, un cabreo cósmico.
El columnista bilbaíno Santiago González, un hombre culto que en mi opinión encarna la versión más refinada del periodismo español quevediano, ha dibujado el 9N de una manera muy sugerente en el diario El Mundo. Artur Mas se ha comportado como Nadie en el relato homérico. Ulises engaña al gigante Polifemo diciéndole que se llama Nadie. Nadie organiza la consulta bis. Nadie recluta a los voluntarios. Nadie envía la información sobre los lugares donde se puede ir a votar. Nadie abre los colegios electorales. Y al final del día, Nadie organiza una conferencia de prensa por todo lo alto, hablando en inglés y francés a los medios internacionales. "El domingo no hubo Estado en Cataluña", concluye González. El domingo –eso lo añado yo–, Nadie reconquistó el liderazgo político en Catalunya e inauguró las obras del 'Partit del President', reagrupación soberanista de nuevo cuño, con independientes, toques de centroizquierda y chaquetas sin corbata, que sustituirá a la quemada Convergència y concurrirá a las elecciones anticipadas –cuando se fije la fecha–, con ERC, o sin ella. Sin ella y contra ella, probablemente.
Creo que los sollozos de Oriol Junqueras hace unas semanas en un programa radiofónico fueron sinceros. Junqueras vio venir el cambio de rasante. Se vio atrapado por el movimiento envolvente y dejó escapar su sentimiento más íntimo de una forma un tanto teatral. No sé si ese sollozo le ha ayudado a consolidar una imagen de futuro gobernante, en una sociedad catalana muy expectante, muy izquierdosa verbalmente, pero con muy arraigados reflejos conservadores, pero no creo que fuese una impostura.
Hay una antigua expresión catalana muy adecuada para describir el actual momento: 'El roc a la faixa'. Es una expresión un tanto rústica que nos habla de la piedra escondida en la faja (la faja del payés o del carretero), para utilizar como última munición, cuando ya no quedan otros medios de defensa. Artur Mas llevaba el 9N bis escondido en la faja. Ha demostrado tener nervios de acero y ahora ha recuperado claramente la iniciativa. Mas fue educado en la escuela francesa (Liceo Francés y Escuela Aula de Barcelona): cartesianismo, pocas ganas de perder y autodisciplina. Junqueras, en la italiana (Escuela Italiana de Barcelona): buen aprendizaje de la expresión oral, historicismo y algo de teatralidad.
Habrá respuesta del aparato del Estado. Si hay querella de la Fiscalía General del Estado contra Artur Mas, el 'Partit del President' sufrirá un empujón hacia arriba directamente proporcional al volumen de la pena demandada. Si la acción judicial se dirige contra funcionarios y empleados públicos, la campaña de solidaridad será monumental.

Enric Juliana, en La Vanguardia