miércoles, 22 de octubre de 2014

PODEMOS Y CATALUNYA

La convocatoria de elecciones anticipadas en Catalunya, en estos momentos bastante probable, aunque no del todo segura, tendría una gran dimensión experimental, llámense o no plebiscitarias. Ese carácter plebiscitario no lo van a decidir, de antemano, ni la Generalitat, ni los partidos, ni las asociaciones cívicas que hoy actúan como partidos en Catalunya, ni los medios de comunicación, no siquiera las redes sociales. El carácter y significación de unas elecciones lo deciden libremente los ciudadanos con su voto. Esos comicios anticipados podrían alcanzar, o no, cierto carácter plebiscitario, pero constituirían, con toda seguridad, el mayor experimento político en la España en crisis.
Esas elecciones anticipadas, en diciembre o enero del año que viene, abrirían las urnas – las urnas de verdad– en el momento más álgido e impredecible del enfado social por el mal funcionamiento de la política profesional y las instituciones. Elecciones en la segunda área metropolitana de la península en el peor momento de la más difícil de las tres crisis hoy en curso: la crisis económica, la crisis de Catalunya con el Estado español y la crisis en la moral pública.
Experimento Catalunya, como otras veces en la historia. Elecciones en el momento de máxima eclosión de la Tangentópolis española, que también es la Tangentópolis catalana. Cada semana, un nuevo escándalo, como mínimo. Ayer fue imputado por manejo de dinero negro el ex ministro del Interior y ex secretario general del Partido Popular, Ángel Acebes. Dinero de la ‘caja B’ del PP para, entre otras actividades, financiar Libertad Digital, el portal del periodista Federico Jiménez Losantos, uno de los más destacados pirómanos de la España reciente. Un agitador protegido durante años por el cardenal Antonio María Rouco Varela, hasta que el Vaticano decidió parar los pies a la Cope incendiaria. Ayer también se supo que la justicia de Liechtenstein investiga a Jordi Pujol por presunto blanqueo de dinero. Y pronto vendrá la investigación fiscal de Catalunya Caixa. Momento de máximo voltaje.

El experimento del 2012, que CiU no supo ver
Las anteriores elecciones catalanas, en noviembre del 2012, ya tuvieron un marcado carácter experimental, que Artur Mas, sus asesores, sus consejeros y su equipo de campaña no supieron captar en toda su profundidad en el momento de decidir el anticipo. Era la primera vez que se abrían las urnas en la fase más intensa de la política de austeridad en España. Un despliegue de recortes particularmente intenso en Catalunya, en el campo de la sanidad y la enseñanza. La gente tuvo la oportunidad de ir a votar mientras caían chuzos de punta sobre sus intereses materiales Votó soberanismo, mayoritariamente -sin desbordar excesivamente el caudal de voto nacionalista del 2010-, pero no quiso concentrar su voto en Convergència i Unió.
CiU perdió 12 diputados y Esquerra Republicana ganó 11. Sumados, ambos partidos perdieron un diputado en relación a la anterior convocatoria. Los avatares de la actual legislatura catalana son fruto de aquella reestructuración del voto nacionalista/soberanista, en buena parte motivado por el malestar por los recortes. Muchos electores no quisieron dar plenos poderes al partido que tenía la tijera podadora en las manos y que defendía su uso con rigorismo jansenista, casi luterano. En aquel tiempo, el presidente de la Generalitat, un hombre educado en la escuela cartesiana francesa y con notable apego a la disciplina, profesaba el credo merkeliano con más devoción que ahora. Ahora estamos en vísperas de un Partit del President casi de centroizquierda. Lo veremos muy pronto. Adiós neoliberales catalanistas, adiós. El nuevo referente del grupo dirigente catalán es hoy, en lo social, el primer ministro italiano Matteo Renzi: camisa blanca, determinación, eficacia, discurso de la equidad y Twitter.
El 14 de noviembre del 2012, diez días antes de las elecciones, el equipo de Mas no supo leer la gran manifestación de protesta que recorrió las calles de Barcelona. Los sindicatos habían convocado huelga general contra la gestión de la crisis, al unísono con los sindicatos portugueses. La huelga general ibérica. El paro fue irregular en toda España, pero la manifestación más numerosa fue la de Barcelona. A un sector del nacionalismo/soberanismo catalán la interferencia de lo ‘social’ le molesta profundamente. Es algo que viene de lejos. En 1936, un núcleo de Estat Català conspiró activamente contra el presidente Lluís Companys por la proximidad de este con los sindicatos. Hay un libro muy interesante al respecto: “Contra Companys, 1936” (Universitat de València, 2012), coordinado por los historiadores Enric Ucelay-Da Cal y Arnau Gonzàlez Vilalta.

Mercado único de la indignación en España
En noviembre del 2012, la directiva de CiU no supo leer el significado de esa manifestación –y si lo supo, ya era demasiado tarde- y ahora podría ser que los principales dirigentes del bloque soberanista –no sólo los de Convergència- ignorasen la existencia de un mercado único de la indignación social en España.
La teoría de la desconexión de la sociedad catalana respecto de los avatares del resto de la sociedad española no es cierta. Es, en mi opinión, una incorrecta apreciación de la realidad social. Con toda seguridad existe ‘desconexión’ entre la intelectualidad nacionalista y en sectores sociales de intenso activismo. Pero nunca hay que confundir la parte con el todo. La realidad, como siempre, es bastante más compleja. Pondré un ejemplo. La semana pasada en la residencia sanitaria Germans Trias (Can Ruti) de Badalona, había unos carteles convocando una asamblea, cuyo primer punto llevaba por titulo: “Tots som Teresa”, en referencia a Teresa Romero, la enfermera gallega infectada de ébola en el hospital Carlos III de Madrid. El sistema sanitario público catalán es orgánicamente independiente del madrileño y, sin embargo, Teresa conmueve. Si el contagio su hubiese producido en un hospital de Toulouse no habría carteles en Can Ruti diciendo “Nous sommes tous avec Thérèse”. Hay en estos momentos un mercado único de la indignación en España y el nuevo operador político en ese mercado se llama Podemos.
Posibles elecciones anticipadas en Catalunya en el momento en que cristaliza y toma consistencia un nuevo vector: el vector Podemos. El partido de la protesta, el Partido de la Ira. Podemos está dando el primer paso para configurarse como una organización política estable, con estructuras de carácter vertical, y a lo largo de esta semana 150.000 inscritos votarán las líneas maestras del programa y de los criterios de funcionamiento. El ‘hastag’ de apoyo a Pablo Iglesias en twitter fue tendencia ayer en Barcelona. Los resultados de la votación, el próximo lunes.

Podemos, vector fuerte en el área metropolitana
Podemos es en estos momentos la principal novedad de la política española, con incidencia en Catalunya, muy particularmente en los barrios más periféricos de la ciudad de Barcelona y en los municipios del área metropolitana. Los círculos de Podemos han surgido en la Gran Barcelona que hace años votaba mayoritariamente a socialistas y comunistas. Después de una primera prueba en las europeas del pasado mes de mayo, hay mucha gente con la papeleta de Podemos entre los dientes esperando a que abran los colegios electorales. Es probable que sea Artur Mas i Gavarró, presidente de la Generalitat, el primero en hacerlo. Experimento Catalunya. Alto voltaje.
Las encuestas más recientes otorgan a esa nueva corriente radical-democrática, con sesgos populistas, unos 50 diputados en unas elecciones generales. Un resultado que desbarataría definitivamente el esquema binario de la política española y abriría nuevos escenarios en las Cortes, obligando, quizás, a un pacto de gran coalición PP-PSOE. Esa es hoy la tendencia.
El actual grupo dirigente de Podemos –el ‘triunvirato’ formado por Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón– concede mucha importancia a la política catalana e intentará tener ficha en el nuevo tablero si hay anticipo electoral. Tienen mentalidad estratégica. Hay, al menos, dos trabajos demoscópicos recientes que otorgan unos 12 diputados catalanes a Podemos, si las elecciones al Parlament se celebrasen hoy, con el actual sistema de partidos. Esos doce diputados podrían dejar medio noqueada a ICV-EUiA (el equivalente catalán de Izquierda Unida), empujando a la suma de CiU y ERC por debajo de los 68 diputados. Los dos partidos principales del nacionalismo/ soberanismo /independentismo podrían no alcanzar la mayoría absoluta. En el Palau de la Generalitat tienen constancia de estas proyecciones.

El ‘Partit del President’
Evidentemente, estas estimaciones deben ser matizadas. En estos momentos, con unos porcentajes de fidelidad de voto muy bajos para los partidos principales, los sondeos hay que cogerlos con pinzas. Siempre hay que hacerlo y ahora más que nunca. En caso de elecciones anticipadas, CiU, con toda probabilidad, no acudirá a las urnas con ese nombre. CiU ha muerto como marca electoral en el interior del cráter Jordi Pujol. Creo que nunca más veremos papeletas con el anagrama de CiU en los colegios electorales. Está surgiendo el ‘Partit del President’ que tomará otro nombre e incorporará a numerosos independientes, con o sin Unió (en mi opinión con Unió). CDC también quiere sumar a ERC en la gran lista –“lista de país” en el argot- y esta no quiere y busca la manera de escabullirse. Esa es una de las causas de la increíble película de los hermanos Marx que esta semana está viviendo la política catalana. Haya o no lista unitaria del nacionalismo/soberanismo, el ‘Partit del President’ será una de las dos novedades de las elecciones anticipadas, si finalmente se convocan. La otra novedad será Podemos.
Podemos querrá presentarse en Catalunya. Estratégicamente no pueden renunciar al tablero catalán. Deberán encontrar la fórmula –solos o acompañados-, definir un programa y seleccionar un candidato o candidata capaz de competir con figuras ya muy conocidas por los electores. No es fácil y teóricamente no hay mucho tiempo para ello. La marca Podemos es hoy fuerte, pero en unas elecciones la figura del candidato cuenta mucho. Ellos lo saben bien e imprimieron el rostro de Pablo Iglesias en las papeletas electorales de las recientes europeas. El ‘triunvirato’ de Podemos deberá aguzar el ingenio si quiere estar en el tablero estratégico catalán.
Podemos es hoy el décimo pasajero de la política catalana. No se le ve, pero se le intuye. ICV les tiene pánico. ERC teme ver bloqueado su avance en el área metropolitana de Barcelona. La joven CUP –que estos días está demostrando una gran agilidad política- está incómoda. Los socialistas, demediados, ven venir otra sisa. Ciutadans está que trina con el partido que ha interceptado el ascenso de Albert Rivera al Olimpo del regeneracionismo.
¿Elecciones plebiscitarias? Experimento Catalunya. Experimento metropolitano.

Enric Juliana, en La Vanguardia