sábado, 11 de abril de 2015

EL BARCINATO CONCENTRÓ AÚN MÁS EL PODER EN NAFARROA

Corrían los mejores tiempos de la etapa de Miguel Sanz cuando Feliú se propuso radiografiar al régimen navarro con métodos científicos. «La etapa que investigué fue la edad de oro de UPN», asegura el profesor. Sus 490 páginas de tesis saltaron del espacio académico a correr de mano en mano entre periodistas y personas interesadas en la situación política de Nafarroa. El título real es “La distribución social del poder: la élite navarra en el cambio de siglo (1999-2004)”, aunque se popularizó como “La tesis de las 40 familias”, puesto que una de sus conclusiones más llamativas es que la mayoría de los puestos de verdadero poder en Nafarroa se reparten entre una oligarquía donde los lazos familiares son muy importantes.

«El estudio trabaja un momento clave para la historia de Navarra, porque es en el que se configura el actual escenario. Es la época del derroche y de unas prácticas que han resultado después nefastas», explica Feliú. También constituyó la antesala de la llegada de Yolanda Barcina al poder, que supuso a ojos de Feliú un cierto giro copernicano a la hora de entender el poder y cómo se ancla Nafarroa en el Estado. «Sanz entiende que Corella era un barrio de Pamplona y Barcina piensa que Pamplona es un barrio de Madrid», sostiene el profesor.

En estos años, las prácticas oligárquicas se han mantenido, asegura el sociólogo. A modo de ejemplo paradigmático, menciona la elección de un Baleztena (Ignacio, nieto de Ignacio Baleztena, destacado franquista) como representante de Nafarroa en Bruselas en 2013. Baleztena sustituyó a otro cargo de pedigrí María Lozano, la hija de Pedro Lozano Bartolozzi, profesor emérito de la Universidad del Opus. Solo es un grano de arena en la playa, porque el origen de los apellidos de los que mandan está más atrás.

Feliú apunta como un buen punto de partida para descubrir de las interconexiones familiares más interesantes revisar la lista de los altos cargos de la Diputación Foral en las décadas de los 60 y los 70. En particular, habría que centrarse en aquellas personas vinculadas a quien fuera su presidente, el empresario Félix Huarte, a quien este año se le concedió la Medalla de Oro de Navarra y con gran polémica por haber sido el hombre que construyó el Valle de los Caídos gracias al apoyo ofrecido a Franco desde el inicio del golpe de Estado. Huarte también es sospechoso de haber utilizado mano de obra esclava (reos republicanos) para construir infraestructuras militares. Fue durante su época cuando cobrarán fuerza apellidos como Del Burgo o Gortari.

«Cuando se estudia la historia de Navarra llama la atención el proceso de concentración del poder en la Diputación, que comienza con la Gamazada», prosigue Feliú. Este acumulación del poder toca techo en el momento en que el profesor investiga a estas élites. «Con Sanz al frente de la Diputación existen 38 sociedades públicas, que no responden a las necesidades reales de la administración sino de reparto de poder –asegura–. Es una estructura sobredimensionada y en esos puestos de mando vuelven a aflorar la importancia de las familias. No es que baste con tener tal o cual apellido, pero en caso de duda, sí que las conexiones familiares sí que van a prevalecer».

Esa importancia de los apellidos también es palpable en otros espacios de poder, como el cultural. Particularmente llamativo es el caso del “Diario de Navarra”, cuya estructura accionarial se rige por unas normativas basadas en la consanguinidad, poniendo trabas a la libre venta de acciones a personas con las que no se comparte apellido. No ha sido hasta hace un par de años cuando se tocaron los estatutos y no fue debido a una motivación ideológica, sino simplemente a la pérdida de rentabilidad de las acciones..

Con la llegada de la crisis económica, UPN se vio obligado a recortar la estructura de sociedades públicas y, con ella, desaparecen muchos de estos nodos o puntos clave de conexión del poder político y el económico. No obstante, Feliú sostiene que el adelgazamiento del sistema de empresas públicas no se realizó del todo con criterios de eficiencia, sino que también tuvo matices de «limpieza» de cargos que venían de la etapa de Sanz a hombres que gozaban de mayor confianza por parte de Barcina. De todos modos, la eliminación de sociedades ha acelerado la concentración del poder.

El gran descubrimiento de Feliú desde el punto de vista científico es que sí que existía una élite sociológica. Es decir, que la gente que tenía el poder en Nafarroa compartía una serie de rasgos comunes y responde a un patrón homogéneo. «Son personas que comparten unas redes sociales configuradas a través de relaciones familiares, matrimoniales, de amistad, a través de su participación en organizaciones profesionales, de ocio-tiempo libre y con vinculaciones, como miembros o simpatizantes, con un partido político, UPN», describió en su tesis.

La presencia continuada de UPN en el poder ha mantenido el patrón. No obstante, hay un dato significativo que añadir en esta década. En el momento en que Feliú hace su estudio, una cuarta parte de quienes ejercen el poder económico son los dueños de empresas. Es decir, ejercen un papel de poder moviendo su propio dinero. Esta figura ha desaparecido. Ahora, quienes ejercen el control económico en Nafarroa son consejeros delegados de grandes compañías y multinacionales, gente que no juega con el dinero que le es propio. Y que, además, no cuentan con el mismo arraigo a la tierra ni el mismo interés por generar empleo y riqueza en Nafarroa, ya que se deben a otros intereses.

Feliú reconoce que su tesis no fue perfecta. Si hoy la volviera a hacer, subraya que se fijaría más en los navarros que viven fuera, no solo ya en la retrógrada comunidad en torno a la iglesia de San Fermín de los Navarros, sino también en el llamado Círculo de los Navarros en Madrid. «Se me escaparon detalles, como las conexiones de la élite navarra con la élite española, porque de ahí salieron actores que a la postre han emergido como protagonistas principales de las grandes decisiones». En esas esferas aparecen nuevos nombres, como Antonio Catalán o el más desconocido abogado pitillés Sagardoy. De tener que repetir el trabajo desde cero –cosa que dice que no hará – Feliú miraría el peso de «las buenas familias» de la capital, en el sentido más mojigato del término, «pues han demostrado ser las que mueven la información privilegiada de los poderes políticos, económicos y culturales».

Aritz Intxusta, en GARA