jueves, 15 de marzo de 2012

EN LA PIEL DE UN GRIEGO

Pongamos que se llama Erich Hansen. Erich Hansen es educador del sector público en una pequeña ciudad del estado de Hesse [en el centro de Alemania]. Con los jóvenes que asisten a su institución, va y viene con frecuencia a Marburgo, una población cercana, para ir a la bolera.

En el futuro, Erich Hansen tendrá que plantearse si no sería preferible llevar a los chicos al bosque, ya que la entrada a la bolera podría resultar demasiado cara y Erich Hansen tendrá que apretarse el cinturón. Como el resto de la República Federal.

Para comprender cómo sería Alemania si estuviera sometida a los mismos planes de rigor que Grecia, nos vamos a apoyar en la hipótesis formulada por la Fundación Hans Böckler con ayuda del Instituto de Macroeconomía e Investigación Coyuntural (IMK).

El sueldo de Erich Hansen pasaría de 3.250 euros mensuales a 2.760. En cambio, su cotización al sistema sanitario se incrementaría 530 euros en un año, mientras que el IVA pasaría del 19 al 22 %. Este educador, al que le gusta tomarse una cerveza y fumarse un cigarro después del trabajo, tendría que afrontar un aumento del 33 % en los impuestos sobre el alcohol, la gasolina y el tabaco.

Los compañeros de Erich Hansen están preocupados. El Gobierno ha anunciado la supresión de 460.000 puestos en el sector público. Los jubilados alemanes tendrán que contar con una reducción de 1.000 euros en sus ingresos anuales. Una perspectiva espantosa cuando pensamos en las manifestaciones que se produjeron en Alemania en el pasado con las congelaciones de los sueldos.

El motivo por el que Erich Hansen y los demás tienen que apretarse el cinturón es que, si trasladamos a nuestras latitudes las exigencias impuestas a Grecia, la República Federal tendrá que ahorrar cerca de 500.000 millones de euros en cinco años. Es lo que ha calculado Henner Will, experto del IMK, que ha llegado a la conclusión de que la troika integrada por el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional había subestimado las repercusiones de la política de austeridad.

Oficialmente, durante la presentación del plan de austeridad impuesto a Grecia, se había previsto que el producto interior bruto griego se reduciría un 2,6 % en 2011. Al final llegó casi al 5 %, nada más y nada menos, y sólo estamos hablando del año 2011, porque la política de austeridad griega no ha hecho más que comenzar.

Las cifras son alarmantes y no dejan lugar a dudas: la austeridad llevará a los griegos a la ruina si seguimos por este camino. Cuantas más voces se unen al coro sobre la cuestión griega, más dura el concierto y más se convierte en una cuestión de fe todo lo que se refiere al futuro del euro, de Grecia y, por lo tanto, de Europa. ¿Cómo acabará la historia? Nadie lo sabe.

Una mirada hacia Grecia bastaría para retomar el buen camino y para constatar que para los ciudadanos griegos, hace tiempo que el asunto está claro: la catástrofe es una realidad y el país se parece cada vez más al tercer mundo.

Mientras, nuestro supuesto Erich Hansen ha perdido su empleo. El educador tuvo que renunciar a la indemnización por desempleo. El Estado le retiene 600 euros al año. Erich contribuye así al rescate del euro.

Marie Amhrein