miércoles, 18 de octubre de 2017

UN ESTADO DE DERECHO ROTO

Es España un Estado de derecho. Así se nos recuerda, por activa y por pasiva, desde muchos ámbitos. No lo voy a poner en duda. Pero una gran interrogante me asalta cada vez que observo con preocupación un nuevo paso en esta carrera vertiginosa hacia la nada. Un estado de derecho. Pero, ¿de qué derecho? Es un Estado de derecho que permite que reconocidos delincuentes vivan en el extranjero; que personas que alardean de saludos nazis en público paseen con tranquilidad sin que nadie les diga nada; que un partido corrupto hasta las entrañas y evasivo como pocos a la hora de colaborar con la justicia, un partido que destroza las pruebas de cargo recogidas en sus ordenadores, gobierne como si aquí no pasara nada; un estado en el que tanto el PP como el PSOE no han tenido ningún problema en cambiar la Constitución según conveniencia, aunque esa decisión pusiera en gravísimo peligro la situación económica de miles de familias; un estado de derecho que permite que soltar unos garrotazos contundentes a unos guardias civiles en un bar se equipare poco menos que a sacar la división acorazada en Valencia; un estado de derecho que se hartado durante años de conceder indultos a todos los amigos de los gobernantes comenzando por quienes usaron el uniforme para cometer delitos vergonzosos contra personas cuya salvaguarda y protección tenían encomendada; un estado de derecho en el que parte importante del sistema judicial, corporativo a más no poder, está supeditado por ley, o de facto, a la autoridad, siempre que sea muy de derechas; en fin, un estado de derecho que muestra de forma cruda y sin disimulo demasiadas heridas putrefactas. Parte de aquello que llamábamos franquismo sigue bien vivo, cada vez más gente tenemos menos dudas.
No voy a poner en duda el infantilismo de los argumentos usados por la Generalitat cuando se ha empeñado en avanzar hacia la independencia intentando convencernos de que lo hacía desde dentro de la ley. Saben que no es así. La juez Carmen Lamela fue apartada en su día de la trama "Gurtel" por sus afinidades con el PP; se temía, con razón, que no sería parcial. Con la misma parcialidad ha llevado a la cárcel a dos personas, acusadas de sedición, por impulsar manifestaciones pacíficas (no han usado ni pistolas ni tanquetas). Eso también, esa barbaridad, se hace en nombre del Estado de derecho. Un Estado de derecho maltrecho por cuanto que si se duda de la parcialidad de una juez -mejor dicho, no se duda nada- para juzgar un asunto de gravedad sobre corrupción por su afinidad con un grupo político, no se entiende que desaparezca la duda como por encanto, cuando lo que se trata de juzgar son hechos de naturaleza política en la que el PP es protagonista principal. Su amiga, esa juez parcial devenida de forma milagrosa en imparcial, es quien encierra al personal en la cárcel, imputándoles nada menos que delitos de sedición. Sedición. ¿Hemos perdido el juicio o es que cada vez hay menos necesidad de disimulos para recordarnos a los ingenuos, de forma práctica, que este Estado de derecho hunde sus raíces allí, en efecto, allí donde usted se imagina, vamos a dejarnos de bobadas? Ni queriendo se puede tensionar más el tema.
Es cierto: una sociedad que incumple sus propias leyes corre el grave riesgo de desintegrarse. Se trata de una de las mayores conquistas democráticas, y solo podemos funcionar con ciertas garantías si aceptamos esa premisa: la ley es para todos. Incluso, como sucede de forma terca cada día, aunque no sea igual para todos. Aún así no tendría problemas en aceptar la premisa básica. Ahora bien: las leyes que ordenan la convivencia solo se sostienen si son aceptadas por la mayoría, no de otro modo. Cuando no sucede eso, cuando hay múltiples pruebas de que una parte importante de la sociedad (un 70%, un 80% en el caso de Cataluña) desea manifestar su opinión sobre un asunto que le afecta, pero se le recuerda que no lo puede hacer porque la legislación y la normativa en vigor lo impide las costuras amenazan con reventar. Si no se pone remedio a tiempo y el gobernante se empeña en mirar a otro lado o en enfrascarse cada noche en la lectura del Código Penal se corre el enorme peligro de que se abran súbitas coyunturas políticas cuya presión es imposible de controlar recurriendo solo a la imposibilidad de ir más allá de lo que marca una ley promulgada cuando los viejos éramos jóvenes. Mucho más cuando asistimos, con estupor y desde hace años, a una manipulación de la aplicación de esas leyes absolutamente grosera y degradada por parte de quienes dicen asumir como objetivo básico la defensa de la ley. Entre los centenares de cargos del PP, la última ayer, la ex alcaldesa de Cartagena.
Se nos indicó hace tiempo lo que se avecinaba: lo hicieron los políticos catalanes advirtiendo con claridad sobre lo que pensaban hacer. Lo hicieron muchos otros fuera de Cataluña. Ahora estamos donde estamos: en una peligrosa y excepcional coyuntura en la que se ha ido demasiado lejos. Lo que pudo valer como solución hace un tiempo es dudoso que sirva hoy. Una parte muy imnportante de la sociedad catalana está soliviantada: no solo se trata de independentistas. El fenómeno es mucho más complejo y toca a mucha más gente. Se puede seguir con las amenazas, con el recurso a la ley, se puede acusar de sedición a más manifestantes, incluso a cientos de miles, se puede seguir diciendo que cumpla usted la ley y luego hablamos. ¿Y? Ya no estamos en esa fase, me temo. Los políticos harían bien asumirlo antes de que la maquinaria se atasque por completo intentando cumplir leyes que a millones de personas cada vez importan menos.

Pello Salaburu, en El Diario Vasco

martes, 17 de octubre de 2017

BARKOS DEFIENDE EL DECRETO DEL EUSKARA Y LO VE NECESARIO

Barkos entró ayer al fondo del debate que se le planteó desde el PSN a raíz del cuestionamiento jurídico que ha realizado el Consejo de Navarra –con un voto discrepante– de varios de los puntos del nuevo Decreto del Euskara. Admitió que el dictamen obliga a cambios, en los que ya están trabajando sus técnicos, pero se agarró a que las partes fundamentales del decreto han recibido el aval del ente asesor. A partir de ahí, la lehendakari explicó la necesidad que había de una normativa semejante y se dedicó a desmontar los ataques injustificados a la norma.
«Dicen ustedes que valorar el euskara como mérito discrimina, pero valorar el inglés, el francés o el alemán, no. Por favor, explíquenmelo», les espetó. Con tablas de baremos en la mano detalló cómo en la Zona Mixta –donde hipotéticamente los navarros pueden dirigirse a la Administración en los dos idiomas propios– se puntúa más el conocimiento de idiomas extranjeros (2 puntos) que el saber euskara (1,38). Y usó un segundo dato, relativo a cuántas plazas existen actualmente en la Administración en las que el euskara suponga un requisito indispensable. De un total de más de 16.000 puestos, el euskara se exige en 160.
Ante las críticas de algunos de los miembros del Consejo de Navarra sobre si la norma se adecúa o no a las diferentes realidades lingüísticas del euskara en Nafarroa, Barkos subrayó que los datos sobre uso del euskara no conforman una foto estática, sino que la difusión del euskara aumenta año tras año. Así, recordó que más del 25% de los menores de 24 lo hablan y que en la Universidad Pública los euskaldunes suponen uno de cada tres.
En cuanto a su postura ante el decreto, Barkos aseguró que desarrollar la actual Ley del Euskara era algo necesario, pues el decreto en vigor constituye el más restrictivo que ha habido nunca. Pero además realizó una confesión y señaló que a ella le hubiera gustado cambiar la ley, pero que no ha podido ser por no haber consenso en el cuatripartito.
Aritz Intxusta, en GARA

DE VUELTA AL 78

El mejor de los casos se ha dejado hace tiempo atrás y probablemente nunca se hubiera dado: me refiero a un referéndum pactado entre la Generalitat y el Estado español. En el peor de los escenarios, que es aquel en el que nos encontramos, lo mejor que podría pasar es que se produjera una desescalada “a la gallega”, a base de preguntas sincopadas, sin saber si hay o no independencia ni si se ha aplicado o no el 155, de ambigüedad en ambigüedad, hasta dejar lo sucedido en una nube mientras se negocia una mala solución --siempre mejor que una guerra-- a instancias de la UE y a espaldas, como siempre, de la voluntad de los ciudadanos, catalanes y españoles. No es seguro que ocurra ni siquiera esto. Hemos visto a Rajoy hacer con el “diálogo” lo mismo que a Puigdemont con la “independencia”, proclamarlo y suspenderlo al mismo tiempo, y los medios de comunicación con más audiencia, como serenamente denunciaba Aitor Esteban en el Parlamento, no dejan de empujar y empujar hacia el pasado: “Hasta la cabra de la Legión huele a libertad”, titulaba El Mundo una crónica sobre el desfile militar del 12 de octubre.
Rajoy ha ganado ya en España. Ha fertilizado la amnesia española con veneno patriotero en el único país de Europa en el que no hace falta ser antifascista para ser demócrata y en el que, aún más, el antifascismo se criminaliza como radicalismo antisistema. Rajoy está logrando construir una mayoría social “española” desde el --hasta ahora-- minoritario discurso ultraderechista, dejando a un lado, invisible e interrumpido, el proceso de cambio que se inició el 15-M. Ha recuperado al díscolo Pedro Sánchez y su PSOE “de izquierdas”, de vuelta al redil del régimen, para una previsible restauración consensuada y sin resistencias. Y hasta ha sacado al rey de su sombrerera para regañar y amenazar a la mitad de España. Es un genio. Apoyándose en la Catalunya justamente insurrecta, torpemente insurrecta, está volteando la situación a favor del PP, que estaba contra las cuerdas. La maniobra está siendo tan brutal --ha comprometido hasta tal punto todos los palillos ocultos del régimen del 78-- que en la próxima crisis caerán todos juntos y de golpe, incluida la monarquía. Pero para eso faltan --otra vez-- unos cuarenta años.
Es verdad que la aceleración que estamos viviendo es, además de política, tecnológica, de manera que ningún acontecimiento deja ya rastros demasiado duraderos ni es posible establecer cadenas estables de causas y efectos. Podríamos --sí-- olvidar todo lo ocurrido junto con los tuits de ayer y ver volar de nuevo la indeterminación cuántica en una dirección inesperada. Puedo, pues, equivocarme, pero me temo que, contemplado el mundo desde esta ventanita, hemos perdido una oportunidad histórica. La crisis catalana ha cerrado la “ventana de oportunidad” que “las fuerzas de cambio” no habían sabido mantener abierta en Madrid. La correosa versatilidad del bipartidismo, unida a los errores de Podemos en el Estado y de las CUP en Catalunya, han abortado dos procesos de “ruptura” que, concebidos en paralelo, se contrarrestaban recíprocamente. España no será refundada en las próximas décadas; Catalunya no será independiente en las próximas décadas.
Diré algo de Podemos al final. Permítaseme decir ahora dos palabras sobre las CUP. Colectivo muy plural y heterogéneo, nadie podrá negar que es la única fuerza que cree realmente en lo que hace, la más coherente, la que mejor se ciñe a sus principios y la que, incluso cuando se ha dejado llevar por un contradictorio tacticismo, nunca ha olvidado su objetivo. ¿Cuál es ese objetivo? Luis María Ansón, el perspicaz dinosaurio, se lo explicaba hace unos días a esos compañeros derechistas que, desde el nacionalismo español, proyectan su identitarismo sobre el independentismo catalán: para las CUP  “el nacionalismo es sólo una forma de acelerar la revolución”. El dolido, hermoso, sereno y combativo discurso de Anna Gabriel en el Parlament tras la independencia burlada de Puigdemont no se prestaba a ambigüedades: las CUP quieren restablecer en Catalunya --pues sólo lo ven posible en ese territorio-- la República que Franco robó a toda España. Quieren una revolución y no una patria; y ven en la idea de patria, tan movilizadora e inflamable, el vehículo para una gran transformación económica, social y cultural. Muchas risas ha suscitado la alusión de Gabriel a una “independencia sin fronteras”, una fórmula que, sin embargo, resume muy bien el programa, nada risible, de las CUP: a partir del territorio catalán aspiran a “independizar” (del capitalismo y sus miserias) todos los territorios del mundo.
Siento tanto respeto por este propósito y tanto cariño personal por muchos de sus componentes --me he equivocado tantas veces-- que sólo con cautela me atrevo a decir que las CUP han pecado de ingenuidad al creer que convenía, que la “coyuntura” exigía, que su propio poder les permitía dejar de ser “libertarios” para hacerse “leninistas”. Han pecado de ingenuidad --es decir-- al dejar de ser ingenuos. Tenían razón quizás en desconfiar de los procesos “rupturistas” abiertos en el Estado y nadie les puede reprochar que intentaran su propia andadura para quebrar el régimen herido desde Catalunya. Al mismo tiempo consiguieron tantas veces desde su minoría parlamentaria imponer su discurso al régimen del 78 catalán, ahora en pugna con su variante española, y doblaron tantas veces el pulso a los partidos “burgueses” catalanes que se convencieron con contagioso entusiasmo de que podían forzar la situación en el Parlament y movilizar más y más gente en la calle para forzar también una derrota del Estado. Creo que el presupuesto de partida --el de que sí es posible una “ruptura revolucionaria” desde Catalunya-- era ilusorio; y que esa ilusión fue engordando a medida que su “leninismo” contradictorio fue dando resultados, creciendo y autoalimentándose de su propia eficacia inmediata, en la política y en la calle, y ello hasta que el imposible referéndum, la violencia de todo tipo por parte del Estado y el pragmatismo obligado (y me atrevo a decir que honrado) de Puigdemont no sólo han dejado claro que ése no es el camino hacia la república catalana y la gran transformación social anhelada sino que por ese camino se cierra del todo también la posibilidad --incierta y ya muy rebajada-- de “ruptura” desde el Estado: el único fulcro desde el que, en esta Europa postrevolucionaria e insensatamente “estable”, se puede desplazar --si se puede-- la relación de fuerzas política (como sólo desde el municipalismo, matriz de las CUP, se puede alterar la relación de fuerzas social y cultural). España es hoy más España y menos Democracia; y Catalunya, polarizada, movilizada y frustrada, también amenazada, sigue entre sus redes.
Es verdad que el régimen está descomponiéndose; pero es verdad también que está recomponiéndose. Como ha demostrado Rajoy, no le importa tener un problema en Catalunya. Todo lo contrario. Puede ser muy funcional a la hora de terminar la segunda transición de forma muy parecida a como se terminó la primera. Se dan ya todas las condiciones para una restauración del bipartidismo casi clónica respecto del final del franquismo: en un ambiente de miedo, tensión y polarización, con brazos en alto en las calles y represión policial selectiva, con una mayoría social asustada y “españolizada” y una Catalunya “vasquizada”, con un PSOE una vez más claudicante y pantanoso, un rey partisano que defiende su patrimonio y unos medios de comunicación beligerantes, se ha establecido, sí, el marco perfecto para prolongar la constitución del 78 mediante una reforma de consenso que impida durante otros cuarenta años una verdadera reforma, la que desde el 15M mucha gente pedía y que en algún momento pareció no sólo imaginable sino también posible.
¿El 15M empezó en Madrid y ha acabado en Catalunya? ¿No hay ninguna posibilidad de recuperar la potencial mayoría quincemayista, felizmente desmemoriada, que hoy el PP y C’s, con la imprescindible complicidad del PSOE, rememoriza hacia la derecha o vuelve invisible e inaudible? Creo que, en medio de tantos naufragios de buenas intenciones y tantos disparates paralelos, la única que ha sabido mantener una posición sensata y además comunicarla ha sido Ada Colau. No estoy muy seguro de que no quede sumergida en el oleaje venidero, desprestigiada en España y ninguneada en Catalunya. Pero cabe también la posibilidad de que acabe catalizando todas las decepciones y todas las corduras: desde su posición institucional ha sabido moverse entre Scila y Caribdis con pie firme, voz serena y radical sensatez para proponer en positivo un proyecto para Catalunya. Eso es lo que le ha faltado en España a Podemos, cuyos portavoces han aparecido siempre a los ojos de la opinión pública más como defensores izquierdistas del procés que como portadores afirmativos de una propuesta programática dirigida a todos los españoles y erguida de manera simultánea frente a Rajoy y frente a Puigdemont. Lo tenía y lo tiene muy difícil, es verdad, pero la solidaridad sin pedagogía, la denuncia sin proyecto, la rememorización paralela sin “patriotismo” alternativo han hecho envejecer un poco más al partido de Pablo Iglesias, condenado --cuando más lo necesitamos-- a un papel regañón marginal en el nuevo viejo régimen en recomposición. 
Se está perdiendo todo tan rápidamente como se ganó. El ejemplo de Ada Colau debería servir para entender que la única vía que le queda al “bloque de cambio”, también incierta, es necesariamente conservadora: conservar las “plazas conquistadas” a nivel municipal, convertirlas en modelos o maquetas de buen gobierno y tratar de ampliar su radio --en sucesivos círculos concéntricos-- a la escala autonómica. Ojalá quede un intersticio por el que colar esa lucecita; ojalá no nos pongamos, como siempre, a soplar las velas. 

Santiago Alba Rico, en Rebelión

LAS MENTIRAS DEL PRESIDENTE TANCREDO

“El derecho internacional general no contempla prohibiciones sobre las declaraciones de independencia y, por tanto, la declaración del 17 de febrero de 2008 no viola el derecho internacional general”
(Sentencia del Tribunal de la Haya sobre la declaración de independencia relativa a Kosovo). (22 de julio de 2010).

Tengo que confesarlo, me tragué enterita la intervención del Presidente Tancredo la semana pasada en el Congreso. Sé que los afines y los patriotas varios se quedaron encantados con su defensa numantina de la ley, siento decepcionarlos… Su Presidente, una vez más, les ha mentido…

Porque es mentira que la Constitución Española del 78 prohíba los referéndums…
Según el párrafo 3 del artículo 92 de la Constitución Española, será una ley orgánica la que regule las condiciones de las distintas modalidades de referéndum; la Ley Orgánica 2/1980, de 18 de enero, que en su artículo 5 indica que el referéndum se decidirá por sufragio universal, libre, igual, directo y secreto en el ámbito que corresponda a la consulta. Por tanto, es posible la celebración de un referéndum consultivo en el territorio de la Comunidad Autónoma de Cataluña sobre su futuro siempre que se convoque con los trámites previstos en la Ley orgánica y en la Constitución, tales como que se requiere la previa autorización del Congreso de los Diputados por mayoría absoluta, a solicitud del Presidente del Gobierno y que dicha solicitud deberá contener los términos exactos en que haya de formularse la consulta, además de que corresponde al Rey convocar a referéndum, mediante Real Decreto acordado en Consejo de Ministros y refrendado por su Presidente.

Porque es mentira que la Generalitat haya vulnerado el Estatut…
La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña de 2006 fue hecha pública el 28 de junio de 2010, cuatro años después de la presentación del recurso de inconstitucionalidad interpuesto por el PP el 31 de julio de 2006 sobre 114 de los 223 artículos del Estatuto de Autonomía de Catalunya del 2006 refrendado por los catalanes en el referéndum celebrado el 18 de junio de 2006. El TC por ocho votos contra dos declaró inconstitucionales 14 artículos y sujetos a la interpretación del tribunal otros 27 (por seis votos contra cuatro), de lo que cabe deducir que tal Estatuto no es válido puesto que no ha sido refrendado por los catalanes.
Y si lo fuese la única ilegalidad cometida el 1 de Octubre fue el envío de la Policía y la Guardia Civil a Catalunya para ejercer una competencia que en exclusiva solo corresponde a los Mossos.

Porque es mentira que el derecho de autodeterminación no está recogido en Constitución Occidental alguna…
Mentira que una simple ojeada a las Leyes de claridad, Clarity Act, canadienses dejan al descubierto tanto o más que la lista de países europeos perfectamente homologables que han accedido a su independencia en el S. XX; a principios, Noruega, Islandia, Finlandia e Irlanda, a finales, Lituania, Letonia, Estonia, Ucrania, Bielorusia, Moldavia, Georgia, Armenia, Azerbayan, Kazajistan, Turkmenistan, Uzbekistan, Tayikistan, Macedonia, Croacia, Eslovenia, Kosovo, Montenegro, Bosnia, Chequia y Eslovaquia… o ya en el S. XXI el fallido referéndum escocés…

Y miente cuando dice que el derecho internacional solo reconoce el derecho de autodeterminación en los territorios coloniales… Como bien explicaba el Catedratico de Derecho internacional de la Universidad Complutense de Madrid, José Antonio Perea en su arículo “El secesionismo catalan en el contexto del Derecho Internacional” en 2014…

El Derecho internacional si contempla la secesión de un territorio de un Estado constituido si se cumplen cuatro condiciones:

Que tengan una identidad propia y diferenciada con una implantación territorial mayoritaria.
Que se haya producido una violación masiva de los derechos humanos fundamentales y una sistemáti­ca discriminación.
Que no se haya podido materializar un acuerdo entre ambas partes.
Que esas violaciones no puedan ser resueltas mediante la participación política en las instituciones del Estado por estar excluido el pueblo de ellas, siendo el último remedio posible la secesión.
Así las cosas, Catalunya antes del 1 de Octubre cumplía con creces la primera condición, después de ese día las dos primeras. A partir del 10, y la oferta de dialogo del President Puigdemont y la respuesta de Rajoy, las tres primeras.

Solo queda pues la aplicación del 155 para que se cumpla también la cuarta al quedar suspendida la autonomía catalana y cercenado el derecho de los catalanes a la participación política… dejando como último remedio la secesión.
Es entonces, y solo entonces, cuando habrá DUI…

Ander Muruzabal, en Nafar Herria

lunes, 16 de octubre de 2017

ESPAÑA SIEMPRE SE HA NEGADO A NEGOCIAR INDEPENDENCIAS

España al principio del siglo XIX tenía un amplio imperio americano. A lo largo del siglo XIX lo perdió entero. En ninguno de los casos la descolonización fue fruto de un proceso negociador. Entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, España construyó un pequeño imperio africano. De sus cuatro colonias sólo una obtuvo su independencia a través de un proceso pactado con los independentistas.

América se pierde en Ayacucho
Las colonias españolas de América del Sur empezaron a vivir un proceso revolucionario en tiempo de la guerra de Independencia. Poco a poco, a través de un conjunto de batallas, las fuerzas secesionistas fueron desplazando a los ejércitos realistas. Con derrotas españolas como las de Carabobo, Boyacá y Ayacucho se proclamaron las diferentes repúblicas latinoamericanas, en los años 1820. Fue un proceso eminentemente militar Pero España no aceptaría fácilmente la derrota y se negaría a aceptar algunos pactos, como el Tratado de Córdoba de 1821, a través del que se daba la independencia a México. España no normalizaría sus relaciones diplomáticas con Colombia hasta 1881. En realidad, en 1861 España intentó anexionarse de nuevo la actual República Dominicana, que había estado bajo dominio haitiano, pero ante la resistencia de los dominicanos, las fuerzas españolas acabaron por retirarse en 1865.

Cuba, Puerto Rico y las Filipinas
Tras la pérdida de la mayoría de las colonias americanas continentales, la presencia española se concentró en Cuba y Puerto Rico, en América, y en Filipinas, en Asia. De 1868 a 1878, España se tuvo que enfrentar a los nacionalistas cubanos durante la Guerra de los Diez Años. Los españoles obtuvieron la victoria militar, pero los cubanos seguirían descontentos y habría una nueva guerra en 1880. Algunos diputados españoles propusieron otorgar una amplia autonomía en Cuba, pero no fueron escuchados, y en 1895 se desencadenaría una nueva guerra. En 1898 Estados Unidos se introducirían en esta guerra tras la voladura del Maine. La superioridad militar de la armada norteamericana provocó la rápida derrota de los españoles, en las batallas de Santiago (en Cuba) y Cavite (en las Filipinas). En Filipinas el movimiento secesionista del Katipunan chocó con una feroz resistencia de las autoridades coloniales, que ejecutaron a su líder, José Rizal; a partir de 1896 los independentistas filipinos iniciarían una guerra contra el dominio español. El Estado español nunca dio la independencia a Cuba, Puerto Rico y las Filipinas. Por los acuerdos de París, cedió a Estados Unidos Cuba, Filipinas, Puerto Rico y Guam. Y las pequeñas colonias que tenía España en el Pacífico, las Carolinas y las Marianas, no se descolonizaron, sino que se vendieron a Alemania.

Las colonias africanas
En África, España consiguió cuatro colonias: la Guinea española (que se empezó a colonizar en 1858), el Sahara Español (conquistado a partir de 1885), el protectorado de Marruecos (obtenido a través del Tratado de Fez de 1912) y Sidi Ifni (ocupado en 1934). Eran cuatro territorios pequeños y con muy poca riqueza, que nunca aportarían mucho a la economía española y que tendrían un coste terrible en vidas humanas y costes sociales. Pero a pesar de todo España se resistiría a su descolonización, a diferencia de lo que harían Francia y Gran Bretaña, que facilitarían la transición a la independencia de la mayoría de sus territorios coloniales.

El Marruecos por el que Franco lloraba
Marruecos era un protectorado compartido entre España y Francia. Compartido de forma bastante desigual: Francia ocupaba las zonas más ricas y España las más pobres. Además, en la zona francesa había el sultán (rey), que colaboraba estrechamente con los franceses, mientras que en el lado español sólo había un delegado del sultán, el jalifa. La coordinación entre España y Francia siempre fue muy deficiente. En los años 1920 el intento de crear una República del Rif fue respondido de forma brutal por las fuerzas españolas, que recurrieron a las armas químicas, a los bombardeos de población civil, a las amputaciones y a la toma de rehenes para derrotar a los rifeños. En los años 1950 el movimiento anticolonialista tomaba fuerza, pero el régimen no estaba dispuesto a pactar con él. El 2 de marzo de 1956, contra todo pronóstico, Francia decidió conceder la independencia completa a Marruecos. La posición de España era muy difícil si se negaba a ceder la soberanía marroquí. Según el primo del dictador, Francisco Franco Salgado-Araujo, Franco lloró mucho antes de decidirse a otorgar la independencia a un territorio donde él había luchado durante más de 15 años y donde había hecho toda su carrera militar. Finalmente cedió. No lo hizo debido a las presiones de los nacionalistas marroquíes, sino por las presiones internacionales. El 7 de abril, un mes después del abandono francés, España renunció a su colonia más emblemática.

La sorpresa de Ifni
Pero la descolonización de Marruecos no fue completa. España cedió el protectorado Norte al sultán, y se reservó la posesión de Ifni (alegando que era una colonia diferente del protectorado) y del protectorado sur (la zona de Tarfaya), que se anexionó al Sahara. Marruecos no digirió bien esta descolonización parcial, y en 1957 facilitó el ataque a Ifni y al Sahara de un grupo de bandas armadas, con apoyo del ejército marroquí. Hubo una auténtica guerra, la guerra de Ifni, en el que murieron 200 españoles y unos 500 marroquíes. Pero el conflicto se silenció: la prensa española escondió los sucesos. Gracias a la colaboración francesa, los españoles consiguieron mantener el control del Sahara y la ciudad de Ifni, pero los territorios de su alrededor quedaron reducidos sustancialmente. En 1969, finalmente, España cedió el pequeño territorio de Ifni a Marruecos.

Guinea, la única descolonización pactada
A principio de los años sesenta, mientras los países europeos descolonizaban sus colonias, España reforzaba su presencia en la Guinea Española, con más inversiones y más colonizadores. Hasta el principio de 1967, las autoridades coloniales españolas prometían 25 años más de colonización en Guinea. Pero de repente, para satisfacer las exigencias de la ONU, decidieron ofrecer la independencia a los guineanos en 1968. Organizaron una Conferencia Constitucional, en Madrid y con participación española, donde se decidió el futuro del territorio. El 12 de octubre de 1968 Guinea se convertía en un país independiente. Pero las relaciones con España se deterioraron rápidamente y entre marzo y abril de 1969 los residentes españoles, muy amenazados, tuvieron que retirarse mediante una operación militar de evacuación. El problema con esta descolonización frenó la voluntad descolonizadora de España: el Sahara Occidental no se abandonaría hasta los últimos compases de la agonía del dictador y del franquismo.

La vergüenza del Sahara
Tras la guerra de Ifni en el Sahara se despertó el sentimiento independentista, liderado por Mohamed Sid Brahim Sid Embarec Basir, Basiri. El 1970 Basiri fue detenido de una manifestación de los saharauis en favor de la independencia y desapareció para siempre. En 1973 surgió un movimiento por la independencia del Sahara, el Frente Polisario, que exigía la independencia del territorio con el apoyo de Argelia. España no organizó el referéndum de autodeterminación que pedían los saharauis, y el 14 de noviembre de 1975 firmó los acuerdos de Madrid, a través de los cuales España cedía a España el control del territorio en Marruecos y en Mauritania. De inmediato el Sahara sería ocupado por los ejércitos de los dos países vecinos, en contra de la voluntad de su población. A partir de aquí se iniciaría un conflicto que todavía no está resuelto, porque los saharauis siempre se han resistido al dominio marroquí.

Gustau Nerin, en elnacional.cat

EL TREN DE ALTAS PRESTACIONES

Tuve la oportunidad de escuchar al Sr. Ayerdi en Tudela explicar la situación en la que se encuentra en estos momentos el proyecto del corredor del Tren de Altas Prestaciones. Una infraestructura fundamental para cualquier desarrollo económico que se desee.
El vicepresidente económico del Gobierno de Navarra ha defendido en Tudela que el ejecutivo foral quiere “un nuevo convenio con Fomento que permita a Navarra tener la mayor influencia posible del desarrollo del corredor ferroviario”. No obstante ha matizado que, en la negociación con el ministro de la Serna, el Gobierno de Navarra va a incidir en la necesidad de “plasmar un nuevo acuerdo en forma de convenio”.
“En ese nuevo convenio buscamos, dice Ayerdi, que las condiciones de pago del Estado queden más claras de lo que están con el de 2010 y, sobre todo, que podamos estar lo más cerca posible del desarrollo de la infraestructura aunque la competencia no sea nuestra”.
Tengo que decir que la sesión informativa del Vicepresidente fue concisa, clara y exigente. Además de sugerir algo importante desde mi punto de vista: que Castejón pueda ser por su infraestructura, el centro de transporte de mercancías en la Ribera. Añadiré que me sumo a su petición de nuevo convenio con Fomento por dos razones:
Porque en 2010 yo era parlamentaria del grupo Izquierda Unida y nuestro voto siempre fue exigente respecto a este tema: que el tren no fuera una infraestructura innecesaria y ruinosa (porque para ganar unos pocos minutos en trayecto ya teníamos los ALVIA que solucionaban las necesidades de manera satisfactoria) sino que se centrara en la oportunidad de transportar mercancías.
Porque leída con atención la parte del acuerdo programático suscrito por mi grupo político, creo que encaja perfectamente con las aspiraciones que entonces tenía Izquierda Unida pero que no hubo manera de concretar en acuerdo riguroso.
Dice el texto del acuerdo de cuatripartito para quien lo desconozca. “Se declara nuestra apuesta a largo plazo por una solución ferroviaria compatible con los estándares internacionales y capacidad suficiente que responda adecuadamente a las necesidades de transporte de mercancías y de personas y trabajar para que Navarra no quede fuera del corredor Atlántico Mediterráneo.” Sinceramente, creo que en este punto del acuerdo de programa se firmó lo que siempre defendimos desde Izquierda Unida, por eso mi perplejidad con la actual postura de grupo que me lleva decir públicamente que estoy de acuerdo con la explicación del Sr. Ayerdi en este asunto. Tal vez debiera añadir el párrafo anteriormente mencionado: “apostamos a medio plazo” en vez de a largo, ya que el momento oportuno es AHORA.
Esta discusión, de cualquier manera, la plasmó gráfica y perfectamente el incomparable Oroz en la viñeta en la que prevalecía por encima de cualquier razonamiento comprensible el cortoplacismo en política de quien sólo ve rédito electoral. Hay momentos decisivos en política que son de calado y dan o quitan oportunidades. El convenio que se trata de acordar entre el Gobierno de España y el de Navarra me parece que es de esos que marcan un claro abanico de oportunidades. La cuestión es subirse o no a ese tren que pasará o no. Yo exijo desde estas líneas que se haga efectivo el acuerdo programático. Y no estaría demás crear una mesa redonda de debate con todos los grupos del cuatripartito para conocer de primera mano las diferencias que pudieran existir.

Ana Figueras, ex parlamentaria de Izquierda Unida (en Plaza Nueva y Diario de Noticias)

"SOMOS LA IZQUIERDA" (PSOE DIXIT)

En efecto, ese ha sido el lema del PSOE en este su último Congreso del pasado fin de semana: “Somos la izquierda”. Resulta llamativa la apropiación tan descarada que se hace de dicho espacio ideológico, pero si al menos fuera verdad, habría que reconocerles la claridad y sinceridad aportadas. El problema es que no es cierto, y por tanto, la manipulación hacia la militancia, y el posible electorado, resulta más que evidente. El PSOE no es la izquierda de este país, y además resulta incluso vergonzante que mantenga en sus siglas la “S” de Socialista (como gustan llamarse a sí mismos en innumerables ocasiones) y la “O” de Obrero, que debieran haber suprimido de su nombre, al menos por coherencia política. Reivindican sus casi 140 años de historia, pero se olvidan de mencionar las enormes diferencias entre el PSOE que fundara Pablo Iglesias, y el engendro esperpéntico que resulta hoy día el partido. Por tanto, lo primero que debiera hacer este “nuevo” PSOE surgido de las últimas Elecciones Primarias, es dejar de arrogarse y apropiarse indecentemente de un espacio ideológico que no les corresponde, máxime cuando le han criticado mucho a Unidos Podemos que estuvieran “repartiendo carnets” de adscripción ideológica, justamente cuando la formación morada les destapaba sus enormes contradicciones. Y es que hoy día, en estos tiempos de enorme confusión ideológica, habría que adscribir claramente a los partidos al segmento al que pertenecen, y al menos, la gente les votaría con mayor conocimiento de causa.

Pero vamos a aportar algunos elementos de juicio y discusión para apoyar lo que decimos. En el PSOE no está la izquierda. Quizá hoy día sólo un pequeño núcleo de la militancia conserve la raíz ideológica que se corresponda a los fundamentos del partido que fundara Pablo Iglesias, pero la inmensa mayoría, o bien ha perdido el norte de la brújula ideológica, o está en dicho partido por otros motivos. Entiéndase bien: lo que criticamos no es el cambio o evolución ideológica que cada formación política pueda experimentar en su justo derecho a la actualización de su ideario, sino que lo que criticamos es el engaño y la manipulación. Lo que criticamos es el intento de continuar apropiándose de un espacio ideológico que ya no les corresponde. Porque…¿puede reivindicar la izquierda ideológica un partido que hace décadas que renegó abiertamente del marxismo? Las tesis de Marx y de Engels, todo el corpus teórico-práctico y la metodología de análisis de la realidad material e histórica que dichos pensadores dejaron, continúa siendo la base para cualquier partido que se enmarque en el espectro ideológico de la izquierda. Y a partir de ahí, comenzamos a comprender la deriva del PSOE desde que llegó al poder, con los gobiernos de Felipe González, hasta hoy. La última barrabasada que acaban de hacer es abstenerse en la votación de la Moción de Censura propuesta por Unidos Podemos, argumentando errores de planteamiento, problemas formales y de apoyos para sacar la moción hacia adelante. Pero dejémonos de paños calientes. Ante el clima de corrupción galopante que nos sacude, y que constituye nuestra decadente realidad cotidiana, ninguna formación política que reclame para sí el espacio de la izquierda podría haberse abstenido.

¿Cómo puede reclamarse un partido de izquierdas manteniendo aún sus máximos referentes en Felipe González, y en un abanico de auténticos dinosaurios que han gobernado en la sombra los designios del PSOE, muchos de ellos históricos y muchos otros territoriales, que han representado el continuismo de la línea neoliberal más dura? ¿Cómo puede reclamarse de izquierdas un partido político que no se rebela ante la Monarquía, en pleno siglo XXI, cuando estamos hablando de un modelo de Estado anacrónico y antidemocrático por excelencia? El PSOE saca su “espíritu republicano” únicamente cuando le conviene, pero lleva defendido a capa y espada la Monarquía desde la proclamación de Juan Carlos I, hoy Rey Emérito. De hecho, en este último Congreso Federal, acaba de impedir que prosperara una iniciativa de sus Juventudes Socialistas que pedía una reforma constitucional para instaurar la República. ¿Cómo puede declararse un partido de izquierdas, y decir abiertamente “Somos la izquierda”, cuando llevan décadas sin poner en cuestión los dogmas del modelo económico neoliberal, el mismo que defienden las instituciones europeas a sangre y fuego, y que está provocando la muerte de países como Grecia? ¿Es que acaso puede declarar un partido “Somos la izquierda”, y abrazar a continuación la nueva hornada de Tratados de Libre Comercio, sabiendo que dichos tratados representan en realidad una nueva vuelta de tuerca para aumentar la hegemonía y el poder de las grandes empresas transnacionales, las mismas que son responsables del cambio climático, de la globalización capitalista, y de la explotación salvaje de millones de personas por todo el mundo?

¿Puede autoproclamarse un partido de izquierdas y decir al mismo tiempo que reniegan del derecho de autodeterminación de los pueblos, una de las máximas de la democracia internacionalista? ¿Cómo se puede decir “Somos la izquierda” y a renglón seguido asegurar que “nunca apoyaremos el referéndum secesionista en Cataluña”? ¿Pero cuándo se ha visto tal desfachatez? ¿Existe mayor contradicción ideológica? El derecho de autodeterminación de los pueblos es una máxima sagrada, y no tiene nada que ver con la independencia. El PSOE puede estar en contra de la independencia de Cataluña (lo cual nos parece muy bien, nosotros también lo estamos), y puede promover una reforma constitucional en sentido federal (lo cual también nos parece muy bien, y estamos de acuerdo), pero lo que no puede es apoyar la prohibición de un hecho democrático en sí mismo, como es la celebración de un referéndum popular. En el fondo, lo que subyace es un claro temor a lo que verdaderamente supone el referéndum, y mucho más si se proclamara una República Catalana, como ya explicamos a fondo en este otro artículo. ¿Cómo puede un partido afirmar “Somos la izquierda”, olvidándose y renegando de los planteamientos auténticamente pacifistas? Más bien al contrario, desde aquél famoso referéndum, defendieron nuestro ingreso en la OTAN, en su estructura militar, y hoy día tenemos instalado hasta un sofisticado sistema de Escudo Antimisiles, dando apoyo y soporte territorial y logístico para los supuestos ataques estadounidenses hacia el norte de África y Oriente Medio. El PSOE se ha unido vergonzosamente al llamado Pacto Antiterrorista, validando los espurios planteamientos de la derecha, que esconden sus necesidades belicistas para encubrir el alto grado de apoyo al complejo militar-industrial, el único al que al parecer no le afecta la crisis, pues aumenta sus presupuestos año tras año.

Mientras sostienen “Somos la izquierda”, votan en el Parlamento Europeo el 75% de las propuestas con el Partido Popular, están a favor del fracking, y no se definen en cuanto al modelo energético que defienden, ni en cuanto a la Renta Básica Universal, ni en cuanto al modelo de fiscalidad progresiva, por citar sólo algunos aspectos y medidas fundamentales. Y mientras afirman “Somos la izquierda”, continúan sin luchar contra los enormes privilegios de la Iglesia Católica, ni apoyan las propuestas para ir migrando hacia un verdadero Estado Laico, que separe absolutamente el ámbito público (donde no se puede apoyar a ninguna confesión religiosa) del ámbito privado, donde cada cual es libre de profesar las creencias que estime convenientes. Y mientras dicen ser “la izquierda”, condenan en cuanto tienen oportunidad al régimen chavista en Venezuela, criminalizan a su Presidente Nicolás Maduro, declaran abiertamente que existen “presos políticos” en dicho país, y apoyan en sus violentos actos a la oposición venezolana. Si el PSOE fuera de verdad la izquierda, habría defendido sin fisuras (y esto también es extensivo para Podemos, cuyos líderes lo hacen pero con mucha tibieza) tanto la Revolución Bolivariana como la Revolución Cubana, por ser auténticos referentes del Socialismo del siglo XXI. Pero en cambio, en lugar de eso, sus dirigentes afirman vergonzosamente que tanto Chávez como Castro o Maduro son “dictadores”…Así nos va. Y en coherencia con todo lo anterior, en cuanto tienen la menor oportunidad, el PSOE, ese partido que se autoproclama “la izquierda” de este país, para consolidar su poder (que en realidad es lo único que le interesa), pacta con fuerzas políticas demagógicas y ultraliberales, tamizadas con un falso barniz de regeneración, que se definen engañosamente como “de centro”, como es Ciudadanos, de Albert Rivera.

Como estamos viendo, y aún se nos quedan otras muchas razones en el tintero, el eslógan “Somos la izquierda” es absolutamente falso. Es simplemente un eslógan propagandístico, otra herramienta de confusión para el electorado, porque si el “Somos la izquierda” fuera cierto para el PSOE, hace mucho tiempo que hubieran renegado de las instituciones europeas y sus mandatos, objetivos y programas, rebelándose claramente contra sus planes de acoso y derribo a las mayorías sociales, y su sistema de defensa del gran capital financiero y transnacional. Pero en vez de ello, tal y como hizo el ex Presidente Zapatero (“me cueste lo que me cueste” fueron sus palabras) defienden y capa y espada los dictados de estas macabras instituciones, y acatan sus perversas políticas, a sabiendas de que son las últimas responsables de tanta destrucción, pobreza y desigualdad. Por  tanto, que no nos vengan con milongas. Ser de izquierdas es algo mucho más complejo y extenso que defender a los homosexuales, atacar la violencia de género, o recuperar (parte de) la memoria histórica, asuntos que el PSOE ha abordado durante sus últimos años de gobierno, todos ellos de forma muy tímida, pero que relatan grandes avances sociales. Pero ser de izquierdas va mucho más allá. Ser la izquierda implica una constante denuncia contra el modelo económico responsable de las desigualdades, se manifieste éste como se manifieste, así como una decidida apuesta por la libertad y el reconocimiento de todos los derechos humanos, del resto de los animales y de la naturaleza. Porque hoy día ecologismo, feminismo, pacifismo, internacionalismo…, se dan la mano en sus respectivos ámbitos de actuación, pero sin renunciar a la propia base del marxismo, como sustento de toda la teoría y el método que desmonta el sistema de explotación y la lucha de clases. Si no se cree en todo ello, simplemente, no somos la izquierda.

Seremos otra cosa. Podremos ser progresistas (palabra utilizada como comodín de significante vacío o confuso muchas veces), pero no seremos la izquierda. La izquierda política hoy día es una amalgama de la base marxista con el resto de tendencias y disciplinas que han venido a completar y actualizar el ideario marxista, pero sin olvidarlo. Refrescándolo, pero sin traicionarlo. Denunciemos la falsedad del PSOE. Porque deformaciones y manipulaciones intelectuales tan intensas e importantes como éstas están contribuyendo no sólo al permanente engaño colectivo y al desprestigio de la política, sino que están poniendo su granito de arena para que entre todos tengamos que darle la razón a Francis Fukuyama cuando proclamaba abiertamente “el fin de las ideologías”. En un caso práctico y actual, por ejemplo, han contribuido a la configuración casi monocolor del nuevo Parlamento francés, dominado absolutamente por la coalición “En Marcha!” de Emmanuel Macron, a resultas, entre otros muchos factores, de un altísimo y vergonzoso porcentaje de abstención. Macron se define como aquí nuestro personaje Albert Rivera, es decir, “ni de izquierdas ni de derechas”, sino intentando hacer políticas “sensatas y útiles”. No nos dejemos engañar. El PSOE no es la izquierda, y las ideologías sirven para mucho. Sirven para no perder el norte, para no dejarse embaucar, para ser fieles en la construcción de un proyecto de país y del mundo, y sirven sobre todo para ofrecer coherencia, algo hoy día en claro declive. El PSOE continúa jugando en ese espacio electoral, coqueteando con él, en realidad destruyéndolo, porque lo que le importa es la manipulación del pueblo, para que éste continúe creyendo en su causa. Pero su causa, hoy día, la de toda la socialdemocracia devenida en social-liberalismo, no es otra que aderezar y suavizar el capitalismo, mediante mecanismos que puedan ilusionar a la gente, pero que en realidad, no cambian nada de lo sustancial. No hagamos caso. Si el PSOE fuera sincero, su eslógan debería ser: “NO Somos la izquierda”.

Rafael Silva, en Nueva Revolución