viernes, 22 de enero de 2010

LA CARRETERA DE IRATXETA

Teníamos una carretera sinuosa con demasiadas curvas y además estrecha, con el firme en un estado más o menos aceptable. Decía teníamos, porque ahora además de sinuosa con curvas y estrecha, su firme ha sido gravemente dañado como consecuencia del paso de miles de camiones cargados hasta las cartolas, con bastantes más de las 12 toneladas, que era y es su limitación de peso máximo permitido. Y se preguntarán ustedes qué fin tenía semejante trasiego de camiones.

Este desarrollo rural, qué ironía, cofinanciado por la Unión Europea, lo hemos sufrido durante casi tres largos años, camiones de color naranja cargados de desarrollo rural, perdón, quería decir piedras, subían por la carretera del valle para construir 100 kilómetros de caminos por los montes.

¡Qué poca vergüenza! Han destrozado la carretera y se han ido, como lo oyen, han desaparecido, dicen que han terminado.

Lo único que nos une con la civilización en este momento es precisamente esa carretera, única vía que permite el desarrollo de todos los habitantes de esta zona tan olvidada, y que ha entrado en coma gracias al Departamento de Infraestructuras Agrarias.

Si hubiesen preguntado a los que vivimos aquí durante todo el año, igual los 7,3 millones de euros presupuestados para la obra de concentración parcelaria de Leoz, causante de los daños, los hubiésemos compartido en dar cobertura de telefonía móvil, posibilitar la instalación de teléfonos fijos, poder contratar banda ancha para Internet, pero antes incluso que todo esto, hubiésemos invertido en mejorar la carretera imprescindible para cualquier proyecto futuro de desarrollo, como para establecer las condiciones dignas y necesarias de vida de sus habitantes.
Lo dicho, jamás nos han preguntado nada y así nos tienen, como antaño a los indios en su reserva, apartados, olvidados y humillados.
Virginia Veguillas (en Diario de Noticias)

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