lunes, 6 de abril de 2015

C's, LA BALA EN LA RECÁMARA DEL RÉGIMEN DEL 78

Como cuando en 2010 salió a hombros de la plaza de toros de Barce­lona por votar en contra de la ley que prohibía las corridas en Catalunya, Albert Rivera estaba emocionado la noche del pasado 22 de marzo. El partido que preside acababa de conseguir nueve diputados en el Parla­mento andaluz. Un resultado que confirma el auge de Ciudadanos (C’s) en las encuestas, eleva sus expectativas en las próximas citas electorales y comienza a cuestionar la hegemonía del Partido Popular en el centro derecha.

Es la segunda vez que C’s consigue representación fuera de Cata­lunya desde su fundación. Nació ­como partido en 2006 a partir del movimiento cívico Ciutadans, impulsado por Félix de Azúa, Albert Boa­della o Arcadi Espada, entre otros, para reclamar una opción política que representara su oposición al nacionalismo catalán, incluyendo el que consideraban que en ese momento propugnaba la Generalitat de PSC-ERC-ICV. Hasta 2010, el ‘Partido de la ciudadanía’ consiguió tres escaños en dos elecciones catalanas y ninguno en las generales de 2008 ni en las europeas de 2009. El cambio de tendencia coincidió con dos escenarios de crisis: la polarización del debate soberanista en Catalunya y la caída del bipartidismo. En 2012 triplicó sus escaños en el Parlament y en 2014 logró sus dos primeros diputados en el Par­lamento europeo.

Con PP, PSOE, IU y UPyD cuesta abajo en las encuestas con respecto a sus resultados anteriores, Po­demos y C’s compiten por el voto desencantado con la “vieja política”. Para Bibiana Medialdea, eco­nomista integrante del Colectivo Novecento, aunque por su novedad ambas formaciones suponen un desafío para los partidos tradicionales, existen diferencias. “Podemos realmente está cuestionando, con las propuestas que hace, lo que representa el bipartidismo y Ciudadanos no deja de ser un balón de oxígeno, no para el bipartidismo, sino para sus propuestas, porque sus planteamientos no son nuevos”, opina.

Partidario de un “cambio sensato”, contrario a la consulta en Cata­lunya, con un programa económico liberal redactado por los economistas Luis Garicano y Manuel Conthe y un presidente alejado de la imagen izquierdista de Pablo Igle­sias, C’s puede parecer una opción más cómoda para el poder económico, empresarial o político en el nuevo escenario. O una forma de señalarle al partido en el gobierno que hay otras fuerzas que pueden defender mejor sus intereses. “No me atrevería a decir si es por mandar un mensaje al PP o por aquello de repartir los huevos en más de una cesta, lo cierto es que Ciuda­danos está teniendo un evidente apoyo de sectores económicos potentes”, comenta a Diagonal el periodista Javier Vizcaíno. “Aparte del favor de los medios de comunicación tradicionalmente cercanos al PP y ‘de orden’, para mantener una presencia tan brutal en todas partes en las últimas semanas hay que contar con mucho dinero. Está claro que no sale de militantes o simpatizantes, como en el caso de Podemos, sino de bolsillos de gran capacidad... y que obviamente no actúan por al amor al arte”, concluye.

En su proceso de implantación fuera de Catalunya, C’s está ­incorporando dirigentes y militancia de otros partidos. Son los casos del candidato en Bilbao, exconcejal del PP de Galdakao, o el aspirante a la Junta andaluza, Juan Marín, ex primer teniente de alcalde de Sanlúcar de Barrameda con el CIS, un partido local que gobernaba con el PSOE y fue absorbido por C’s.

La lista de rupturas, dimisiones y denuncias internas que se están produciendo durante este proceso no es corta. El último episodio: la dimisión del candidato a la alcaldía de Badajoz, quien acusó a la dirección del partido de disolver la ejecutiva regional para colocar a personas de su confianza e imponer su lista electoral.

En noviembre de 2014, la asociación Plataforma por las Garantías Ciudadanas difundió un comunicado de prensa en el que denunciaba “acuerdos con partidos independientes rotos de mala manera, imposición de cargos a dedo” o “exsenadores a los que se les da poder sin haber sido votados por ningún afiliado”, además de comportamientos autoritarios y falta de pluralidad. Hoy, la asociación agrupa a unos 300 militantes y exmilitantes del partido afectados y prepara tres demandas judiciales por vulneración de derechos del afiliado, según sus responsables. “Las primarias [en C’s] son una cuestión sobre el papel, porque luego hay un apartado en los estatutos en el que pone clarísimamente que en una agrupación local que no tenga más de 150 afiliados el partido se reserva el derecho a poner su candidato o coordinador”, explica a Diagonal la presidenta de la asociación, Inma­culada Sánchez. En su opinión, un ejemplo de candidato impuesto por la dirección se dio en Andalucía. “Diez o quince días antes de que el Consejo General del partido aprobara acudir a las elecciones andaluzas nos llegaron correos enviados desde Barcelona a coordinadores de Andalucía pidiendo el aval para su candidato, que era Juan Marín”, afirma Sánchez.

El tiempo apremia y la experiencia electoral fuera de Catalunya está llena de dificultades para un partido pequeño, en pleno crecimiento y hasta hace poco desconocido en el resto del Estado. Comenzó el viaje con las elecciones europeas del año pasado y regresará a casa con las catalanas de septiembre. Entre tanto, en las autonómicas, locales y generales, se comprobará si C’s es capaz de contener el crecimiento de Podemos y hasta qué punto C’s es una amenaza para el PP, que en febrero se empeñó en llamarle “Siudatans”.

Carlos Sevilla, en Diagonal