
En el año 2006 comenzaban las obras de arreglo de la iglesia, que estos días acaban de concluir y que nos han costado a todos los navarros la friolera de 3 millones de euros, es decir, más de 500 millones de las antiguas pesetas. Esto es:
A. La Diócesis inmatricula ese patrimonio por unos 30 euros.
B. Los navarros nos gastamos tres millones en arreglarlo, amén de lo invertido anteriormente y de lo que se seguirá pagando posteriormente.
C. La Diócesis se reserva el derecho de propiedad, el dominio, la explotación turística y todos los beneficios.
Esto es un disparate y un agravio comparativo. En primer lugar, antes de inmatricular, la Diócesis debería demostrar que esos bienes son suyos, como hace todo el mundo que pretende inscribir un bien en el Registro de la Propiedad. En segundo lugar, si fuesen suyos debería mantenerlos, como hacen todos los vecinos con sus propiedades. Y si no los mantuviera, se podría declarar expediente de ruina y expropiarlos. O bien, si el Gobierno de Navarra asume el costo de la obra, se deben negociar medidas compensatorias para los navarros que garanticen el uso público, la gratuidad o el condominio.
Lo que no puede aceptarse es esa fórmula perversa del "Yo me lo quedo y tú me lo pagas", con el que la Diócesis de Navarra está gestionando el Patrimonio de Navarra. San Saturnino del Cerco de Artajona es un último ejemplo, que nos ha costado a los navarros y navarras otros tres millones de euros.
(*) Plataforma de Defensa del Patrimonio Navarro-Nafarroako Ondarearen Defentsarako Plataforma
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