miércoles, 28 de enero de 2015

LA IKURRIÑA EN NAVARRA

El otro día el Parlamento Foral negó que se admitiera a trámite una ILP avalada con 9.000 firmas que pretendía cambiar la actual Ley de Símbolos que rige la Comunidad Foral. Como ya viene siendo habitual en un tema tan sensible enseguida se polarizó el discurso basándose casi siempre en los ya tradicionales mantras de imposición, bandera ajena a Navarra, queréis cambiar la bandera roja por la Ikurriña, etc…

Me gustaría aportar mi visión como parte que soy de esa minoría que ve relegado su símbolo que le identifica. Este tema yo lo encuadro en dos planos:

¿Se debe permitir poner la Ikurriña en los ayuntamientos que quieran hacerlo?

En mi opinión sí, y es que cuando se pretende cambiar la Ley de Símbolos de lo que se trata es de admitir la pluralidad de esta tierra permitiendo izar la Ikurriña en el ayuntamiento que voluntariamente haya querido. Con esto nadie está cuestionando quién ostenta la mayoría social en Navarra, ni tratando de imponer nada, pero aunque los que pensamos diferente somos minoría también estamos en las Instituciones (que son de todos), y somos una parte importante de la sociedad. Sería positivo que nuestro símbolo ondeara junto con el resto de banderas oficiales en aquellas localidades donde el pueblo de turno sí quiera que esté. Y lo sería porque para mí las leyes son normas de convivencia que pueden tener ese fin o bien pueden actuar como algo que tensione a la sociedad. Legislar para que una minoría se vea continuamente relegada en su simbología no me parece que sea ir en favor de la convivencia.

Se puede argumentar contra esto que si ponemos la Ikurriña, ¿por qué no poner la de cualquier otra minoría que haya en Navarra?, y podemos reducir al absurdo ese discurso hasta comparar con querer poner la bandera de los Iron Maiden si hay algunos que lo quieran. Bien ante esto yo contesto con que debe de ser por lo menos una minoría cualificada. ¿Dónde ponemos el límite a esa minoría? La respuesta podría ser larga, y el debate interesante pero yo entiendo que un bloque social que tiene, a día de hoy, 15 parlamentarios de 50 en el Parlamento Foral supera con creces cualquier mínimo que se quiera establecer.

Finalmente, la Ikurriña no es una bandera ajena a Navarra por la simple razón que prácticamente una tercera parte de su población, tan navarra como cualquier otra, la sienten como propia.

¿Debe la Ikurriña sustituir a la actual como bandera oficial de Navarra?
Rotundamente no, pero es que nadie ha propuesto sustituir una por otra. La bandera oficial de Navarra, hecha entre otros por el jeltzale Arturo Campión, es la que es, y es la que actualmente representa a todos los navarros y navarras. ¿Que dicha bandera puede cambiar su diseño? Pues por supuesto que sí, y la prueba está en que a lo largo de la historia de Navarra su bandera ha sido interpretada con corona, sin corona, con carbunclo, con bandas de oro, pomelado, con cadenas, etc.

Conclusión
El debate de las banderas es muy viejo, y también muy oportuno, porque si se focaliza, como se ha hecho hasta ahora, nadie saldrá de sus respectivas trincheras identitarias, y el problema seguirá enquistado. Porque aquí nadie va a renunciar a su identidad, y sus símbolos, y es absolutamente lógico que así sea. Pero es nuestra responsabilidad elegir qué tipo de sociedad queremos. Una que esté continuamente enfrentada, o tratar de mejorar la convivencia en una comunidad de personas tan pequeña como la nuestra. No es fácil esta tarea después de la inmensa sima social que cincuenta años de terrorismo han abierto, pero creo que no debemos cejar de buscar el camino para restañarla.

Un punto de partida puede ser buscar aquello que sí nos une como sociedad, y es nuestra ancestral tradición jurídico-política propia, es decir, nuestro Fuero, nuestra manera de autogobernarnos. Está claro que no todos tenemos la misma visión, ni proyecto para Navarra, como es lógico en una democracia, pero debemos buscar un punto común para defender lo que tenemos hoy, y que supone la base para construir nuestro futuro en libertad y desde nuestra propias instituciones.

Porque mientras permanezcamos distraídos con esta estéril guerra de banderas somos frágiles como sociedad. Y estamos muy débiles en una situación crítica para Navarra en la que desde las instituciones centrales del Estado se siega por los pies el Sistema Foral de Navarra.

José Antonio Beloqui, en Pro Libertate Patria