lunes, 20 de octubre de 2014

GENTE IMPORTANTE

La vida no es una respuesta a nada. Es más bien una concatenación de preguntas porque el ser humano es sobre todo una interrogación sobre sí mismo. De ahí la humildad, como elemento vivificador, para aprender de quienes nos superan y aportan sentido al sin sentido que a veces conforma la existencia.

Uno ha estudiado, leído, discutido, compartido para incorporar las aportaciones de todo ser pensante. Intercambios, viajes, conferencias y ese contacto vivo que actúa como ósmosis para digerir todo aquello que significa un valor en las cabezas ajenas. Y uno ha ido asumiendo lo que ha encontrado de positivo y rechazando lo que ha creído negativo. Todos somos discípulos de los demás y agradecemos a la historia lo que ha arrastrado a lo largo del tiempo para enriquecer nuestro presente. Cosecha que hoy degustamos y gratitud a quienes nos han ido haciendo lo que somos. Porque el presente que soy tiene siempre una explicación en el ayer que fui y que fue la humanidad que me alberga.

Y tenemos en el alma un agradecimiento a cuantos han influido positivamente en nuestras vidas. Desde aquella maestra de la que nos enamoramos cuando teníamos quince años a ese catedrático que nos dijo que el mundo es un puñado de barro que gira alrededor de unos intereses bastardos donde el hombre es un lobo para el hombre, copiando a Hobes.

Y ese mundo nos enseñó que había hombres y mujeres muy importantes (uno pensaba que cualquiera lo era, pero por lo visto el término importante afectaba sólo a un  grupo que merecía todos los privilegios.)  Y esos seres importantes que ocupaban puestos distinguidos en la banca, en los desfiles, en las alfombras, en las salas vips de los aeropuertos, se sentían con el derecho y el deber de enseñar a muchos otros, los no importantes, cómo había que comportarse en la vida para que le vaya bien a no sabemos exactamente quién. Y los locutores de radios y televisiones nos advertían que las distintas personalidades habían ocupado el puesto de preferencia que les correspondía en actos solemnes de traje Armani y colonia loewe. Y los demás debían permanecer a cierta distancia porque no estaba bien visto el mono azul de mecánico manchando  corbatas de seda italianas. Cada uno en su sitio. Como cuando la escuela. La profesora de pechos brillantes arriba. Los alumnos enamorados, abajo. Y en medio el foso que separa a la gente importante y la plebe. Los que enseñan y los discípulos.

Yo no estuve en aquella boda. Era para gente importante. El Escorial. Felipe Segundo por los claustros, por la biblioteca. Aznar-Botella rodeados de gürtel. La gente importante resultó andar revestida de gente importante, pero en el fondo era una reunión de ladrones. Y Felipe segundo se escondió entre los arcos del monasterio.

Cataluña, Valencia, Andalucía, Madrid. Un ramillete de hermosura, pero agusanada. Pujol, Camps, UGT, ERES. Privatizaciones sanitarias y copagos. Lasquety y Rodríguez, González y Aguirre sexagenaria. Gente importante, pero hueca. Carcomida por dentro. Contagiando de vulgaridad rampante a la Sagrada Familia, la Virgen de los Desamparados, la Torre del Oro o el Madrid chulapa y postinera.

Empresarios que dictan salarios y horarios, despidos, indemnizaciones y billetes para trabajar en Laponia. Empresarios que pagan en negro, que adeudan a la Seguridad Social porque tienen que elegir entre cotizar y comer langosta. Empresarios que recomiendan los mini Jobs porque más cornás da el hambre y que aseguran que las mujeres en edad fértil no valen para nada y que las que han sido madres no rinden en sus trabajos. Y las viviendas sociales levantadas con dinero de todos vendidas a fondos de buitre que se encargan de desahuciar a personas con cáncer y chavales dependientes. Empresarios que critican la ayuda de cuatrocientos euros a gente que los recibe sin valer para nada.

Están más arriba porque son gente importante. Porque son capaces de dictar las coordenadas de la vida de los demás. Porque saben que hay que trabajar más y cobrar menos. Y se empeñan en que no creen que el dinero obtenido de las tarjetas black deba cotizar y tal vez tengan razón porque el dinero robado no cotiza en parte alguna del mundo. Y por eso Blesa, Rato y muchos más tenían la conciencia limpia. Había un detalle: mientras paseaban en yates con ese dinero, lanzaban de su casa a una familia con todos sus miembros parados y sin ayudas porque se les acabó el derecho a percibir un paro. Cosas de la gente importante.

Y ahora viene alguien y pone debajo de este artículo que soy un demagogo. Gracias de todas formas, amigo. No me había dado cuenta de que estaba entre la gente importante. Usted perdone.

Rafael Fernando Navarro, en marpalabra.blogspot.com