sábado, 13 de julio de 2013

"IROS A VUESTRA CASA, QUE AQUÍ YA NO HAY NADIE"

Intentaré relatar la historia de mi familia. Soy hijo póstumo de Arcadio Ibáñez Sesma y Catalina San Juan Beruete. Todos nacimos en Miranda de Arga, me contaron de mi padre que fue un hombre con muchas inquietudes en el tiempo que le tocó vivir de pobreza, injusticia y malestar social, ya que tomó partido por los pobres.
En las primeras elecciones fue elegido como concejal, durante el período en el que trabajó en el consistorio también lo hizo con los hombres preocupados del pueblo. Formaron el Partido Republicano Radical Socialista, llegaron a tener más de 200 afiliados. Estos decidieron por votación que fuera mi padre su presidente. Con el tiempo el partido fue tomando solidez en la Ribera y decidieron formar candidatura para la Diputación. Por Tudela Aquiles Cuadra, antes de llegar a las votaciones se retiró, por Azagra Félix Luri Amigot y por Miranda Arcadio Ibáñez Sesma; los tres fueron asesinados.
En Navarra salió una república de derecha ya que los siete diputados salieron de las filas tradicionales. En el pueblo había dos lugares de encuentro: en la plaza el Casino, ahí se reunían los ricos, y en el Centro Católico Mirandés se reuniá la gente sencilla, entre ellos el PRRS. Estos compraban la prensa y la leían en voz alta para informar de la actualidad a sus socios y asiduos al centro, ya que escaseaba el dinero y muchos no habían ido a la escuela. Todo esto lo sé porque conocí al secretario del partido, se llamaba Julio Elizalde Vergara, un hombre sabio y bueno, tengo un gran recuerdo de él. "Hijo" me decía, "nunca nos perdonaron que informáramos de lo que ocurría fuera del pueblo". Él pasó tres años en el Fuerte de San Cristóbal, me contaba todo lo que ocurría dentro del fuerte, y fue muy duro. Al salir no se atrevió a volver al pueblo en mucho tiempo, creo que este tiempo lo pasó en Irún. Fue apoderado de mi padre para que se presentara como Diputado.
Pasó el tiempo, mi padre se casó y al terminar su trabajo en el ayuntamiento, el matrimonio decidió probar suerte en Zaragoza. Les fue bien, trabajaban y mi padre estudiaba derecho. Catalina, mi madre, cuando recordaba este tiempo, decía: "los mejores años de mi vida fueron los que pasé en Zaragoza al lado de tu padre".
Mientras en el pueblo, quedaron sus respectivas familias. El abuelo paterno, Julián, ya viudo con tres hijas María, Eulalia y Justa. Esta última vivía con su esposo en la capital maña. Los hijos de Julián, mis tíos, Víctor detenido y preso en el fuerte de San Cristóbal, desconocemos dónde y cómo fue asesinado. Otro de los hijos, Ángel, por ese tiempo era juez de paz en el pueblo. Joaquín, por otro lado, trabajaba la tierra de su padre, mi abuelo. Los dos fueron detenidos e ingresados en la cárcel del pueblo junto a otros compañeros de Miranda de Arga. Sufrieron malos tratos, en la mañana del 3 de agosto de 1936 los sacaron a empujones y arrastrándolos por la cuesta, ya que no podían andar por los golpes recibidos, así llegaron a la carretera y los subieron a un camión. Cuando estaban en el camión pasó un hombre del pueblo, y fijándose en dos del grupo que ya estaban arriba, les dijo: "este y este otro dejadlos en el pueblo que son de mis mejores peones". El camión emprendió el viaje a Dicastillo, donde el resto fueron asesinados.
Conocí a los dos hombres que fueron bajados finalmente del camión, tuve amistad con ellos, pero nunca logré que contaran lo sucedido. Los dejaron mudos para toda la vida y no les faltaba voz, pero les atenazaba el miedo.
Las mujeres de los hombres asesinados fueron con los atillos de comida para los encarcelados, entre ellas mis tías, para ver cómo estaban sus dos hermanos. Las despidieron a su casa diciendo "iros a vuestra casa que aquí ya no hay nadie", pero ¡buenas son las mujeres!, se empeñaron en ver cómo estaban sus familiares y entraron a comprobarlo, y lo que vieron no les gustó nada. Aún no habían limpiado las paredes salpicadas de la sangre de sus allegados a raíz de los golpes recibidos.
Unos días después llamaron a estas mujeres al cuartelillo, les raparon el pelo, les hicieron tomar aceite de ricino y las pasearon por las calles haciendo sonar las tapas de las cacerolas para humillarlas.
Por parte de mi familia materna, quedaron mis tías Saturnina, Inés y Julita y mis tíos Agustín y Germán. Este último también fue asesinado en Dicastillo, pero sus circunstancias familiares eran otras, muy distintas. Joven, viudo y con cinco hijos que quedaron huérfanos. Las hijas repartidas entre los familiares y los chicos en la Misericordia de Pamplona. Una familia rota para siempre. Nunca he llegado a comprender esto. La crueldad sin sentido.
Por otro lado, mis padres siguieron en Zaragoza y enterados de lo ocurrido con sus hermanos, lo pasaron muy mal sin saber qué hacer. En el año 1937 detienen a mi padre y lo ingresan en la cárcel de Torrero. Mi madre fue a visitarlo dos días más tarde y le dijeron que lo habían dejado libre, "desaparecido". La cosa es que mi madre todavía no sabía que estaba embarazada de mí de un mes......
Mi abuelo quedó solo con las hijas. En total asesinaron a mi padre y a cuatro tíos más, todos desaparecidos. ¿Su idea era terminar con la rama del apellido Ibáñez? Les salió el tiro por la culata. En mi matrimonio sólo tenemos varones, y son cinco.

Arcadio Ibáñez San Juan, en Testimonios de Memoria Histórica (Ezkerretik Berrituz)

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