miércoles, 10 de diciembre de 2014

LA INDEFENSIÓN DE LA INFANTA

Me cuesta ver esas dos palabras en la misma frase, indefensión e infanta,  salvo que hayan sido utilizadas como el oxímoron que son. Que el fiscal reconvertido en abogado defensor las utilice para desprestigiar el auto del juez es, cuando menos, sorprendente y debería demostrarlo. 
Indefensión, que está sin defensa, cuando tiene a uno de los gabinetes de abogados más potentes de Cataluña a su disposición, buscando todos los resquicios legales, esos  que utilizan la gente con posibles, políticos, banqueros, ricos, etc, cuando no hay por dónde coger el caso y que nos dejan a los ciudadanos de a pie inermes ante el sistema y con cara de gilipollas. La doctrina Botín como defensa ya fue entonces una vergüenza  para que, encima y ahora, se quiere utilizar como referencia y jurisprudencia.
Ya me cuesta bastante aceptar como eximente que cualquier persona, perdón, cualquier mujer,  al estar enamorada sufre una especie de enajenación mental continuada que le impide hacer un análisis sencillo de la realidad cotidiana. Por no meternos al problema de igualar confianza con estupidez, al no generarle ninguna duda las transacciones laborales de su marido y no preguntar nada cada vez que le ponían un papel para firmar. O, si preguntaba y se conformaba con las explicaciones de Iñaki, tal y como aparece en la película de El padrino. 
Presunción de inocencia. Según su abogado defensor, señor Roca, en España no hay presunción de inocencia; ya le ha costado al padre de la Constitución llegar a esa conclusión; eso lo hemos sabido todos los que vivimos aquí desde siempre, pero eso tampoco se puede aplicar al caso de la infanta porque la familia del Rey no es una familia normal, ni por más que lo repitan está sujeta  a las mismas leyes y tiene otras responsabilidades.
Si algo deberían tener claro los miembros de la familia real es que sus privilegios conllevan un comportamiento modélico en todas y cada una delas facetas de la vida diaria. Si, ya la monarquía no tiene ningún sentido en el momento actual,  una familia real que tiene todos y cada uno de los vicios del más vil de los plebeyos está condenada a la desaparición.  Y la infanta, en tanto que infanta, tenía que haber tenido un cuidado exquisito y un control exhaustivo sobre las andanzas de su pareja. Esto le iba en el cargo y era su responsabilidad.
Yo no estoy por mandar a la cárcel a nadie. Aparte de confiscar todas sus pertenecías hasta devolver lo robado, yo propondría unas medidas educativas y que les permitiera reinsertarse en la sociedad, en la sociedad  del común de los mortales.  Algo tan sencillo como ponerles a trabajar a tres turnos en cualquier fábrica y voy a ser magnánima y no les voy a reducir el sueldo al SMI, les dejo que sean mileuristas y con catorce pagas. Y que los críos vayan a la escuela pública y que en algún momento les toque cuidar a los padres enfermos y, si tienen mala suerte, que alguno de ellos les sobrevenga una dependencia importante y tengan que mendigar una cuidadora por horas. Eso si, la jubilación a los 67 años y si han cotizado 37 años.

Ana Ansa