lunes, 8 de diciembre de 2014

EL PELIGRO DE LAS GRASAS TRANS

La feliz “despedida” argentina de las grasas trans se declara el 10 de diciembre de este año. Desde entonces, se aplica la última fase de una nueva regulación (la modificación del artículo 155 del Código Alimentario Argentino*) que prohíbe casi totalmente su uso en productos destinados al consumo humano: una acción pionera a nivel internacional.

La cantidad de productos con grasas trans en supermercados y kioscos es espeluznante: margarinas, galletitas dulces y saladas, golosinas, barritas de cereal, baños de repostería, batidos y masas dulces o saladas, panificados, snacks y alfajores.

Los chicos son el grupo más amenazado por este tipo de productos tan dañinos para la salud, y por eso mismo los mayores beneficiarios de la nueva regulación. Según la última ENNyS (Encuesta Nacional de Nutrición y Salud, 2005), los niños y niñas de 6 meses a 5 años consumen un promedio de 36,5g diarios de galletitas dulces secas, lo cual significa un aporte de 1g de grasas trans por día. Este valor es casi la totalidad admitida por la OMS para esta franja etaria, ya que aportarían un 90,2% de las grasas aceptadas.

En una investigación de la Fundación Interamericana del Corazón (FIC), se analizaron productos de elaboración local y en varios rubros los valores de grasas trans excedían los límites aceptables: especialmente, baños  de repostería, que abundan en alfajores y golosinas, las medialunas de manteca y los panificados en general.

Las grasas trans son utilizadas sobre todo en productos industrializados como panificados y snacks como una alternativa económica para lograr consistencia, aumentar el sabor y alargar la vida útil de los alimentos. Son aceites de origen vegetal, que sufren una transformación por el calor y posterior hidrogenación (agregado de hidrógeno) pero no existen naturalmente en ningún alimento: son consecuencia de estos procesos químicos realizados por el hombre. Aparecen en las etiquetas como “aceite vegetal hidrogenado” que suena mucho menos alarmante pero es exactamente lo mismo. Las evidencias científicas acerca de sus daños para el organismo son indudables hoy en día: la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda a nivel global a los países que se las retire del mercado. Estas sustancias producen un aumento del colesterol malo (LDL) y una disminución del bueno (HDL), que favorece el desarrollo de muchas enfermedades. Además puede derivar en patologías cardiovasculares, hipertensión, diabetes y hasta muerte súbita. Como impacta directamente en el metabolismo, se relaciona con la obesidad.

Todo esto da cuenta de la gran importancia que tiene su limitación para la salud, teniendo en cuenta que la mayoría de la gente no dedica unos minutos a leer las etiquetas antes de elegir los productos en las góndolas (ni hablar de elegir productos de ferias y mercados, directo de los productores, sin industrialización!!). Sabemos que lo más importante es aprender a informarnos, leyendo las etiquetas con información nutricional, para saber elegir la opción más saludable. Mientras tanto, celebramos la nueva regulación que impide el avance de estos males para los que todavía no aprendieron a fijarse.

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