martes, 15 de julio de 2014

EL MASOVERO

Ha ganado Pedro Sánchez, y la España que no está para aventuras dormirá un poco más tranquila. No hay riesgo de que el PSOE se escore demasiado a la izquierda. Se aleja el fantasma del Frente Popular, con Podemos, Izquierda Unida y, acaso, Esquerra Republicana, y se mantienen abiertas las puertas a la Gran Coalición (PP-PSOE), si la próxima legislatura así lo requiere. Se negociará, en septiembre, el cambio en el sistema de elección de los alcaldes, en favor de la minoría más votada -¿aceptará el PP la segunda vuelta entre los dos partidos mejor situados?-, no habrá fractura en el bloque constitucional, y el Partido Socialista no adoptará ninguna posición sobre Catalunya que previamente no haya sido sellada en el palacio de San Telmo de Sevilla, sede de la Junta de Andalucía. El PSOE ha elegido a un masovero. Posiblemente, un buen masovero.

Masovero es una palabra de origen catalán (masover) que nos describe al labrador que cultiva la masía que es de otro, como si las tierras y la casa fueran suyas. El madrileño Pedro Sánchez es, a partir de hoy, el masovero de la federación socialista andaluza, verdadera dueña de una organización política que fue resucitada en 1975 por un grupo de jóvenes sevillanos que pronto contarían con el favor de la socialdemocracia alemana.

Ha ganado la coalición interna dominante: Susana Díaz y Máximo Díaz-Cano, secretario general de la presidencia de la Junta y principal estratega del socialismo andaluz en estos momentos; José Bono y el socialismo toledano (al que no le fueron muy bien las elecciones europeas); el valenciano Ximo Puig, que busca anclajes fuertes en España para intentar gobernar una comunidad que se ha convertido en un avispero y en el eslabón más débil de la derecha; el ex secretario de organización José Blanco, gallego, que una vez más ha sabido identificar el caballo ganador; el tacticista José Luis Rodríguez Zapatero, que hace medio año daba por segura la victoria de Eduardo Madina, y detrás del tercer cortinaje -no del primero, no del segundo, del tercero-, Felipe González, que en algunas sobremesas sostiene que el PSOE corre el riesgo de quedar reducido a 40 diputados en la próxima legislatura.

Esa coalición ha contado con el apoyo de la prensa conservadora de Madrid, muy inquieta ante el otoño catalán y las elecciones municipales y autonómicas de mayo del 15. (Atención a la conjetura que trenzaba ayer, con maestría, Mariano Guindal en el suplemento económico de La Vanguardia: la posible tentación en el PP de sorprender a todos con un adelanto otoñal de las elecciones generales).

El PSOE ha elegido a un masovero, pero no a un títere. En la tradición cultural catalana, el masovero, aunque desprovisto de la propiedad, siempre ha sido una figura digna. El masovero ama la tierra y la trabaja con orgullo. Pedro Sánchez no sólo era el candidato de “arriba”, Era, también, el contendiente mejor ubicado en el trasfondo cultural y mediático español.

El periodista Pedro Vallín firmaba ayer en este diario un sugerente reportaje sobre la creciente nostalgia de los años ochenta en España. Una idealización de la década posterior a la transición, mientras esta es masacrada por el criticismo de izquierdas y de derechas. Vuelve Verano azul y se revaloriza Cuéntame, que nunca ha decaído. Pedro Sánchez, camisa blanca, alto, claro y bien parecido, pertenece a ese cuadro narrativo. El PSOE ha elegido a un masovero que parece de UPyD y que quizás dé una sorpresa a los dueños. Con un 66% de participación y un apoyo del 49%, ha conseguido la autoridad suficiente para no ser tratado como un siervo.

Enric Juliana, en La Vanguardia