domingo, 29 de diciembre de 2013

ACABAR COMO EL ROSARIO DE ANSOÁIN

La expresión "Acabar como el rosario de la aurora" significa acabar de mala manera, a la gresca, con altercados más o menos violentos. Hay muchas versiones sobre el origen de tal expresión -algunas de ellas copiosamente documentadas-. Todas coinciden en señalar que tiene que ver con los rosarios que se cantaban -y en algunos lugares, todavía hoy se cantan- en procesión a eso de las cinco de la mañana. Muchas afirman que quienes teniendo que madrugar para ir al tajo veían su sueño interrumpido por los extemporáneos cánticos religiosos arrojaban a los auroros baldes de agua o -a lo peor- líquidos menos higiénicos, y que de esa pringosa guisa era como acababa el celebérrimo rosario. ¿A qué viene tanta explicación en torno a esta locución? La cuestión es que mi amigo el inverosímil pamplonés Fermín Huarte, en su afán de enriquecer el refranero popular de nuestra metrópoli foral, me propone un equivalente más actual e inequívocamente endémico: acabar como el rosario de Ansoáin. Una vez más, no hace falta ser José María Iribarren para percatarse del porqué del dicho. Evidentemente, radica en los chuscos incidentes acaecidos durante la tarde noche del pasado viernes 27 de diciembre en Ansoáin. Tuvieron por principal protagonista al arzobispo Francisco Pérez. Participó en un "rosario por la vida" frente a la única clínica que practica la interrupción voluntaria del embarazo en Navarra. Hubo tensión, insultos y empujones. Al titular de la archidiócesis de Pamplona y Tudela no se le puede escapar que la Ley Gallardón ha provocado el enfado de amplios sectores -si hacemos caso a los programas y resultados electorales, mayoritarios- de la sociedad navarra. Elegir el momento de su tramitación para participar en una concentración de esas características no puede considerarse, precisamente, una apuesta por la concordia. De hecho, es el único miembro de la Conferencia Episcopal Española que se ha atrevido a perpetrar tal hazaña bélica -adjetivo este último de lo más apropiado, habida cuenta de que Pérez en otro tiempo fue mitrado castrense, detalle no baladí cuando lo que nos ocupa es el respeto a la vida-. Denominar al acto "rosario por la vida" implica insultar a los profesionales de la clínica tachándolos poco menos que de asesinos. Asediar a mujeres que están viviendo un trance tan amargo como la interrupción voluntaria del embarazo resulta muy poco piadoso, cuando no cruel. Parecería que algunos ponen todo su empeño -y tienen mucho interés- en que la convivencia entre los diferentes sectores de la nuestra sociedad acabe una y otra vez como el rosario de Ansoáin.

Juan Kruz Lakasta, en Diario de Noticias

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