
Escuchen y juzguen ustedes mismos: hospitales con plantas enteras vacías, incluyendo fantasmales quirófanos donde jamás entro nadie. Camas que misteriosamente desaparecen, reduciendo la ratio mes a mes. Listas de espera enigmáticas que nadie conoce, y donde uno entra y no sabe cuándo sale.
Temerarias rotaciones de personal, urgencias colapsadas, citaciones con intervalos de tres minutos. Y la leyenda más terrorífica y más inverosímil: la concesión de la explotación de los nuevos hospitales a empresas constructoras.
No puede ser, dirán ustedes. Demasiado gore. Y sin embargo, es todo cierto. Todo y más, pues podríamos seguir enumerando horrores, pero no quiero asustarles. Porque precisamente ese es el objetivo de quien propaga esas historias: que tengamos miedo, que huyamos de la sanidad pública.
Lo que confirma que también es cierta otra leyenda urbana madrileña: que hay una conjura de nuestros gobernantes para deteriorar y desprestigiar la sanidad pública, para que nos apuntemos a la privada. Esa sí que da miedo, y hay que tomársela en serio.
Isaac Rosa (Público)
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