domingo, 19 de octubre de 2014

EL ORÁCULO

Una de las cosas curiosas de esta comunidad, que va ya camino de convertirse en un clásico entre los clásicos, como una especie de hito social, valor cultural o gastronómico, personaje deportivo mítico o maravilla geográfica de referencia, es que solo nos interesa -o al menos el espacio que se le dedica así parece indicarlo- la opinión política de un empresario: Antonio Catalán. Cada vez que Catalán, ya sea desde Madrid o de visita por aquí, como es el caso, abre la boca públicamente o se le pregunta por la política navarra o él mismo con su mecanismo ofrece su opinión. ¿Quejas al respecto? Ninguna, faltaría más, pero sí el asombro de que siga teniendo tanto eco en los medios locales lo que diga o deje de decir y aún más si cabe que los periodistas ya directamente casi obvien su faceta de empresario hotelero para prácticamente en exclusiva preguntarle por el zurriburri este del pacto UPN-PSN sí pacto UPN-PSN no. Qué duda cabe de que a nadie se le escapa que la sombra de Catalán y su influencia son amplias, como su amistad con Miguel Sanz y con otros muchos políticos de primera línea, pero lo acojonante es que esto solo sucede con él. Salvo José Antonio Sarriá, que en su condición de líder de la CEN siempre que puede reclama volver al pacto, nadie más y a nadie más se le examinan tanto y de una manera tan directa sus preferencias políticas o nadie más se cree en tan alta disposición intelectual y foral para verter sus opiniones de un modo tan diáfano. Pero es que no solo ya entre el empresariado navarro, es que tampoco en otros campos de la vida pública -social, cultural, deportivo, académico- hay una figura comparable, que aborde de una manera tan tajante este asunto. Esto me lleva a pensar que o su opinión cuenta mucho o que en realidad no cuenta lo más mínimo y que igual es sin más un tic suyo al que el resto sigue la corriente.
Jorge Nagore, en Diario de Noticias