lunes, 14 de julio de 2014

SALVAR AL SOLDADO PSOE

Un fantasma recorre el sistema político español, el fantasma del hundimiento del PSOE. Un fantasma tan tenebroso para los de arriba como esperanzador para los de abajo. Tan inimaginable como posible. Tan deseado para algunos como temido para otros.

Tras el 25-M el bipartidismo está sacudido por un verdadero fracking electoral, cuya punta de lanza es Podemos, que remueve sus profundidades interiores, anunciando un terremoto que aún está por llegar. Prefigurando un movimiento de placas tectónicas electorales que amenaza con engullir hacia las profundidades insondables a un PSOE que, sin embargo, tiene todavía ingenieros hidráulicos para amortiguar su caída. El fracking electoral se acrecentará, y los temblores provocarán vértigo a quienes se miran el mundo desde la cúspide. Cada nuevo sondeo electoral amenaza con ser una verdadera pesadilla para un PSOE desgarrado por una sangría electoral en forma de cremallera que sigue abriéndose. “En ciertos momentos de su vida histórica, los grupos sociales se separan de sus partidos tradicionales. Esto significa que los partidos tradicionales, con la forma de organización que presentan, con los determinados hombres que los constituyen, representan y dirigen, ya no son reconocidos como expresión propia de su clase o de una fracción de ésta”, escribió Antonio Gramsci en sus Notas sobre Maquiavelo. ¿Les suena esta dinámica? Ver abrirse el suelo bajo los pies no es una sensación agradable. Y menos para los amos del mundo acostumbrados a pisar en firme. El campo de lo posible se ha abierto de par a par. Para bien y para mal. De lo posible para nosotros. También de lo posible para ellos. De lo que podemos hacer. De lo que nos pueden hacer.

El nuevo secretario general Pedro Sánchez tiene una misión: salvar al soldado PSOE. Una tarea esencial para quienes buscan mantener a flote al Hispanic. No en vano el PSOE es una de las dos patas del partido del Ibex 35. Sin PSOE no hay bipartidismo. Sin bipartidismo no hay régimen. Y hoy es su eslabón más débil. Le harán falta buenas dosis de maquillaje y un buen lifting para conseguir un new look creíble (y no sólo hacia fuera: el 15% de votos del candidato de Izquierda Socialista Pérez Tapias muestra un inédito malestar interno en un partido que hace tiempo anestesió a su base). Unas primarias siempre vienen bien. Un candidato joven, también. ¿Pero ello bastará? “Hundido a la Rimbaud, ya sabes que a veces es difícil”, canta Van Morrison. Una frase que debe resumir a la perfección el estado de ánimo de los dirigentes del PSOE tras su sonrisa de cartón piedra, si no fuera porque hace años que debieron de dejar de leer a Rimbaud (francamente lo de “cambiar la vida” ya les pilla muy lejos) para conformarse con el Financial Times y manuales de management empresarial y poco más.

En la cuerda floja

Salvar el PSOE es paradójicamente tan difícil como hundirlo. Ambas tareas son hercúleas. ¿Misión imposible? De acuerdo, pero ¿cuál de las dos?. Quienes se afanan en reflotarlo se enfrentan a una realidad desconocida. Nunca habían padecido un descrédito como el actual. Nunca se habían enfrentado a un adversario, para ellos tan desconcertante como peligroso como es Podemos, un verdadero torpedo a su línea de flotación. Y quienes suspiramos para relegar al PSOE a los libros de Historia nos confrontamos también a una tarea inédita. A la posibilidad de ver realizado el eterno sueño imposible. Aquello que siempre habíamos deseado por necesario pero también por imposible. Algo tan improbable que apenas cuesta tomarse en serio.

Ver tambalearse al PSOE es a la vez hermoso y fascinante. No se contempla cada día algo así. Pero el espectáculo no durará eternamente. O acabará enderezándose o caerá. Sí, el PSOE puede enderezarse. Nunca hay que subestimarlo. Entonces nuestro mayor sueño terminaría en la más cruel de las pesadillas. Se evaporaría tan rápido como llegó. Ver cerrarse la brecha abierta, ver desvanecerse las posibilidades existentes sería tan cruel como desazonador. Sí, el PSOE puede caer. Entonces lo imposible sería factible, lo inimaginable sería real. Se abriría un escenario tan inaudito como lleno de futuros. Tan vertiginoso como apasionante.

Hay dos errores estratégicos a evitar ante la crisis del PSOE. Primero, no darse cuenta de la magnitud histórica de la misma y de la oportunidad que con ella aparece. Renunciaríamos así, sin tan siquiera disputar batalla, al hasta hoy impensable objetivo de derribarlo. Ni procede ahora contentarse en ser una minoría combativa pero inofensiva, ni aún menos por supuesto en ser la muleta del PSOE, apuntalándolo siempre que lo necesita a modo de hermano menor acomplejado. Es preciso plantearse en serio el objetivo de articular una alternativa con vocación de mayoría. Sin generar ilusiones falsas, sin prometer victorias rápidas, pero con la voluntad de atreverse, de intentarlo, y de fijarse objetivos hasta hace muy poco inconcebibles.

Segundo, hay que sortear el traspié inverso: darlo por muerto antes de tiempo. El PSOE está tocado, pero no hundido. Se arrastra sin rumbo por el ring pero aún está lejos de la lona. Luchará a brazo partido. Posee recursos, anclajes institucionales, redes clientelares, poder mediático, vínculos con el aparato del Estado y el poder económico para intentar salir a flote. Es un adversario duro de pelar. Con un larga experiencia histórica en reinventarse a sí mismo, en resurgir de ninguna parte. Con unos tentáculos sin fin que permiten agarrarse a la nada, sacar fuerzas del vacío para proseguir la partida. Salvar al soldado PSOE es el gran reto de la razón de Estado. Los servicios prestados a la patria, desde la Transición a la austeridad, pasando por la OTAN y las reconversiones industriales, lo merecen. No se deja caer así como así a un soldado tan valeroso. No se encuentran reemplazos solventes rápidos a tan leales servidores. El Ibex 35 no forma de un día para otro sus instrumentos políticos. Esto siempre lleva tiempo. Mejor conservar lo que se tiene que tener que improvisar.

Marchando hacia el lado oscuro

El PSOE es un zombi, un verdadero walking dead, sin alma ni ilusión, de corazón tan negro como vacío. Pero matar a un zombi, es sabido, no es cosa fácil. Se levantan una y otra vez. Aunque muerto viviente es una etiqueta que no le sienta mal al PSOE, en el fondo, compararlo con los zombis es de mal gusto. Éstos, pobres, no han hecho nada (y, en realidad los auténticos zombis nacidos de la cultura popular y no sus sucedáneos comerciales son una especie de metáfora de las víctimas de un sistema consumista y explotador del que el PSOE es uno de sus administradores). No son culpables de reformas laborales, privatizaciones, renuncias ideológicas por doquier, apoyos a LOAPA, corrupciones, GAL, leyes corcueras, guerras imperialistas y un sinfín de greatest hits innombrables, de efímeras canciones del verano de ignominioso recuerdo. El listado retrospectivo de hazañas tenebrosas del PSOE impresiona a cualquiera. Razón de más para no darlo por muerto. Su última gesta puede ser resurgir a modo de una siniestra ave fénix de la austeridad, tan luminosa para el 1% como oscura para el 99%. Un verdadero “cuervo fénix” cuya sofocante sombra ha sobrevolado en permanencia, a lo largo de este siglo y del anterior, por encima de todas las esperanzas de cambio social para ahogarlas en el realismo gestionario y la cooptación institucional.

La socialdemocracia tiene una larga y negra marcha hacia el lado oscuro. Un lado oscuro cuya tenebrosidad se ha rebelado sin límites. Su gestión procapitalista salvaje de la crisis culmina así una larga trayectoria, salpicada de discontinuidades y puntos de inflexión, de integración en las estructuras políticas y económicas capitalistas. Fundada a finales del siglo XIX sobre unas bases cuyo estatalismo Marx ya reprobó en 1875 en su análisis del programa del recién creado partido socialdemócrata alemán en Gotha, la socialdemocracia entraría pronto en una deriva gradualista lineal, en una acumulación pasiva de fuerzas en pos de una imaginaria marcha triunfal hacia el socialismo. Vendría entonces la bancarrota estratégica y moral de la I Guerra Mundial, el aplastamiento posterior de la revolución alemana y las inconsistencias estratégicas ante el ascenso del fascismo en el mundo de entreguerras. Tras la II Guerra Mundial tendría un rol importante en la consolidación del Estado de Bienestar mano a mano con la democracia cristiana. El congreso del SPD alemán en Bad Godesberg en 1959 simbolizó el abandono formal de la perspectiva reformista hacia el socialismo en beneficio de la “economía mixta de mercado”. Atrás quedaban ya los destinos finales de ensueño. El trayecto se interrumpía a mitad de camino. Señores pasajeros el viaje ha terminado. Si el congreso del PS francés en Epinay en 1971 representó los intentos oportunistas de la socialdemocracia de capitalizar el espíritu del 68 y apropiarse de las ansias de cambio social de entonces, los años 80 fueron los de la adaptación progresiva a los nuevos vientos neoliberales. Tras el fracaso del breve intento keynesiano del primer gobierno Mitterrand en 1981, los gobiernos socialdemócratas del sur de Europa, en manos de los Jackson five euromediterráneos Papandreu, González, Soares, Mitterrrand y Craxi, tuvieron un rol decisivo en este viraje. La Tercera Vía de Tony Blair y Anthony Giddens o el “Nuevo Centro” de Gerhard Schröder en los 90 marcó otro punto de inflexión en esta trayectoria. En parte, racionalización teórica de lo que ya se venía haciendo y nuevo salto adelante hacia la asunción de los valores capitalistas, la Tercera Vía aceleraba aún más la integración de forma abierta y sin rodeos de los postulados neoliberales. De ahí a la austeridad permanente quedaba ya sólo un paso. De ella al abismo otro.

Incertidumbres

El futuro del PSOE, y de nuestras posibilidades de descabalgarlo, se jugará en un curso político que estará marcado, sin duda, por la llegada del momento de la verdad del proceso soberanista en Catalunya el próximo otoño, las elecciones municipales y regionales de mayo de 2015 y las elecciones generales de noviembre del mismo año. Pero este recorrido puede hacerse de muchas maneras posibles. Hay muchas encrucijadas y bifurcaciones en el camino. Demasiados pantanales escondidos. Excesivas arenas movedizas camufladas. Nada es evidente. Ni la secuencia de los acontecimientos ni su relación mutua. Hay abundantes combinaciones posibles, muchos calendarios imaginables. En Catalunya ni la consulta del 9-N está clara, ni la capacidad de resistencia a su eventual desautorización parece garantizada, ni los siguientes pasos están trazados.

Rajoy, por su parte, puede estar tentado de adelantar las elecciones generales para aprovecharse de la debilidad del PSOE y jugárselo todo a una carta, evitando así el desgaste que podría suponerle la pérdida de plazas fuertes como Madrid o Valencia en las elecciones autonómicas y municipales. Pero adelantar las elecciones podría ser bueno para el PP, pero malo para el bipartidismo y el régimen si el PSOE no levanta cabeza. La razón de Estado y los intereses partidistas del PP entrarían así en colisión. El resultado de unas elecciones anticipadas podría suponer una estocada certera al bipartidismo y arrojar a ambos partidos a un escenario donde sólo una gran coalición garantizara la gobernabilidad. Un verdadero suicidio para el PSOE. Un verdadero suicidio incluso para un tan disciplinado y leal soldado y servidor del poder financiero. Una última carta a todo o nada. ¿Asistiremos, por el contrario, a intentos de PP y PSOE de pactar la supervivencia del bipartidismo mediante reformas electorales que garanticen mayorías? Siempre es una posibilidad. Pero violentar las reglas del juego para prolongarlo sólo haría aumentar la pérdida de legitimidad de ambos partidos. Una medida tan caciquil como desesperada.

El escenario político es imprevisible. La situación muy volátil. Sólo la presente dificultad para relanzar las luchas sociales da un inmerecido aliento a las fuerzas de un régimen agotado. Ésta es la debilidad crucial en nuestro campo. No lo olvidemos.

Josep Maria Antentas, profesor de Sociología de la Universitat Autónoma de Barcelona (en Público)