domingo, 19 de abril de 2015

SOS RACISMO INVESTIGA SI EL ALCALDE DE MURILLO EL FRUTO DISCRIMINA A LOS GITANOS

SOS Racismo-SOS Arrazakeria ha abierto una investigación para comprobar, si tal y como denuncia la asociación gitana Chachipen del Gau Kalo, el alcalde de Murillo el Fruto, Javier Gárriz, está discriminando sistemáticamente a un sector de la población al no dejar que se utilice el Centro Sociocultural para la celebración de bodas gitanas o banquetes, entre otros eventos.

La presidenta de la asociación, Segunda Jiménez, cree que el primer edil les está castigando a raíz de una noticia publicada en enero de 2014, cuando Chachipen sacó a la luz, como represalia después de denegarles una primera vez la utilización de este edificio, un documento firmado por el propio Gárriz en 2011, poco antes de que tuvieran lugar las elecciones en las que salió reelegido, por el que se comprometía a “sacar a trabajar a los socios de etnia gitana” así como a cederles el uso de Centro Sociocultural a cambio de recibir su voto. Gárriz aseguró entonces que el documento estaba “totalmente manipulado” aunque reconoció haberlo firmado.

Pues bien, lejos de reconducir la situación, cada vez se enquista más. Y es que el 26 de enero, otra familia solicitó este espacio para celebrar un enlace. La contestación a su petición, repleta de argumentos “absurdos”, según SOS Racismo, llegó el pasado 8 de abril, casi tres meses después de haber presentado la instancia y “casualmente” dos días después de que SOS Racismo llamase al consistorio para pedir explicaciones. En la contestación se les explica que no se les cede el Centro Sociocultural, aunque sí el frontón.

En concreto, Gárriz se escuda en el artículo 319.2 de la Ley Foral 6/1990 de la Administración Local de Navarra que establece que las solicitudes de licencia relativas a la utilización del patrimonio local se resolverán en el plazo de un mes. “Transcurrido este plazo sin haberse notificado resolución expresa podrán entenderse denegadas por silencio administrativo”, subraya. Asimismo hace referencia “a una ordenanza en tramitación, que no está vigente” recalca Javier Induráin (SOS Racismo), y que en su artículo 20 prevé que este tipo de actos se celebren en el frontón municipal, salvo los organizados por el Ayuntamiento. Sin embargo, esta normativa para utilización de edificios, locales e instalaciones hoy por hoy no se puede aplicar ya que ni está aprobada definitivamente por el Pleno (solo inicialmente) ni ha salido publicada en el BON. La normativa vigente, por tanto, establece una fianza de 1.000 euros para la celebración de banquetes de boda en el Centro Cultural, más 200 euros por la utilización del recinto.

Por otro lado, el primer edil indica que la Asociación de Mujeres El Cambio imparte un curso de zumba todos los sábados en este edificio. “Vamos a comprobar si es cierto. De serlo, el día que se presentó la instancia ya sabían que el recinto iba a estar ocupado y en lugar de comunicárselo les han hecho esperar tres meses. Es una crueldad” concluye Induráin.

Segunda Jiménez critica que “nadie le pare los pies”. “Es vergonzoso que nadie haga nada. Gárriz actúa como si fuera el dueño del Centro Sociocultural y no es así. Queremos llamar la atención a quien corresponda, al Gobierno de Navarra o a UPN, para que pare este escándalo”, denuncia.

La Agrupación Independiente Murillo (AIM), en la oposición, lamenta la imagen que se está dando del municipio y califica de “cacicada” la actitud del alcalde. “No entendemos cómo siendo afiliado y del Consejo Político de UPN (aunque en las últimas elecciones concurrió bajo las siglas independientes Unión del Pueblo Murillo) nadie para esta tropelía”, comparte el edil Pedro Blázquiz.

El alcalde niega tratos discriminatorios. Cree haberlo demostrado en los 16 años que lleva al frente del Ayuntamiento, periodo en el que ha contratado a vecinos gitanos para realizar diversos trabajos de limpieza . “Incluso uno de ellos se presenta en mi candidatura“, desvela. De ahí que achaque las acusaciones a una “campaña” orquestada para arrebatarle la Alcaldía. “Al principio se hicieron dos o tres bodas, pero el salón hay que mantenerlo y por eso hemos decidido que se celebren en el frontón”, resume.