
Pero la respuesta del PP fue en la dirección contraria. No solo no se retiraron estos calificativos, sino que se añadieron otros como que «la posición de Aralar da asco» en boca del mismísimo presidente, agudizando la falta de respeto y el decoro mínimo que requiere el debate público (algunas y algunos nos negamos a acostumbrarnos a la falta de respeto permanente de las declaraciones de la derecha española). También nos parece altamente llamativo el silencio del PSE-EE ante este tipo de declaraciones. ¿Están de acuerdo los socialistas en que el resto, es decir, más de la mitad de la sociedad seguimos «la estrategia de los asesinos»? ¿No tiene nada que reprochar a sus compañeros de viaje? ¿Va a ser esta la tónica de la legislatura, su «visión particular» de entender un país para todos? Porque mirar a todos los sufrimientos e intentar reconocer el sufrimiento ajeno no es darle voz a los asesinos, es reconocer que en este país ha habido víctimas de distintos victimarios por motivación política. Es reconocer que todas ellas tienen el mismo derecho a la verdad, a la justicia y a la reparación. Y al reconocimiento institucional.
Con ello no estamos reclamando ni la equiparación, ni la equidistancia. Para ver la realidad en su globalidad no hace falta situarse en medio; hace falta abrir la mirada, cada uno desde donde está, mirando también a lo más alejado, sin entrar en comparaciones, pero reconociendo todas las vulneraciones que ha habido en nuestro país.
Hay quien desde otros puntos de vista utiliza como argumento para no reconocer a las víctimas más alejadas de su realidad, el argumento de que en algunos actos de reconocimiento institucional no están todos. Y efectivamente, es así. Pero el camino se hace andando. Y esto es lo que venimos impulsando desde Aralar durante los últimos años: reclamamos el reconocimiento de todas las víctimas, pero mojándonos. Participando en los homenajes a las víctimas de ETA y de todos los grupos armados, como el que se ha realizado este fin de semana en Tolosa. Primero, para reconocer a todas ellas, pero al mismo tiempo para reclamar que hay otras víctimas de violencia de motivación política que merecen el mismo reconocimiento.
Derechos humanos y víctimas. Un tema delicado que requiere la máxima sensibilidad, mucho menos aprovechamiento político, una mirada autocrítica y abierta, y grandes dosis de empatía: para intentar ponernos en la piel del otro y entender su sufrimiento, en vez de negarlo y descalificarlo
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