miércoles, 13 de febrero de 2013

"SIN TI NO SOY NADA"


“Sin ti no soy nada”, “Qué voy a hacer sin ti” “Quién soy sin ti”… Muchísimas canciones de pop nos dejan un mensaje claro: sin nuestra persona amada no podemos hacer nada más, no somos nadie, el eje de nuestra vida es esa persona… Y esto cala hondo, ¿quién no ha pensado alguna vez algo así? Yo la primera: en mi adolescencia no dejaba de desear que alguien me amase como en esas canciones, como en esas películas del cine, que alguien me convirtiera en una persona completa, que me hiciera feliz y no necesitar nunca nada más…¡Ay, bendita inocencia!
Dejemos algo claro: tener pareja no lo es todo. No dejamos de necesitar a otras personas y experiencias, no nos hace “seres completos”, no es la única fuente de felicidad… ojo, ni debería serlo. Tampoco nos quita nuestros complejos ni es la fuente de sanación divina que nos hace sentirnos bien con nosotras mismas por siempre jamás. Vamos, ¡que no es como las alubias mágicas de Bola de Dragón!
“Sin ti no valgo nada” ¡Mentira! ¡Cómo me indigno con estas letras! ¡Claro que vales! Vales mucho y debes aprender a verlo. Valórate. No podemos depender de otra persona para algo tan básico como sentirnos bien con nosotras mismas. Si no lo vemos así, la frustración tendrá partida doble: por el hecho en sí de no sentirnos bien y por descubrir que teniendo pareja tampoco nos sentimos eternamente plenas… De ahí a culpabilizar a nuestra pareja por sentirnos insatisfechas con nuestra vida hay un hilo muy fino. Esto también puede suceder en el aspecto sexual: descubre tu cuerpo, aprende qué es lo que te gusta y comúnicate, exprésale tus deseos, ¡que no es la pitonisa Lola!
Creer que “no puedo vivir sin ti” nos puede llevar de manera muy sencilla a crear una relación dependiente, a pensar que la otra persona tiene que estar en todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida, que todos los movimientos que haga tienen que pasar por nosotras (y al revés) y que esa persona, al igual que hacemos nosotras, tiene que estar de manera exclusiva por la vida de una. Párate a pensarlo… ¡una lapa! ¡Socorro! Tener otras actividades, relacionarnos con otras personas y hacer cosas sin nuestra pareja no sólo es muy positivo para crecer nosotras, sino que también hace crecer a la pareja; tendréis más cosas que compartir, más experiencias que contaros, más con lo que enriqueceros. De otra manera, la pareja puede pasar a ser algo realmente opresivo con lo que ninguno de los dos disfrutáis… ¡Y la vida está para disfrutarla!
Esto no quiere decir que debamos pasar al otro extremo y no hacerle ni caso a nuestra pareja. Hombre, si la tenemos es para estar con ella y disfrutar de su compañía, ¿no? Que tampoco es un tamagochi que si muere por falta de cuidados lo reiniciamos y listo… Claro que hay que estar por nuestra pareja. Toda relación, de pareja u otro tipo, necesita alimento y sin él muere. Ese alimento es el tiempo que compartimos y su calidad. Al igual que estamos por nosotras, nos preocupamos por nuestros asuntos y por cómo estamos (porque lo hacéis, ¿verdad? Que no me entere yo de lo contrario…), también debemos prestarle atención a estos aspectos de nuestra pareja. Por ella, incluso, podemos realizar algún pequeño sacrificio. Pero cuidado, hay que valorar de qué se trata, pensar muy bien si estamos dispuestas a hacerlo y sabed que no debemos sacrificar algo muy importante para nosotras por otra persona eternamente. Mirad, os pondré un ejemplo. Tengo una amiga que hace mucho tiempo desea irse a vivir ella sola un par de meses a otro país y no lo ha hecho por no dejar su pareja aquí. Es comprensible, pues no sólo se trata de estar lejos de la pareja y el dolor que conlleva… Socialmente se piensa que somos las mujeres las que debemos sacrificarnos. Así que para ella más presión. Yo creo que debería plantearlo, sentarse con su pareja y hablarlo.¡Que tampoco se irá veinte años! Como este caso, tantos otros e incluso con temas menos complicados. Está muy bien cuidar de los demás y crear vínculos pero lo primero de la lista debemos ser nosotras, atender a lo que queremos y exponérselo a nuestra pareja desde el diálogo. Seguro que nos entiende. Bueno, nos entenderá siempre que no se trate de querer hacer surfing sobre el ala de un avión en marcha jaja. Ya me entendéis, dentro de la sensatez todo se puede hablar. De hecho un sistema de relación no dependiente se caracteriza por el fomento de la expansión individual, la confianza, la comprensión, el apoyo en proyectos personales…
Un rasgo de las relaciones dependientes es que se suele idealizar a la otra persona y justificar absolutamente todo lo que hace. Esto es peligroso porque acabamos justificando conductas que nos dañan. Nuestra pareja no es perfecta, ¡como nadie lo es! Y si hace algo que no nos gusta debemos decírselo. Eso sí, también deciros que si no os aporta gran cosa, si no tenéis ganas de estar con ella… tendréis que planteároslo por mucho que la queráis. El amor no es suficiente para mantener una relación a flote.
Hay algo que no nos suelen contar las canciones de pop… Mucho “eres mi vida entera” y demás mentiras (arghh que me vuelvo a sulfurar) pero pocas nos rebelan la GRAN verdad: debemos aprender a ser independientes, a autodescubrirnos y ser auténticas. Debemos querernos y tenemos que hacer un auténtico trabajo de autoestima y autorrespeto que nadie más hará por nosotras. Eso sí que es primordial, y no el tener pareja. Tener pareja puede ser algo muy bonito. Aquella persona con la que compartes una parte importante de tu vida, incluída la intimidad, alguien que te ayuda a crecer y te respeta. Pero ella no te va a completar, no será “tu media naranja” ni será “tu religión”. Ocupará un lugar importante en tu vida,  compartirá momentos enormes contigo. Pero quien te hará única eres solamente tú.
Irene e Isa, en Proyecto Kahlo

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