domingo, 28 de diciembre de 2014

¿PARA QUÉ SIRVEN LA OTAN?

Hay preguntas que nos hacen parecer ingenuos y hasta un poco tontos. ¿Para qué sirve la OTAN? Vaya pregunta, las cosas no son así de simples, piensa el experto interlocutor antes de elaborar su respuesta. La OTAN sirve para proteger al mundo libre, para defender la estabilidad y la paz, para preservar la seguridad de sus países miembros, para… Es fácil que llegado a este punto el experto interlocutor haya caído en la cuenta de lo poco creíbles que resultan esas frases y opte por un argumento más cínico y por tanto más convincente: La OTAN sirve para estar en ella. Para estar con los poderosos del mundo. Para estar con Estados Unidos y por tanto con su política exterior, sus arrebatos imperiales, su menosprecio al Derecho internacional, sus agresiones militares.

24 de Marzo de 1999. Aviones de la OTAN bombardean Yugoslavia. Podría decirse que el hecho resultaba novedoso porque hasta entonces la actividad de la Alianza Atlántica había consistido en sacar pecho y enseñar músculo a base de maniobras militares y despliegues armamentísticos más o menos espectaculares cuyo objetivo era mantener el statu quo de la confrontación-disuasión entre las dos superpotencias. Amagar pero no asestar el golpe, la Guerra Fría fue algo así.

Pero en 1999 la Guerra Fría, como el Muro de Berlín o el Pacto de Varsovia, eran historia. Por no quedar, no quedaba ni la URSS. Pero quedó la OTAN. Y es significativo que justo cuando las realidades que durante décadas sirvieron para justificar su existencia habían dejado de existir fue cuando se puso de manifiesto su carácter decididamente intervencionista.

¿Por qué la OTAN atacó Yugoslavia? Porque Estados Unidos quería atacar Yugoslavia. “No podemos bombardear a los serbios porque los albaneses no acepten”, dijo Madeleine Albright al término de las conversaciones de Rambouillet en las que supuestamente se trataba de lograr un acuerdo que evitase el ataque. La secretaria de Estado estadounidense justificaba así la necesidad de endurecer los términos del preacuerdo que había sido aceptado ya por la parte yugoslava y celebrado como un triunfo de la diplomacia por los ministros de exteriores de Francia y Gran Bretaña.

De modo que se impusieron nuevas condiciones, imposibles, se sabía, de aceptar por Belgrado. Y, tal como Washington tenía decidido, se bombardeó Yugoslavia. No hubo ninguna resolución de la ONU que lo autorizase. El siglo XX se despidió con el ataque de la Alianza Atlántica a un país europeo, en flagrante violación del Derecho internacional. Y durante casi tres meses los aviones de la OTAN bombardearon puentes, fábricas, barrios residenciales, trenes, coches de línea, hospitales, una embajada, el edificio de la televisión estatal… El concepto crimen de guerra cuadra bastante bien con la mayoría de aquellos ataques. Pero no hubo Tribunal que juzgase esos crímenes. Ni es de esperar que vaya a haberlo.

En junio de 1999, a los pocos días de la entrada de las tropas de la OTAN en Kósovo, comenzó a construirse en Urosevac, cerca de la frontera con Macedonia, Camp Bondsteel, la mayor base militar que EEUU tiene en el exterior. Además de su valor estratégico, el campo militar estadounidense en Kósovo ha servido, a partir de 2001, como centro de detención alternativo a Guantánamo. Quizás hubo que bombardear un país para levantar esa base, pero ¿para qué sirve si no la OTAN?

Teresa Aranguren, en La Marea