domingo, 10 de diciembre de 2017

ANTE LAS POSTURAS INTRANSIGENTES HACIA EL EUSKERA EN LA RIBERA

¿La Ribera es una zona anglófona, es una zona donde se habla inglés? Pues creemos que no, sin embargo, en Tudela desde hace muchos años hay un centro público en inglés, el colegio Elvira España. No obstante, sorprende que no haya un colegio público en euskera en toda la Ribera. 
Se barema el inglés como mérito para acceder a las tres escuelas infantiles del Ayuntamiento de Tudela, que además funcionan con “Lista Única” y no consideran que esta valoración distorsione el acceso a la administración pública. Claro, hablamos del inglés, aquí si cabe la lista única, ¿los castellanoparlantes no se quejan de esto? Nos parece lógico, es un mérito más a valorar, como el euskera. 
En la Ribera, hay colegios públicos que es obligatorio el inglés, como por ejemplo en el colegio público de Villafranca-Alesbes, y otros, donde se imparte el PAI y esto no lo consideran una imposición. 
Es significativo también que en el Centro de Educación para adultos del gobierno de Navarra (CEBA), situado en la ETI “vieja”, se imparta francés, inglés y castellano de forma gratuita, no pudiendo estudiar en este centro el vascuence de la misma forma. 
En los 34 años que lleva funcionando Argia Ikastola, con inmersión lingüística en modelo D, que por cierto, ha sido legalizada tan solo hace 4 años, de ella, han salido cientos de alumnos y alumnas que utilizan tanto el euskera, como el castellano o como el inglés. 
Del Euskaltegi Arrigarai (Educación de Adultos en Euskera), que lleva funcionando otros 35 años en Tudela, han salido cientos de alumnos/as, utilizando el euskera. 
En la Escuela de Idiomas de Tudela, numeroso alumnado ha obtenido el título C1 en euskera, así como, en el modelo A, impartido en los diferentes centros educativos de la Ribera, ha habido numerosos padres y madres que han querido que sus hijas e hijos estuvieran vinculados con la otra lengua de Navarra. 
Todo ello, en su mayor parte, bajo la financiación y el esfuerzo particular de padres y madres, profesorado y alumnado de esta parte de Navarra. Han sabido y saben poner en valor el tesoro cultural que supone tener como idioma propio, también en la Ribera, el idioma más antiguo de toda Europa. No es natural que se valore tanto lo de fuera y se rechace uno de los mayores valores histórico-culturales que tiene Navarra. 
Los auténticos navarros se tenían que haber quejado de que el euskera, hasta la fecha, estaba discriminado en el acceso a la función pública en relación al resto de idiomas: El euskera se ha valorado para cualquier oposición en 0 puntos en la Ribera y el alemán o el inglés en 2 puntos. Tendrían que haber exigido poner en valor el euskera al mismo nivel que el resto de lenguas en todo Navarra. 
Con el Decreto del euskera se trata de corregir la discriminación que ha habido hasta ahora con este idioma, garantizando a la población Navarra, el poder utilizar el idioma que elija cada persona. La Ley Foral del vascuence dice: Que es una lengua propia y que toda la ciudadanía tiene derecho a conocerla y usarla, es más, para esta zona, en el capítulo IV de la enseñanza en la zona no vascófona artículo 27, indica que “La enseñanza del vascuence será apoyada y, en su caso, financiada total o parcialmente por los poderes públicos con criterios de promoción y fomento del mismo, de acuerdo con la demanda”. Como hemos visto al principio, en la Ribera ha habido y hay demanda. Evidentemente que esta demanda ha sido coartada por intereses políticos que han limitado su desarrollo, de ahí, la zonificación en tres partes en Navarra, cuestión que no ocurre en ningún otro lugar del estado español con situaciones similares en número de hablantes. 
En el estado español está aprobada la Carta Europea de los Derechos Lingüísticos, en ella se recoge que: “La adopción de medidas especiales en favor de las lenguas regionales o minoritarias, no se consideraran una discriminación contra los hablantes de las lenguas más extendidas”. Ya que es una norma incluida en el ordenamiento jurídico del estado, esperamos que se defienda con el mismo interés que otras leyes españolas. 
Con el rechazo visceral a todo lo que sea en euskera en la Ribera (carteles en bilingüe, placas de policías municipales, carteles en edificios, etc...) se está creando un caldo de cultivo que favorece el rechazo del idioma Navarro en esta zona, lo que lleva a actitudes de odio o fobias hacia nuestro patrimonio lingüístico. 
Aun así, somos optimistas porque la mayoría de la sociedad está por encima de estos intentos manipuladores de crear enfrentamientos entre comunidades lingüísticas. La gente de aquí ve los idiomas y sobre todo el idioma navarro como una riqueza cultural. No considera que un idioma le quite el sitio al otro, sino que lo complementa. La Ribera es plural, no hay una división real, es una sociedad donde siempre han tenido cabida todas las culturas y todas las sensibilidades. Pongamos en valor nuestro idioma y no demos credibilidad a quien quiere manipularlo y utilizarlo, son unos pocos rabiosos por haber perdido sus privilegios. No caigamos en la trampa, ni mordamos el anzuelo de los que quieren conseguir enfrentarnos. 
Donde esta la tan cacareada diversidad y pluralidad de Navarra? 

Patrizia Lorente concejala de la CUP Tudela-Tutera

¿EL FIN DE LA DIPLOMACIA DE EE.UU. EN ORIENTE MEDIO?

El llamado proceso de paz, la solución de dos Estados, “la fórmula de paz por territorio” y todo el resto de agotados clichés llevan muertos y en estado de descomposición mucho tiempo ya. Pero el anuncio de Trump de ayer de reconocer oficialmente Jerusalén como capital de Israel ha puesto también fin a la ilusión de que EEUU estuvo alguna vez interesado en conseguir una paz justa y duradera entre Israel y sus vecinos.
¿Les queda algo por decir a todos aquellos que pusieron en suspenso el proyecto nacional palestino de liberación durante casi tres décadas, esperando que EEUU cumpliera su autodesignado papel de “mediador honesto de la paz”?
El movimiento Fatah del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, declaró un “día de la ira” en respuesta al anuncio de Trump. Una forma de desviar la atención de la crisis real que nos ocupa: el hecho de que la AP ha fracasado miserablemente al haber arrendado el destino de Palestina a Washington y, por extensión, también a Israel.
“He decidido que es hora ya de reconocer oficialmente a Jerusalén como capital de Israel”, dijo Trump en Washington. El aguerrido presidente ha hecho lo que muchos le habían pedido que no hiciera. Pero la verdad es que la política exterior estadounidense lleva años en bancarrota. Nunca fue justa, ni siquiera intentó serlo.
Las palabras de Trump desde Washington fueron una versión domesticada del comunicado que hizo el pasado año ante el lobby de Israel. 
Las banderas de Israel y EEUU se reflejan en la parte occidental de las murallas históricas que rodean la Ciudad Vieja de la Jerusalén  ocupada para celebrar el discurso del presidente Donald Trump reconociendo Jerusalén como capital de Israel el 6 de diciembre de 2017 (Mostafa Al Jaruf/Agencia Anadolu)
En marzo de 2016, el candidato republicano a la presidencia, Trump, pronunció su famoso discurso ante el Comité de Asuntos Públicos Americano-Israelí (AIPAC, por sus siglas en inglés). Fue entonces cuando reveló el tipo de político que verdaderamente es. Para los niveles de Washington, era un “buen político”, alguien carente de valores.
En su discurso hizo muchas promesas a Israel. La gran multitud allí reunida no podía contener el vértigo.
De las muchas afirmaciones falsas y promesas peligrosas que Trump hizo, hubo alguna particularmente única, ya que ofreció unas primeras pistas de cómo iba a ser la futura política de su administración respecto a Israel y Palestina. Las señales no fueron muy prometedoras:
“Cuando EEUU apoya a Israel, las oportunidades de paz aumentan real y exponencialmente. Esto es lo que sucederá cuando Donald Trump sea presidente de los Estados Unidos”, declaró, una afirmación fraudulenta que fue precedida de fuertes aplausos y que terminó incluso con un júbilo aún más arrollador.
“Trasladaremos la embajada estadounidense a la capital eterna del pueblo judío, Jerusalén”, anunció. La mezcla de vítores y aplausos fue ensordecedora.
Sin embargo, la verdad es que la historia de amor de Trump con Israel es en realidad relativamente reciente. En el pasado había hecho varios pronunciamientos que habían irritado de hecho a Israel y a sus poderosos patrocinadores estadounidenses. Pero cuando crecieron sus posibilidades de convertirse en el candidato republicano, también aumentó su disposición a decir cuanto fuera necesario para ganarse la aprobación de Israel. ¿Acaso no es ese el American way de hacer política?
Ahora que Trump es presidente, está desesperado por mantener el apoyo del mismo electorado que fue ante todo el que le llevó a la Casa Blanca. El electorado cristiano- evangélico, conservador y de derechas, sigue siendo la base de su accidentada presidencia.
Por tanto, el 4 de diciembre, Trump levantó el teléfono y empezó a llamar a los dirigentes árabes para informarles de su decisión de anunciar una medida que llevaba años retrasándose: trasladar la embajada de EEUU de Tel Aviv a Jerusalén.
Los árabes echaban humo, o quizá necesitaban jugar a echarlo, porque esa medida iba seguramente a crear más desestabilización en una región que lleva años inmersa en un curso destructivo. Gran parte de esa inestabilidad es el resultado de las políticas equivocadas de EEUU, basadas en guerras injustificables, y de su ciego apoyo a Israel.
Además, el campo proestadounidense de Oriente Medio ha estado inmerso en constantes conflictos, divisiones internas y un sentimiento creciente de abandono por parte de EEUU.

¿Por qué Jerusalén?
Trump, al declarar que Jerusalén es la capital de Israel, ha eliminado una piedra angular de la política exterior de EEUU en Oriente Medio. Ya no puede haber conversaciones sobre la “solución de dos Estados”, un “Estado palestino con Jerusalén Este como su capital” y todo el resto de tópicos que definieron durante décadas el discurso político estadounidense en la región.
Peor aún, las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas han servido desde 1967 de distintivo del enfoque de EEUU respecto al denominado “conflicto palestino-israelí”. Las resoluciones piden la retirada israelí de los territorios que ocupa desde la guerra de 1967. Desde entonces, Jerusalén Este ha sido reconocida por el derecho internacional, e incluso por todos los países que establecieron lazos diplomáticos con Israel, como parte integral de los Territorios Ocupados.
La reciente decisión de Trump constituye un giro total en el enfoque de EEUU, no sólo respecto a su propia definición funcional de los esfuerzos por la paz, sino frente a todo Oriente Medio, considerando que Palestina e Israel han estado en el centro de la mayor parte de los conflictos de la región.
En marzo de 2016, cuando Trump anunció eufóricamente sus intenciones de trasladar la embajada de su país a Jerusalén, bien pudo parecer que hablaba como cualquier político estadounidense: haciendo elevadas promesas que no pueden cumplirse.
Quizá, pero hay factores que hicieron que este traslado de su embajada resultara una opción atractiva para la administración Trump.
EEUU está actualmente experimentando una inestabilidad y polarización política sin precedentes. Los comentarios sobre una posible destitución del presidente van cobrando impulso, a la vez que sus funcionarios están siendo llevados ante los investigadores del Departamento de Justicia a partir de diversas acusaciones, incluso de colusión con potencias extranjeras.
En estas circunstancias, no hay decisión o tema que Trump pueda abordar sin encontrarse inmerso en una tormenta política, excepto en una cuestión, que es la de Israel. Estar a favor de Israel ha unido históricamente a los dos partidos principales de EEUU, al Congreso, a los medios de comunicación y a muchos estadounidenses, entre ellos la base política de Trump.
De hecho, cuando el Congreso aprobó el Acta de la Embajada de Jerusalén en 1995, violando supuestamente su función legislativa, el interés de Trump por la política era bastante fortuito y enteramente personal.
El Congreso fue incluso más lejos. Tratando de retorcerle el brazo a la Casa Blanca, añadió una cláusula, dándole a la administración hasta mayo de 1999 para cumplir los dictados del Congreso o enfrentarse a un recorte del 50% en el presupuesto del Departamento de Estado asignado a la “Adquisición y Mantenimiento de Edificios en el Extranjero”.
Fue un ultimátum imposible. EEUU, por entonces, se había posicionado como “mediador honesto por la paz” en el proceso de paz, un marco político que definía toda su perspectiva de la política exterior estadounidense en Oriente Medio.
Para evitar violar el derecho público del Congreso y mantener un hilo, aunque delgado, de credibilidad, cada presidente estadounidense ha firmado una exención por seis meses; un tecnicismo en la Sección 7 de la ley que permitía a la Casa Blanca aplazar el traslado de la embajada.

Ramzy Baroud (Middle East Monitor), traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

sábado, 9 de diciembre de 2017

FUROR IMPERIAL

La embestida española sobre Catalunya no resulta fácil de asimilar ni política ni jurídicamente. Tragarse el artículo 155 como si fuera una respuesta democrática, con el Parlament disuelto y mientras una parte del Govern está en Estremera y otra en el exilio bruselense, resulta difícil de digerir. Pero sus avaladores han dejado muy clarito a lo que están dispuestos para asegurar la incuestionable supremacía de la nación española.
Bajo el discurso del respeto a la ley y el orden constitucional, se ha puesto en evidencia que en el ADN del Estado (de la nación española) los rasgos de autoritarismo e intolerancia son hereditarios. Desde que comenzaron las despedidas con el “a por ellos” y el subsiguiente aporreamiento de votantes o se decretó barra libre para dictar prisiones provisionales, podía intuirse que la versión unplugged del nacionalismo español iba a servir para relegar los asuntos de corrupción al baúl de los recuerdos de Karina. Si aportan, como anticipan las balconadas rojigualdas, una mayoría al PP y Ciudadanos en las próximas Cortes, puede asegurarse que, con semejante tapadera, tendremos conflicto catalán para rato.
La rebelión catalana ha puesto al descubierto que en España abunda una nueva cohorte de políticos y funcionarios del Estado que parecen haber tomado el relevo a viejas camadas de alféreces provisionales. Su nutrida presencia pública es una demostración del espejismo de un Estado plurinacional y de una cultura política renovada. El discurso que maneja esa tropa se asemeja a un mix de neofalangismo y tecnocracia, una combinación que sepulta la idea de que tras el final de la dictadura la nación española se enmendaría y que, andando el tiempo, se haría democrática;es decir, reconocería que la vinculación nacional al Estado debe ser voluntaria.
Por el contrario, en la medida en que la derecha española, que vivió acomplejada por su pasado y en minoría parlamentaria durante un periodo de veinte años, se ha sacudido esos complejos, la pulsión de su nacionalismo cada vez es más agresivo. Desde la llegada de José María Aznar a La Moncloa, a mitad de los 90, impulsado por la corrupción y descrédito del felipismo del señor GonzáleX, se ha construido un relato para que los verdugos de ayer y sus herederos se presenten como víctimas y defensores de la democracia. Una farsa moral en beneficio de un partido imputado como asociación delictiva que mantiene a decenas de miles de desaparecidos en las cunetas.

EL SECESIONISMO COMO SUSTITUTO
El secesionismo catalán ha sustituido como reclamo electoral al terrorismo, al tiempo que se ha consolidado una operación de Estado, que ya se intentó con UPyD, para que una marca blanca como Ciudadanos pueda sustituir a los nacionalismos vasco y catalán como pivote del bicameralismo imperfecto que diseñaron las Cortes franquistas. Este nuevo amanecer de la España española se completa con la reducción del PSOE a una suerte de Ibex-socialismo cuyas figuras históricas viven cómodamente apoltronadas en diferentes consejos de administración y fundaciones al servicio de grandes corporaciones.
La atronadora ovación en el Senado a la supresión del autogobierno catalán, que se prolongó durante más de un minuto, resulta una imagen inquietante que recuerda a otras pretéritas vinculadas al NODO y las Cortes frranquistas. Ilustra la deriva posfranquista del nacional constitucionalismo que ha ido encomendado la administración de justicia a miembros del Ministerio Fiscal o de la Judicatura, cuyo celo y fanatismo recuerda al que siglos atrás caracterizaba al Santo Oficio. Las garantías institucionales del autogobierno autonómico o las libertades públicas están hoy al albur de un lobby de magistrados y políticos vivaspaña que abusan de poder para despojar de autogobierno a una colonia rebelde, encarcelar a titiriteros o jóvenes de gaupasa por terrorismo o demandar decenas de años de cárcel para líderes políticos.
El integrismo político contemporáneo ha adoptado en España la forma de una religión constitucional y el descrédito de jueces y audiencias -y en su conjunto de la función jurisdiccional puesta al servicio de la unidad de España- parece irreparable. ¿Quién puede seguir confiando en una justicia independiente, con juezas como Lamela o en el Tribunal Constitucional como árbitro imparcial después de la sentencia del Nou Estatut? Tras el asalto judicial a Catalunya, hace falta mucha ingenuidad o mucha caradura para seguir pregonando que en España existe una división de poderes. De hecho, aunque la Audiencia Nacional no tenga competencia sobre los delitos de sedición o rebelión y aunque su tipología exija respectivamente violencia o alzamiento tumultuario, los principales operadores jurídicos han dado por validas decisiones que avalan esos disparates. Porque para poder justificar sus tropelías el Estado ha encumbrado como supremos intérpretes de la ley a jueces y fiscales como la que mantiene en prisión a los jóvenes de Altsasu, también casualmente encargada de llevar a prisión a los “agitadores” del procés que, según ella, “forman parte de una compleja organización criminal”.

LA TOXICIDAD MEDIÁTICA
Semejante modelo de justicia a la carta se hace socialmente digerible mediante una prensa que actúa como propaganda de guerra. Desde La Razón a El Mundo, de El País a ABC, una misma toxicidad que también desagua por los canales televisivos que se difunden desde Torrespaña pasa inadvertida en el espacio monolingüe de la España española, sin acceso o interés por conectarse con EITB o TV3 (un canal a tener en cuenta), o sin prensa vasca o catalana con la que poder comparar informaciones. La última estrategia de desinformación que alimenta el delirante zulo español de noticias es acusar a Rusia como agente de operaciones conspirativas catalanas.
Después de años de movilizaciones masivas sin parangón en Europa, la respuesta a la demanda pacífica de Catalunya de definir en las urnas su futuro político, también ha puesto en evidencia el deterioro que padece la Unión Europea, muy alejada del papel de faro democrático al que se le asociaba históricamente. El bochornoso espectáculo de sus máximos representantes, de sobremesa en Oviedo como si fueran los Rolling Stones, las rotundas afirmaciones horroris causa del presidente Juncker o el decepcionante discurso de Verhofstadt, reflejan hasta que punto la UE se ha convertido en un bastión del neoliberalismo y del nacionalismo de Estado.
En un contexto geopolítico tan desfavorable, el empeño del pueblo catalán por ver reconocida su dignidad nacional merece, en mi opinión, la solidaridad de Euskadi, pero su proyecto emancipatorio necesita, a mi juicio, recabar más apoyos entre la ciudadanía para dotarse de una mayor legitimación. El 21-D será una nueva oportunidad para poder demostrarlo.

Iñigo Bullain, en DEIA

¿Y SI LOS QUIOSCOS DEJARAN DE VENDER EL PAÍS Y EL MUNDO ANTES DE LO QUE USTED PIENSA?

Pocas cosas son tan traicioneras como la falsa creencia en que uno es más poderoso de lo que realmente es. Los editores de prensa deben conocer bien esa sensación.
Hace unas semanas, un grupo de directivos de periódicos viajó a Estados Unidos para observar lo que se mueve en las sedes de Facebook y Google; y en alguna que otra redacción. La expedición eligió como destino un país en el que Donald Trump ganó las elecciones con una gran parte de los medios de comunicación en su contra. Es decir, un lugar en el que se certificó que las empresas periodísticas tienen actualmente una menor influencia sobre la opinión pública que algunos de sus nuevos competidores. Sus responsables son conscientes de esta circunstancia o, al menos, la intuyen. Como en ocasiones precedentes, reconocerán demasiado tarde que tienen un grave problema.
Los editores de prensa cruzaron el Atlántico porque están desconcertados ante el chaparrón que cae desde hace un tiempo sobre sus negocios. La revolución digital vino acompañada de nuevas oportunidades, pero incluía una trampa oculta que ha roto sus esquemas: en internet, obtener ingresos cuesta Dios y ayuda. Entre otras cosas, porque existe una mayor competencia, tanto de medios de comunicación como de plataformas sociales y empresas del sector del entretenimiento.
Los periódicos tradicionales compiten actualmente con un nutrido grupo de diarios digitales que se llevan una parte significativa de la inversión publicitaria. También con otros rivales, más fuertes y presentes en decenas de países, a los que los anunciantes destinan importantes cantidades de dinero. No es un porcentaje menor. En 10 años, la inversión en medios ha mermado un 40%.
Según Zenith, en 2016 sólo Google y Facebook acapararon el 20% del dinero que desembolsaron las empresas para publicitarse. Ese porcentaje fue 9 puntos mayor que en 2012.

El frenazo en internet
Hasta ahora, la evolución de los negocios digitales de las principales empresas de prensa invitaba al optimismo. El producto escrito se desangraba y las ediciones en internet no obtenían los ingresos suficientes para compensar esas pérdidas, pero al menos existía la esperanza de que, a medio plazo, la balanza podría equilibrarse.
El problema es que el negocio en la Red ha aumentado últimamente a un ritmo mucho menor, lo que ha causado cierta inquietud en los grupos mediáticos. Entre enero y septiembre, en la división de prensa de Prisa se incrementó el 3,3%, mientras que en Vocento, el 2%. Fuentes de los editores reconocen que existe preocupación por la ralentización del crecimiento en internet, aunque niegan que todavía sea motivo de alarma.
Sobre la salud del papel, los datos hablan por sí solos. En 2007, la prensa empleó 848.000 toneladas de papel, mientras que, 2015, 294.000, según los datos del Libro Blanco de la patronal del sector (AMI). En este tiempo, una buena parte de estos medios ha clausurado sus rotativas o externalizado el servicio. La última noticia a este respecto se publicaba esta semana -la adelantaba El Español-: Prisa y Vocento llegaban a un acuerdo para que El País, As y Cinco Días se impriman a partir de ahora en las rotativas de la editora de ABC. De aquí también saldrá una parte de la tirada de La Vanguardia, Mundo Deportivo y La Voz de Galicia.
La crisis de este sector ha repercutido en sus distribuidores. Mientras en 2010 existían en España 28.089 puntos de venta de prensa, a finales de 2016 quedaban 22.367, En este tiempo, han dejado de distribuir periódicos (o cerrado) 430 quioscos, 1.614 librerías y papelerías; 150 gasolineras y estaciones de servicio, 29 edificios de usos públicos y 23 estaciones de viajeros, según datos de la Federación de Asociaciones Nacionales de Distribuidores de Ediciones (FANDE).
La propia patronal de la prensa reconocía en una publicación realizada hace unos meses que los periódicos sólo son el medio de referencia del 5% de la población, frente al 33% de la televisión y el 21% de la prensa digital.

Ventas a la baja
Esta cruda realidad se ha puesto de manifiesto durante la crisis catalana. El pasado octubre, la audiencia de las cabeceras digitales creció ostensiblemente, según ComScore (28% La Vanguardia sites, 19,8% El País sites, 20,2% El Mundo sites...), pero las ventas de los principales diarios volvieron a caer. Las de El País descendieron el 13,2% durante el décimo mes del año, las de El Mundo, el 7,6%; las de La Vanguardia, el 12,78%, las de El Periódico de Catalunya, el 15,7% y las de ABC, el 8%. La Razón fue la excepción, pues mejoró el 13,52% en este sentido. Sus competidores lo achacan a su “agresiva” política de promociones. Sus responsables siempre han restado importancia a este factor.
Durante la crisis más grave a la que se ha enfrentado la democracia española durante las últimas décadas, la audiencia de TV3 se disparó (17,5 en octubre, 13,8 en noviembre), la de LaSexta aumentó considerablemente (9% octubre, 7,5% noviembre) y la de la prensa digital mejoró por encima de los dos dígitos. Los seis principales periódicos de España perdieron 29.737 ejemplares en difusión y 29.619 en ventas.
En 2007, entre El País, El Mundo, ABC y La Razón lanzaban a diario 1,15 millones de periódicos. Actualmente, entre los cuatro suman 436.000. Hace 10 años, la tirada media de  El País era de 435.000.
Resulta llamativo, a tenor de estos datos, que en España no se hayan producido fusiones de prensa ni haya desaparecido alguna de las grandes cabeceras. Según la consultora i2P, este sector ingresó en 2007 casi 2.000 millones de euros por parte de los anunciantes. Es decir, un 75% más de lo que facturará en 2017.
Sobre la mesa cada vez hay menos comida, pero la familia ha aumentado sin parar en la última década. Antes, los alimentos se los repartían los de siempre. Ahora, los platos se reciben sin la gran ración que les corresponde a Google, Facebook y compañía; y se dividen en muchas más partes, dado que existen muchos nuevos competidores.

¿Qué pasará con los editores?
Predecir el futuro lleva a cometer errores de bulto. De hecho, si los vaticinios de algunos se hubieran cumplido, los quioscos ya no venderían periódicos. Sin embargo, todas estas circunstancias llevan a concluir que la salud de los editores de prensa se ha deteriorado a un ritmo preocupante durante los últimos tiempos. Podría debilitarse, aún más, en el caso de que los empresarios no sepan adaptarse a las nuevas formas de anunciarse en medios de comunicación que actualmente desarrollan las grandes compañías, que amenazan con mermar aún más la partida de ingresos que le corresponde a los medios de comunicación.
La revolución digital es mucho más profunda de lo que una parte de los editores ha pensado. La Tierra gira a casi 30 kilómetros por segundo y nadie tiene la sensación de estar viajando a una velocidad tan elevada. El mundo se ha transformado en los últimos años a un ritmo vertiginoso y algunos editores de medios de comunicación continúan anclados en la era analógica. Donde tenían el monopolio de la audiencia y de la influencia. Bienvenidos al mundo real.

Rubén Arranz, en vozpupuli.com

EL CRISTO, SANTO Y SEÑA DE CAPARROSO

El Gobierno de Navarra declaró recientemente la iglesia de Santa Fe de Caparroso, también conocida como El Cristo o La Alta, Bien Inventariado de Navarra (BIN). Una protección que la Asociación de Amigos de El Cristo, fundada en 2007 y a la que pertenecen más de un millar de personas (hay que tener en cuenta que la localidad suma ‎2.677 habitantes), considera “muy importante” ya que puede suponer un punto de partida de cara a obtener ciertas subvenciones, que posibiliten la recuperación de este edificio parcialmente derrumbado. Y es que los caparrosinos consideran esta iglesia desacralizada el “emblema” del municipio, un “símbolo” en torno al que varias generaciones han “hecho vida” y que si nadie lo impide “acabará viniéndose abajo”, advierte Carlos Ukar, miembro de la asociación. “Forma parte de la idiosincrasia de Caparroso y da mucha pena e impotencia verlo así” lamenta el joven. “Vengas en la dirección que vengas, es lo primero que ves cuando llegas a Caparroso. Es nuestro rasgo distintivo” añade su compañera, Elena Ardanaz. “Si la iglesia desaparece, desaparece no solo un inmueble asociado a una importante historia local y general, con un grado mayor o menor de importancia arquitectónica, sino un elemento medieval único”, subraya el historiador Iñaki Sagredo en el estudio realizado a petición del Ayuntamiento y de la citada asociación, a través del que se solicitó la catalogación de El Cristo como BIN.

En concreto, este edificio de nave única, formada por tres tramos, cabecera pentagonal y dos pequeñas capillas rectangulares a manera de crucero, data del siglo XIV. “En 1332 a Caparroso le debió ir muy mal y la Corona de Navarra le perdonó el pago del tributo y con ese dinero los vecinos decidieron construir la iglesia” explica Ukar. Su ubicación, asimismo, es privilegiada. Desde ella se divisan el río Aragón, las Bardenas Reales o Rada. Según Sagredo, en 1409 la destrucción del castillo existente obligó a adaptarla como fortaleza. En 1576, por su parte, comenzó a edificarse en el casco urbano la parroquia de Santa Fe, provocando que los feligreses dejasen de acudir. Durante la Guerra de la Independencia, los franceses la usaron como sitio defensivo. También se utilizó como cementerio. Finalmente todo el Barrialto, la zona residencial ubicada a los pies de la iglesia, quedó desolado al bajar los vecinos a vivir al barrio de Guindul, construido por Franco. “Monumentos góticos en Navarra hay miles, y seguramente mejores, pero aparte del valor arquitectónico, histórico y natural, está el sentimental”, insiste Ukar.

Para revertir, precisamente, esa situación, en 2007 se fundó esta asociación. El primer paso que dieron fue registrar el edificio a nombre del Ayuntamiento, cuestión que se logró en la legislatura 2011-2015. En ese periodo de tiempo, además, se cayó parte de la bóveda, razón por la que se colocó andamiaje para proteger la estructura. Desde su creación, el grupo ha promovido actividades de concienciación, charlas, ha editado revistas y libros, limpiado el interior del templo, adecuado los caminos de acceso y buscado financiación pública y privada. De hecho esperan lograr la distinción de interés social MECNA, que el Gobierno de Navarra concede a ciertos proyectos y actividades culturales, y poner en marcha en mayo una colecta a través de la captación de mecenas o patrocinadores. También quieren editar un libro infantil y grabar un spot publicitario con un dron, entre otras cosas.

En cuanto a la recuperación del edificio, cabe destacar que existe un proyecto que contempla su restauración total en cinco fases ,que requieren una inversión superior al millón de euros. “Es demasiado ambicioso, por no decir inviable”, cree la asociación. De ahí que el grupo optase por diseñar una alternativa, por 400.000 euros, que “ buscaba la consolidación del edificio”, pero Príncipe de Viana no dio su visto bueno. Por ello, están a la espera de conocer si en los próximos Presupuestos Generales de Navarra “se decide apostar económicamente por El Cristo”, antes de definir la “estrategia de acción” a seguir.

“Es evidente que nos encontramos ante un elemento patrimonial que debe contar con un plan de protección y una consolidación inmediata para preservar lo poco que queda. Creo que debemos aunar esfuerzos para comenzar a revertir la situación y recuperar este patrimonio por el interés de todos”, señala Sagredo al respecto. Junto a la iglesia se han encontrado, además, restos de un despoblado medieval, que podría corresponder al núcleo de población original de Caparroso, y que junto al edificio podría convertirse en un importante foco de atracción turística.

Diario de Noticias

jueves, 7 de diciembre de 2017

¿ETA NO SE ACABA NUNCA?

¿Qué tiene en común un constructor suizo con la localidad navarra de Alsasua? Nada, salvo el convencimiento de que los ocho jóvenes del municipio imputados por un delito de terrorismo son inocentes. Desde el pequeño cantón del Tesino, Nicola Foglia lleva tiempo rastreando como un sabueso cualquier noticia sobre este caso y proclama que la instrucción refleja los mismos enquistados prejuicios que han llevado a la cárcel a 10 dirigentes independentistas catalanes. “Todo el mundo sabe y yo sé que si el suceso de Alsasua hubiera ocurrido en Zaragoza o Extremadura, el tratamiento judicial sería distinto”, afirma Foglia en conversación telefónica. 
Foglia ya ha trasladado a las familias de los jóvenes su compromiso de hacer todo lo que esté en su mano para que el caso se conozca en Europa. “Les he propuesto organizar un equipo de la televisión suiza para que documente el proceso y acompañarlas a los parlamentos europeo y suizo para que denuncien la injusticia que están sufriendo ante la total ignorancia del mundo democrático”, dice. Cerca de cumplir 54 años, es padre de dos hijos y simpatiza con causas que saquen los colores a quien abusa del poder. Así lo hizo en Chile, con los herederos de la sangrienta dictadura de Pinochet, y en Argentina, apoyando a las madres y abuelas de la Plaza de Mayo. Cree que en España hay pruebas de arbitrariedades judiciales y ha llegado el momento de denunciarlo. Para Foglia, el tiempo apremia y la próxima semana se trasladará a Alsasua para conocer personalmente a las familias de los ocho imputados. Hablará con ellas y les detallará su margen de maniobra para que el caso adquiera una dimensión internacional. Su iniciativa ha sido bien recibida en el pueblo.   
Foglia conoce al detalle lo que sucedió en Alsasua el 15 de octubre de 2016, durante la madrugada de las fiestas patronales, cuando dos guardias civiles de paisano y unos jóvenes se enzarzaron en una trifulca en el interior del bar Koxka, por motivos todavía no esclarecidos, que acabó con uno de los agentes herido de gravedad en un tobillo. Esa misma noche, la Policía Foral detuvo a dos de los implicados que, tras prestar declaración, fueron acusados de “atentado con lesiones contra la autoridad” por la juez de la Audiencia Provincial de Navarra, Mari Paz Benito. Aunque el caso pareció quedar encarrilado con la puesta en libertad de los dos arrestados, la Guardia Civil asumió la investigación elevando las acusaciones a “delito de odio” y días después, tras la querella interpuesta ante la Audiencia Nacional por el Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite), a “un presunto caso de terrorismo”.
La petición de penas para los ocho imputados, todos jóvenes entre 20 y 32 años, asciende a 375 años de cárcel, un castigo que para algunos reputados magistrados como José Antonio Martín Pallín es desorbitado y muestra “una sobreactuación judicial que está fuera de la realidad social”. La instrucción quedó finiquitada por la juez Carmen Lamela. Ni siquiera la petición de la Audiencia Provincial de Navarra planteando al Tribunal Supremo la competencia de su juzgado ha modificado las tornas. El argumento esgrimido por los juzgados de Pamplona sobre el caso es que no se trata “de un delito grave” ni que la agresión sufrida por los agentes y sus parejas buscara “subvertir el orden constitucional o suprimir o desestabilizar gravemente el funcionamiento de las instituciones políticas, ni alterar gravemente la paz pública, provocar un estado de terror en la población o una parte de ella”. Sin embargo, la respuesta del TS fue negativa. En junio, declaró que la AN es competente para investigar la trifulca de Alsasua al entender que aquellos hechos encajan en el artículo 573.1 del nuevo Código Penal, el que considera terrorismo “la comisión de cualquier delito grave contra la vida o la integridad física cuando se lleva a cabo con la finalidad de provocar un estado de terror en la población o en una parte de ella”. Tras concluir Lamela la instrucción del caso, el juicio comenzará el próximo 16 de abril en la sala de lo penal de la AN presidida por Concepción Espejel. 
Para quienes defienden que lo que sucedió en el Bar Koxka es otra excusa del Gobierno para apretar los tornillos al independentismo en Euskadi y mantener así toda la vigencia de la legislación antiterrorista a pesar de que ETA no existe desde hace años, la instrucción realizada por Carmen Lamela ha tenido el efecto de la gasolina en el fuego. El escritor Fernando Aramburu dice a menudo que aquella violencia ha marcado de forma indeleble el alma de los vascos. “Pero también el Estado ha convertido el terrorismo en un arma para criminalizar conflictos que, sin restarles gravedad, no superarían el grado de agresión si ocurrieran en otra parte del país”, afirma Foglia. En el exterior, España sigue trasladando la imagen de un país lleno de heridas, y las del terrorismo pueblan buena parte de sus sueños y pesadillas. 
“Está en riesgo el futuro de ocho jóvenes veinteañeros que ahora se enfrentan a un total de 375 años de prisión. Sólo pedimos el esclarecimiento de lo que sucedió. Es decir, quién intervino, qué papel tuvo cada uno de ellos y cuál es la proporcionalidad que requiere esa conducta”, reclama José Luis Galán, letrado de uno de los imputados, quien no duda que la procedencia de los acusados se ha convertido en un factor determinante. De hecho, padres y abogados documentaron el pasado año 9.571 altercados similares al de Alsasua en otras regiones del estado donde agentes de las fuerzas de seguridad terminaron lesionados en peleas callejeras y broncas nocturnas sin que a ninguno de ellos se aplicara el agravante empleado para el caso de Alsasua. El material recabado tiene un gran valor simbólico para ellos. También para el exjuez Baltasar Garzón que considera, tras leer el auto de Lamela, que “se inventa una nueva organización como una especie de resurrección de ETA y esto es muy peligroso”. 
La simple equivalencia entre lo que se vivió en el Bar Koxka y la violencia sectaria practicada a instancias de la banda durante décadas ha socavado la precaria confianza de muchos vecinos en la justicia, sobre todo después de comprobar cómo la magistrada vincula a un movimiento como Alde Hemendik con la actividad terrorista de un grupo inexistente, o la manera con la que anuda el Ospa Eguna, el “día de la huida”, con unos hechos ocurridos casi dos meses más tarde. Las defensas de los jóvenes aseguran que esas conexiones judiciales están basadas “exclusivamente” en las pruebas periciales de inteligencia obtenidas por la Guardia Civil y se han brindado a presentar argumentos para revocarlas. Durante este último año propusieron testigos que han participado en ambos movimientos, resoluciones judiciales con sentencias absolutorias sobre estos cargos e incluso una prueba pericial que explica con nitidez cómo la dinámica de estos grupos siempre estuvo al margen de ETA. Sin embargo, “no ha admitido ninguna porque, según la magistrada, son ajenas al proceso. Es decir, acusa de un delito gravísimo a ocho personas pero no nos permite a las defensas presentar pruebas para desarmarlo”, afirma José Luis Galán. 
Las dudas ante lo que en Alsasua consideran “una peligrosa arbitrariedad” está presente hasta en el aire que respiran, desde el fondo más profundo del valle de la Sakana hasta el pico más alto de la Sierra de Urbasa que ahora les abriga del gélido invierno. “Leer esas acusaciones es doloroso por muchas motivos, pero sobre todo porque la política jamás ha estado entre mis intereses predilectos”, añade uno de los cuatro jóvenes para el que también se pide 62 años de prisión. Por recomendación de su abogado no quiere que aparezca su nombre pero asegura que llegó al Bar Koxka cuando la policía foral navarra ya elaboraba el primer atestado. Fue detenido cuatro días después en su domicilio y enviado a Soto del Real donde pasó 36 días en un módulo carcelario de régimen FIES 3, el de mayor control y vigilancia, el que se aplica a criminales de la peor ralea. “Mi vida ha cambiado por completo. He dejado el trabajo por ansiedad, he perdido más de 20 kilos y voy al psicólogo. Tengo miedo”, proclama con la mirada varada en otra parte. 
El temor tiene sus dosis de realidad y sus cuotas de sospechas que la imaginación popular convierte en sombras gigantescas. Si además hay emisoras, flashes en la oscuridad y periódicos que desempolvan recuerdos turbios en grandes caracteres, el campo se abona para una nueva entrega de los horrendos capítulos que acompañan a la historia de ETA. “¿Cómo se construyen los prejuicios?”, se cuestiona Maite, madre de Oihan Arnanz, de 22 años y preso en Navalcarnero, con los ojos secos y la voz firme de quien se niega a dar esta batalla por perdida. “Pues quizá a fuerza de cebar una idea hasta que arraigue en el cerebro y ya nadie cuestione su veracidad”, le responde un compañero. 
Algunos vecinos de Alsasua ponen de ejemplo de normalidad y convivencia en el municipio a un grupo ciclista del pueblo, formado por gente de todas las ocupaciones e ideologías incluido un guardia civil que siempre ha sido bienvenido. Y lo mismo sucede en el frontón. Uno de los tres chicos que sigue encarcelado jugaba a pelota con otro agente. Y lo hacían sin intermediarios ni figurantes de por medio. Les bastaba escuchar el eco de sus voces contra el frontis para saber cómo respiraba el otro y entonces se ponían a jugar sin dilación. “Aquí vivimos 7.500 personas y nos conocemos todos. A unos les puede gustar más su presencia y a otros menos, como sucede en cualquier otro pueblo de España pero aquí nunca se ha educado en el odio al guardia civil”, añade Igone Goikoetxea, madre de Jokin Unamuno, que desde el 14 de noviembre de 2016 está en Estremera. Su rostro es un campo devastado por los estragos de un larguísimo combate para el que dice que se ha preparado. Las manifestaciones de protesta se suceden cada viernes en Alsasua. Excepto el concejal de UPN, todos los ediles -Geroa Bai, Bildu, Podemos y PSN- del consistorio consideran que los 375 años de prisión que piden para los ocho jóvenes son abusivos. Ninguno de los imputados ha tenido jamás problemas con la ley. 
El auto de la juez Lamela recoge que entraron en el Bar Koxka para reprochar a un teniente y a un sargento de la guardia civil, y a sus respectivas parejas, que “no tenían derecho” a estar en el interior de aquel local. Les rodearon y comenzaron a agredirles: “Tenéis lo que os merecéis, iros de aquí, hijos de puta, cabrones fuera de aquí, putos picoletos, txakurrak (perros), alde hemendik! (¡fuera de aquí!), utzi pakean! (¡dejadnos en paz!)”. Ya en el exterior, según la instrucción, continuaron las palizas. La novia de uno de los agentes asegura que “quienes más fuerte golpeaban iban encapuchados”.
Pero para la defensa de los jóvenes encausados, el sumario no refleja la realidad y anuncian que la batalla jurídica que no ha hecho más que comenzar. En la rueda de prensa que realizaron el 14 de noviembre en Madrid, al cumplirse un año de las primeras detenciones, la juez Carmen Lamela se llevó una buena tanda de palos por el empeño mostrado en acogotar su derecho a presentar pruebas que demuestren la inocencia de sus defendidos. “Sólo ha admitido un video del interior y del exterior del bar y unos planos de situación extraídos de Google maps. Sin embargo, ha rechazado una grabación del lugar durante la noche de los hechos con el argumento de que no cuenta con garantías al haber sido realizado extramuros del proceso de instrucción. También ha denegado una prueba pericial que ponía en duda la rueda de reconocimiento realizada a los acusados y a un abogado le han rechazado 18 de los 25 testigos propuestos”, informaba el letrado Jaime Montero. Un criterio de selección escrupuloso que, a su juicio, no ha aplicado a la acusación.
Desde un punto de vista meramente jurídico, José Luis Galán considera “normal” la denegación de pruebas. Unos piden y otros desestiman. Así ocurre en la mayoría de las ocasiones. Lo que ya no le parece tan lógico a este estudioso del derecho con 43 años de experiencia es “una denegación tan masiva de pruebas y una instrucción brevísima para un caso tan grave. Únicamente aparece la declaración de los investigados, la de las cuatro presuntas víctimas y se acabó”, indica. Para él, más allá de que los imputados agredieran o no a los dos agentes aquella madrugada en Alsasua “lo que se está condenando es el tratamiento penal de aquellos hechos”. Y aunque no lo dice expresamente, Galán deja entrever que Lamela ha instruido este caso en base a prejuicios que le hacen creer que los acusados son terroristas “rechazando aquellos documentos que lo contradicen”. Nada parece indicar que algo vaya a cambiar en los próximos meses. Pero las sospechas y la sensación de falta de neutralidad ha llegado hasta la Comisión Europea cuyo vicepresidente, Frans Timmermans acaba de reconocer la creciente preocupación que le suscita este proceso y, especialmente, la desproporción de las penas solicitadas. 
Con sus dotes de observador político, el suizo Nicola Foglia comparte la intranquilidad del dirigente holandés y cree que su distancia espacial le aporta una cierta ventaja objetiva sobre aquellos que miran este caso desde la cercanía. “Es instructivo y una buena forma de confrontar el estereotipo que muchas veces se cae con España, que para muchos es paella, sangría y sol”, afirma. Como él dice, “la distancia posible ante lo que me afecta y ante lo que puedo aportar mi experiencia vital para que se conozca la verdad y haya un juicio justo”, concluye. Un juicio cuyo tribunal estará presidido por Concepción Espejel, calificada como una de las tres columnas, “tres colinas” dicen los expertos, del poder judicial, junto a los fiscales anticorrupción y de la AN, sobre las que descansa el control impuesto por el PP. 

Gorka Castillo, en ctxt.es

martes, 5 de diciembre de 2017

NO ERA PAÍS PARA JÓVENES (A LA MEMORIA DE MANUEL JOSÉ GARCÍA CAPARRÓS)

Franco ya estaba muerto y enterrado bajo una losa tremenda, la que la historia le destinaba y la piedra que le pusieron los suyos, creyendo que era un honor y en realidad era una metáfora. Franco ya no presidía telediarios ni escuelas, no se oía su voz meliflua ni veíamos su insufrible figura, pero su herencia se había introducido en las neuronas de millones de españoles que de su vida habían hecho un ejercicio cotidiano de angustias y miedos. Vivíamos, sí, temerosos de casi todo, desde el pecado con que se nos amenazaba desde los campanarios de todas las ciudades, al qué dirán los vecinos, a no salirse de madre, a no ser tenido por otra cosa, a no destacar, a no reírse demasiado, a no protestar, a, en definitiva, ver, oír y callar, una de las máximas que los amedrentados padres y maestros inoculaban a los hijos, junto con el consejo de cumplir los preceptos establecidos, llevar bien peinado el pelo y lavados en casa los trapos sucios para que nadie diga nada de uno, nunca, jamás, bajo ningún concepto.
O sea, no era un país para jóvenes.
El telón de acero que protegía España de doctrinas malsanas, como la democracia, la libertad y otras fruslerías estaba en las cabezas de las personas y las blindaba para que no les entrara aire fresco. España era una, la patria, por tanto, era una, la familia, una también, de Dios ya ni hablamos, uno aunque tres personas, pero eso es misterio y de la Santísima Trinidad, la música, una, claro, que lo de fuera es ruido, y la bandera, ah, la bandera, esencia de todo lo que es ser español, naturalmente es una. Una, una, una. Sin discusión, sin duda. La España de los valores eternos, la de la cruzada, el bastión de Occidente sabe lo que quiere y ningún desarrapado ocupará el lugar de la gente de bien, los de toda la vida, los descendientes directos de la Inquisición, los que ocuparán la diestra del padre en el cielo, que será, como es evidente, al gusto de Franco, muy español.
En estas estábamos cuando la vida se desparramó y la gente salió a la calle y preguntó muchas veces por qué, sin miedo ya a los guardianes de los dogmas que nos habían atenazado. Y dijo: me organizaré como quiera, elegiré mis modelos, vuestros libros únicos no me sirven para pensar, traduciré otros o los escribiremos sin censuras, la música no llega del infierno ni la modestia tiene que ver con las piernas. Llevaré el pelo largo, vestiré colores que alejen el gris que ha sido España estos años, cantaré, votaré y colocaré otras banderas en mi corazón porque esto, amigos, no es una herencia maldita que nos ahoga, esto es la vida y va más allá de lo que os obligaron a pensar a vosotros y habéis querido transmitir a vuestros descendientes, sin resultado, afortunadamente. Y dicho esto, salimos a la calle, gritamos primero “Amnistía y libertad” y luego “Autonomía” porque descubrimos que ser muchos es mejor que estar solos, que con otros caminábamos más alegres, que la idea imperial se difuminaba si diecisiete íbamos del brazo, tan distintos, tan ensordecedoramente varios. Y descubrimos que éramos europeos, que la voz se transmitía con la velocidad de la luz, que nada estaba lejos porque nosotros habíamos roto los tabúes de la patria medieval de curas, militares y profesores saludando brazo en alto en una eterna y tediosa forma de concebir la existencia.
Sí, creíamos que habíamos ganado la libertad, lo creyó Manuel José García Caparrós, y el 4 de diciembre de 1977 salió de su casa con sus vaqueros, su pelo largo y despeinado, sus 19 años, sus amigos y otra bandera, una que le era más cercana, libre de prejuicios, blanca y verde, que se identificaba con una letra que decía que había que hacer, por Andalucía, más libre España entera y toda la humanidad. Era un sueño hermoso el que llevaba Manuel José García Caparrós cuando salió de su casa esa mañana malagueña, en la que otros salíamos también en Granada, en Sevilla, en Córdoba... Manuel José salió, decía, creyendo que habitaba un país suyo, un presente que le pertenecía y en el que ser feliz, tal vez tener novia, tal vez viajar, tal vez formar una biblioteca, quizá emigrar a Australia y venir con un bagaje de conocimientos que compartir en un bar o en un auditorio, quien sabe como sería su vida, qué futuro le espera a José Manuel García Caparrós, hoy trabajador de una fábrica de cerveza, mañana quizá empresario o inventor o taxista para recorrer una y otra vez su hermosa ciudad... Quién sabe. Pero dejémonos de futuros, hoy es 4 de diciembre de 1977, pedimos una forma nueva de Estado, queremos un federalismo moderno, le llamamos estado de las autonomías porque podemos llamarlo como nos dé la gana, tenemos voluntad de hacerlo, hasta himno y bandera tenemos y mucha gente pacífica sintiendo como nace una nueva forma de gobernarse.
Creíamos que era un país para jóvenes y Manuel José García Caparrós salió a la calle con su bandera blanca y verde, con sus amigos, con un entrañable empeño de demostrar que esto ha cambiado, fuera los miedos, la social, la secreta, abramos las ventanas y que salgan los recelos, que somos otros, por Dios, y creemos que cada cual es libre y todos juntos, también somos libres. Por eso voy a subir a lo más alto de la Diputación, o subirá otro, pero yo estaré allí para aplaudir, vamos a colocar la bandera de la gente junto a la oficial, y porque existimos lo diremos bien fuerte, y porque amamos nos comprometemos, saldremos de nuestras vidas para ir en la calle, codo a codo, siendo mucho más que dos. Por eso, por estos poemas cantados, por la sabiduría antigua que corre por mis venas sin que nadie la frene, yo, Manuel José García Caparrós, voy a la manifestación con mi bandera andaluza y luego nos iremos a tomar unas cañas, y por la tarde oiremos música, que es festivo, o vamos al cine, o nos quedamos en la calle comentando, hablando ahora que ya se puede hablar sin miedo de que te oigan porque este empieza ser nuestro país en vez de la patria de ellos, ésa que nos querían imponer a base de manuales con todas las soluciones establecidas.
Pero no era un país para jóvenes, pese a lo que Manuel José García Caparrós creyó esa mañana, cuando salía presuroso, acabando de ponerse la cazadora que lo protegería del frío suave del medio día malagueño, dejando atrás a las hermanas, más lentas, a los padres, tranquilos en la casa, tienen cuatro hijos y todos en el buen camino, el día ha amanecido sin presagios, no va a pasar nada. Nada, salvo que una bala disparada por la espalda atraviese el cuerpo de José Manuel y lo rompa para siempre. Una bala disparada por alguien, que no salió sola de ningún arma, no había dos ejércitos enfrentados, ni un bando armado al que la policía tenía que repudiar para defenderse. No, al otro lado había chicos, banderas, la alegría de estar en la calle, la exaltación juvenil, que era la exaltación de la democracia, de la normalidad, del tiempo nuevo que algunos, en la otra parte, con pistolas y con ideas más sanguinarias que las pistolas, no querían entender ni aceptar. Por eso dispararon a Manuel José, por eso lo dejaron tirado manando sangre, por eso muchos años después ha sido reconocido como víctima de un acto terrorista, porque no murió por una casualidad, lo mató una forma de entender la vida que quería los relojes parados, la sociedad sumisa y la bandera, como el idioma, como el libro, todo único. Asesinaron a Manuel José García Caparrós, porque la disidencia era la peor falta y no se podía dejar que prosperara. Por eso estaban ahí las fuerzas del orden. Todavía del orden antiguo, todavía armadas contra la democracia.
García Caparrós murió en vano. No vale decir que de su sangre se hizo un testimonio, que su muerte sirvió para dejar claro el arcaísmo del régimen del 18 de julio del 36, que empezó matando y matando seguía tantos años después, no sirve ni hay consuelo, porque fue una muerte absurda, criminal, sin sentido, odiosa y canalla como todas las muertes que no son las propias, que son ejecutadas por la perversión de quien se cree con derecho y no es nada, es menos que nada, un simple asesino que cree tener patria y solo tiene un hueco en el corazón y vacía la cabeza. Y una retórica huera como sustento.
Aquella mañana en que cayó fulminado Manuel José García Caparrós no había dos bandos, decía, había una multitud con palabras, banderas y el grito de “Andalucía, Autonomía” y unos fanáticos con provocaciones, unos sinvergüenzas, da igual con qué uniforme, que llevaban pistolas. Los fanáticos y los sinvergüenzas tenían órdenes de romper la manifestación, de frenar en seco la España plural que venía, de hacer algo para que el futuro no se instalase. Se cebaron con un chiquillo indefenso, ingenuo, que participaba cívicamente en un acto cívico. Pero el bando organizado no consiguió, matando, volver atrás, sólo se manchó las manos de sangre una vez más y por eso también serán repudiados.
La bandera blanca y verde acompañó a Manuel José García Caparrós, víctima del terrorismo, hijo, hermano, compañero, cuando fuimos a enterrarlo y todos éramos él, con la cabeza alta y la espalda limpia de balas y de sangre. No, todavía no era un país para jóvenes esta España, pero ya se estaban sentado las bases. Lo malo, lo terrible es que Manuel José García Caparrós no lo vio y hoy tampoco tenemos el consuelo de poder contárselo porque nadie lo ha resucitado. Quizá por eso nos contemos una y otra vez lo que pasó aquel 4 de diciembre y pronunciemos muchas veces el nombre de Manuel José García Caparrós como una suerte de sortilegio que nos ayude a creer que los asesinos no se salieron con la suya, y la bandera andaluza acabó la jornada de reivindicación autonómica ondeando junto a la roja y amarilla, sin complejos y sin tragedia, como ahora está y que no falte.

Epílogo:
Como periodista fui a Málaga desde Sevilla para cubrir la jornada posterior al asesinato. Málaga entera estaba parada: no era un cementerio, era una piña. Al llegar al hotel, un hotel de muchas estrellas, enseguida se me advirtió de que el personal estaba en huelga, que no habría ni servicio de habitaciones ni comida caliente, porque “nos han matado a un compañero y estamos en huelga, solo hay servicios mínimos”. Pocas veces un anuncio así, y ese marco, habrá podido estremecer más a una persona como a mí me estremecieron las palabras dichas en la misma conserjería, para que no quedaran dudas de qué estaba pasando y del tamaño de la respuesta de los trabajadores. Pude dar el pésame al comité de empresa del hotel, se lo di a otros colectivos con los que me fui encontrando, no así a la familia: el pudor me impidió acercarme a ellos. Lo hago ahora, aunque ya no estén los padres, que murieron de pena mucho antes de lo que tenía que haber sido el fin de sus vidas, muertos también de la muerte del hijo, les doy el pésame a las hermanas, tanto tiempo después, con un abrazo y la mayor admiración, porque ellas no se han rendido en estos treinta años de gestiones, idas, venidas y entierros. Ellas, reivindicando al hermano, consiguiéndole el reconocimiento legal de víctima del terrorismo que era de justicia, sin duda han hecho que este país sí vaya siendo para jóvenes, aunque sea para otros jóvenes, otros Manuel José que, despreocupados, pueden ir tirando día a día, sin otros miedos que los propios de estar vivos, compañeros del alma, compañeros.
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Pilar del Río, periodista, presidenta de la Fundación Saramago, de la Sociedad de Amigos de infoLibre. El texto fue publicado en un libro homenaje a Manuel José García Caparrós