
Sin embargo, la viuda de Berrueta, Mari Carmen Mañas, se vio obligada ayer a comparecer ante la Audiencia de Nafarroa para manifestar su disconformidad con el indulto solicitado por los condenados, admitido a trámite por la citada Audiencia. Esta instancia judicial cumplía así un obligado procedimiento legal que, sin embargo, colisiona abiertamente con la literalidad de un veredicto que dejaba meridianamente clara la imposibilidad de esta medida de gracia.
Ayer, en la puerta de la Audiencia, con Mari Carmen Mañas no hubo cámaras, ni micrófonos, ni aglomeración de prensa. Sólo un periodista de GARA. La pregunta flotaba en el aire. ¿Qué hubiese pasado si tanto la víctima como los condenados hubiesen sido de otro signo? La «alarma social» habría desbordado páginas y minutos en los informativos, se habrían incendiado tertulias y convocado airadas protestas. La presión habría sido insoportable. Más aún si se hubiera hecho público que uno de los condenados, en vez de cumplir íntegramente su pena (o aún verla incrementada) podría obtener el tercer grado el próximo año. Es el caso de Miguel José de la Peña. Y su padre no lo hará mucho más tarde, en 2014. Cualquier camino que conduzca a este país a un escenario de paz deberá pasar por el escrupuloso respeto a todas las víctimas. La familia Berrueta dará entonces testimonio ante una Comisión de la Verdad. Y denunciará el trato recibido, también ayer.
GARA
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