domingo, 10 de agosto de 2014

AFGANISTÁN: ELECCIONES BAJO SOSPECHA

Resulta curioso el caso de Afganistán en los medios de comunicación españoles. Tratándose de un país en el que se juega una partida importante de la denominada Guerra contra el Terrorismo, encontramos que esos medios hacen una gestión opaca de lo que allí ocurre. No abundan las informaciones, ni la presencia de corresponsales, y los análisis sobre el desarrollo de los acontecimientos en aquél país se reducen normalmente a noticias sueltas y fragmentarias sobre actividades insurgentes y atentados suicidas.

Se podrá alegar que la actualidad informativa en esa región convulsa que se extiende desde Oriente Medio hasta las montañas de Asia central es lo suficientemente fluida como para no poder cubrir al detalle los acontecimientos. Algo de real hay en esa afirmación porque si nos ceñimos a los hechos ocurridos en estos últimos meses hemos asistido al desarrollo de la guerra civil en Siria, al tensionamiento que dicha guerra ha producido en Líbano, a las elecciones en Irak con la victoria chiita y la aparición del ISIL (Estado Islámico de Irak y Levante) con su proclamación del Califato, al acuerdo de unidad entre Hamas y la Autoridad Nacional de Palestina, rápidamente denunciado por Israel y la masacre que a lo largo de estas últimas semanas viene cometiendo Israel en Gaza así como muchas otras noticias menores que hacen que los centros de interés informativos giren con rapidez de un tema a otro.

Sin embargo, a lo largo de este semestre se ha desarrollado un proceso electoral importante en Afganistán porque, de su resultado, deberá salir la persona encargada de gestionar la retirada definitiva de las tropas norteamericanas al finalizar el presente año así como afrontar las tareas de seguridad y normalización política en la nueva fase. A pesar de tratarse de un elemento de importancia considerable, los medios han cubierto de forma superficial el proceso, probablemente ayudados por un complejo sistema electoral que, en la práctica, ha venido desarrollándose durante seis meses desde el inicio en febrero hasta la realización de las elecciones en primera y segunda vuelta, con un dilatado plazo postelectoral para la proclamación de los resultados definitivos. Por situar el calendario, habría que señalar que la primera vuelta se produjo el 5 de abril y la proclamación de resultados el 15 de mayo y la segunda vuelta el 14 de junio, estando prevista la proclamación de los resultados definitivos para la última semana de julio sin que en la primera semana de agosto se tengan noticias de que la proclamación vaya a ser inminente.

La importancia de la consulta

Una convocatoria electoral en un país como Afganistán siempre tiene algo de sorprendente e imprevisible. A lo largo de su historia, la vida parlamentaria se ha limitado a cortos períodos de tiempo, los últimos años de la monarquía y la fase actual, de donde resulta que un acontecimiento de este estilo es siempre visto como algo excepcional por parte de la mayoría de la población. Desde que se produjo la invasión de los Estados Unidos, bajo la cobertura internacional de la ONU, se han realizado tres convocatorias electorales en el país: los años 2004, 2009, y la de este año. Durante todo este tiempo, Hamid Karzai, el hombre de los norteamericanos, ha sido quien ha ejercido la jefatura del estado. Designado para dirigir un gobierno interino, fue elegido en las elecciones de 2004 y 2009, aunque en estas últimas se habló de fraude en los resultados finales.

La estructura institucional surgida con la nueva Constitución impide la reelección presidencial después de dos mandatos por lo que el presidente Karzai no podía presentarse nuevamente como candidato. Este hecho motivó la aparición de rumores y tensiones para buscar el perfil de quien tenga que suceder a Karzai. La figura ideal sería un individuo que ofrezca seguridad a los intereses occidentales, sobre todo en aspectos relacionados con su compromiso en la lucha contra el terrorismo, dando autonomía a los USA para dirigirla. Se trataría de evitar la repetición de una deriva como la de Karzai que en los últimos años fue endureciendo su posición hacia los norteamericanos presionado por su propia base social e interesado en jugar la carta patriótica ante su propia población.

Un informe presentado por la Fundación para la celebración de elecciones libres y limpias (FEFA en sus siglas en inglés) señalaba algunos datos de interés, los más significativos eran que el 91% de los encuestados estaban de acuerdo en la necesidad de celebrar elecciones y un 74% manifestaba, antes del inicio de la campaña, su disposición a participar en la votación. Se trataba de datos favorables ya que para legitimar la nueva presidencia se hacía necesario contar con una elevada participación pero al mismo tiempo se advertía de los riesgos entre los que se señalaba el previsible desafío de la insurgencia, la posibilidad de una interferencia por parte de Pakistán, siempre atento a lo que ocurre en Afganistán y, como temor más fuerte, la posibilidad de un fraude. En un país donde el aparato del estado se caracteriza por su debilidad la posibilidad de que alguno de estos factores entre en acción siempre es elevada.

Los riesgos

La posibilidad de que la insurgencia talibán pudiera desestabilizar el proceso fue uno de los principales elementos valorados por los analistas así como por los estrategas encargados de dirigir el proceso. Para reducir ese riesgo se anunció, meses atrás, la inminencia de unas negociaciones secretas entre las fuerzas norteamericanas y los talibanes que tendrían lugar en Qatar. Aunque se dispararon los rumores, lo cierto es que las conversaciones, por lo que parece, no pasaron de los contactos preliminares lo que significa que el proyecto de realizar las elecciones en un contexto de tregua no se pudo lograr.

Eso sí, Karzai, decidido a jugar la carta patriótica, intentando mostrar su autonomía con respecto a los norteamericanos, optó por jugar sus cartas: la posibilidad de un acuerdo con Hezb-e-Islami, la veterana organización islamista dirigida por Gulbuddin Hekmatyar, una ley de amnistía para determinados presos políticos y la negativa a firmar el Acuerdo de Bilateral de Seguridad (ABS) que permite a los norteamericanos no rendir cuentas ante la Justicia en casos de muertes por bombardeos indiscriminados o por drones (aviones no tripulados).

En realidad Karzai se hacía eco de los dos ejes centrales que presidieron el Día de las Víctimas en diciembre de 2013, a saber, justicia para los crímenes de guerra y críticas a la OTAN y los USA por los bombardeos que siguen afectando a la población civil en las áreas rurales y montañosas. Durante los meses de invierno y primavera estos asuntos fueron cobrando un creciente protagonismo.

Por ello en los primeros meses del año se inició una creciente tensión entre un Karzai que tenía poco que perder y los USA, muy interesados en dejar bien atado un acuerdo que garantice las condiciones en las que pueden trabajar sus tropas tras la retirada que debería culminar este año 2014. Los norteamericanos acusaron a Karzai de estar negociando en secreto con los Talibanes como demostraría la anunciada liberación de presos insurgentes. En esta polémica, el partido Hezb-e-Islami anunció su disposición a colaborar con Karzai si mantenía su firmeza ante las presiones para firmar el ABS. En febrero, 65 presos salieron de la cárcel de Bagram en medio del rechazo norteamericano. Karzai acusó a los Estados Unidos de no respetar la soberanía nacional afgana al tiempo que se ratificaba en no firmar el ABS y todavía en el mes de abril salieron otros 55 detenidos en contra del criterio norteamericano. Pero si en ese campo Karzai mantuvo su firmeza, hubo otros en los que tuvo que plegarse a las presiones. Así, en febrero, ante las denuncias de algunas ONG defensoras de los derechos de las mujeres, tuvo que hacer cambios legales en el ámbito relacionado con los abusos domésticos ante la posibilidad de que una campaña de denuncia internacional pudiera incidir en el desarrollo del proceso electoral.

La insurgencia durante la campaña

El objetivo de aprovechar la convocatoria electoral para intentar alcanzar algún tipo de acuerdo con la insurgencia no funcionó porque desde el mes de enero las acciones de los diversos grupos islamistas fueron incrementándose, como era previsible, conforme se acercaba la convocatoria electoral

Una de las mayores preocupaciones para garantizar la celebración de las elecciones era la de la seguridad, sobre todo desde el momento en que los talibanes comenzaron a emitir comunicados en los que anunciaban que pondrían todo su empeño para impedir que las elecciones llegaran a realizarse. Desde entonces se puso en marcha una premeditada estrategia de intimidación que, mediante espectaculares golpes y atentados suicidas tenían como objetivo generar una sensación de miedo entre la población. Los atentados se produjeron por todo el territorio (Kabul, Kandahar, Kapisa, Kunar, Jalalabad, etc) Los espectaculares atentados golpearon tanto a las fuerzas afganas como a la misión internacional, hoteles que frecuentaban en Kabul, instalaciones militares, etc. En este contexto, que hubiera civiles muertos no era un elemento de preocupación para los insurgentes ya que esas bajas funcionaban como un elemento disuasorio de cara a la participación en la convocatoria electoral

Para el mes de marzo los atentados se recrudecieron, lo que no impidió a la fuerza internacional asegurar que se trataba del nivel normal de todos los años que se incrementa con la llegada de la primavera. Lo cierto es que se registraron ataques en el sur y en el oeste, lugares tradicionales, pero también se dio un fuerte incremento en el este, acercándose a la región de Kabul. El 5 de abril se produjo uno de los más graves, que tenía como objetivo el cuartel general del Ejército Nacional de Afganistán. Para prevenir estas acciones se incrementaron el patrullaje y los bombardeos, que causaron muertos tanto entre la población civil como entre militares caídos por “fuego amigo”.

Aún así, las elecciones se celebraron en su primera ronda el 5 de abril, fecha prevista, y los insurgentes solo consiguieron impedir su celebración en unos pocos lugares aislados

El temor al fraude

Las anteriores elecciones acabaron con denuncias de fraude por parte del candidato perdedor en la segunda vuelta. Evitar que esto pudiera repetirse era uno de los objetivos más importante en esta nueva convocatoria. A tal efecto se encargó a la Comisión Electoral Independiente (CEI) de organizar y garantizar el desarrollo del proceso.

Sin embargo pronto comenzaron a surgir sombras. Ya en el mes de diciembre Abdalá Abdalá señaló la existencia de fuerzas y grupos de presión interesados en acentuar las tensiones étnicas, lingüísticas y sectarias en país para generar un clima propicio que les permitiera mantenerse en el poder. Se estaba refiriendo a los círculos pastunes que tradicionalmente acaparan el aparato del estado en un país como Afganistán. Quien hacía estas declaraciones era un personaje importante: antiguo Ministro de Exteriores, miembro de la Alianza del Norte (tayico) y candidato derrotado en las elecciones anteriores que se disponía a presentar nuevamente su candidatura.

Los observadores concluyeron que se estaba realizando un esfuerzo significativo aunque probablemente insuficiente pues se señalaron una serie de dudas entre las que destacaban los siguientes: dificultades para garantizar la imparcialidad e independencia de las Comisiones Provinciales; intromisión de funcionarios del estado a favor de determinados candidatos, así como serias dificultades de financiación, lo que equivalía a restar capacidad a la maquinaria institucional.

Se editaron veinte millones de tarjetas de votación para un país cuyo censo electoral es de dieciocho millones, lo que alimentó la sospecha de que se podía estar preparando un fraude. De hecho se llegaron a señalar tres posibles modalidades de fraude: rellenar las urnas con tarjetas fraudulentas, manipulación postelectoral de los resultados y adjudicación intencionada de los vencedores locales. El Ejército Nacional Afgano, con 380.000 efectivos, quedó encargado de garantizar la seguridad y el desarrollo de los comicios. Con posterioridad a la realización de la doble ronda electoral, se ha señalado un aceptable control electoral pero una muy mala gestión postelectoral en lo referente a la proclamación de vencedores.

El proceso electoral

La campaña electoral comenzó en febrero con la proclamación de 11 candidatos entre los cuales destacaban como favoritos Abdalá Abdalá y Ashraf Ghani, tayico y pastun, respectivamente, dato importante en la política afgana. Ashraf Ghani también ocupó cargos en el gobierno como Ministro de Hacienda y trabajó para el Banco Mundial. Por primera vez en la política afgana se realizaron debates televisivos aunque este toque de modernidad no impidió que las prácticas tradicionales siguieran vigentes, así el candidato Abdalá fue víctima de un atentado en febrero.

El 5 de abril se realizó la primera vuelta con la elección de los Consejos Provinciales y presidenciales. Como ya se ha señalado, los resultados no se hicieron públicos hasta el 15 de mayo.

Los resultados de la primera vuelta dieron como vencedor al candidato Abdalá con el 45% de los votos mientras que la segunda posición fue para Ashraf Ghani que, con más de dos millones de votos, recogió el 31%. Los observadores internacionales hablaron de la existencia de votos fraudulentos en una cantidad que situaban en torno al 8-9% lo que venía a suponer unos 300.000 votos, un dato considerado positivo en sí mismo si se tiene en cuenta que en las elecciones del año 2009 supusieron el 25%, o sea, en torno a un millón. El CEI informó de múltiples incidencias y dificultades serias para garantizar la seguridad del proceso electoral en las áreas urbanas.

Lo más importante, Abdalá no alcanzó la mayoría absoluta y, por lo tanto, se imponía la necesidad de una segunda vuelta. De cara a la misma, Abdalá logró el apoyo de los candidatos situados en tercera y cuarta posición (Zalmay Rassoul, con el 11% de los votos, de quien se dijo que era el preferido de Karzai, y Rasul Sayaf). Sin embargo, pese a esta acumulación de apoyos, Abdalá Abdalá hizo declaraciones en las aseguraba temer un nuevo fraude, similar al del año 2009 y manifestaba su desconfianza hacia Karzai.

Hasta la celebración de la segunda vuelta, el 14 de junio, se fueron clarificando las posiciones de ambos candidatos. Uno de los primeros asuntos fue el tema del ABS con los norteamericanos, coincidiendo con el anuncio de Obama, a finales de mayo, de la decisión de mantener en Afganistán un contingente de 9.500 soldados tras la retirada prevista a finales de este año. Ambos candidatos estaban de acuerdo en la necesidad de firmar el Acuerdo citado dando seguridad a las peticiones estadounidenses. Pero no es la única coincidencia ya que también están convencidos de que serán los ganadores de los comicios y que formarán gobierno sin ningún tipo de coalición, ambos dicen estar a favor de conversaciones de paz con los talibanes, del mismo modo que los dos denuncian a Karzai como títere de los USA, obviando sus frecuentes roces con los norteamericanos, etc.

Los resultados de la segunda vuelta, celebrada el 14 de junio, no se conocieron de forma preliminar hasta el 2 de julio, anunciando que los definitivos se harían públicos la última semana de julio. Ashraf Ghani obtuvo, de forma provisional, el 59%, frente al 41% que habría obtenido Abdalá Abdalá. Nada más conocerse estos datos, Abdalá señaló la existencia de un fraude que afectaría a un millón de papeletas. Sus seguidores iniciaron una movilización frente a la Comisión Electoral (CEI) pidiendo la dimisión de su presidente Ziaul Haq Amarkhil, al que acusan de haber preparado el fraude a favor de Ashraf Ghani. Este, por su parte, se ha defendido anunciando que su campaña contó con el apoyo mayoritario de los ulemas, de grupos de mujeres y la campaña por TV. Se calcula que unos 3.000 ulemas hicieron campaña a su favor recorriendo buena parte de las mezquitas del país y, en muchos casos, interviniendo en las oraciones de los viernes. Desde el otro bando se acusó a Ghani de manipular los resultados y de comprar los votos de la población rural al ofrecer transporte hasta los centros de votación.

Ante la crisis que se abre, Ghani señala los efectos negativos para el país ya que la economía no puede esperar y hay que tomar decisiones urgentes en los meses inmediatos para garantizar la retirada de la misión internacional.

Abdalá por su parte pide ayuda a instancias internacionales, incluidas las Naciones Unidas, para verificar los resultados sin temor al fraude. Todos los actores externos han coincidido en pedir contención y moderación a los candidatos, haciendo llamamientos para que frenen la movilización de sus partidarios ante la posibilidad de que la situación pueda quedar fuera de control. Mientras tanto, Karzai ha intentado permanecer al margen de la discusión en contraposición a los Estados Unidos, que no han ocultado su preocupación por la posible evolución conflictiva del recuento. A finales de julio el propio Obama llamaba a reconocer los resultados que presentara el CEI y en los primeros días de Agosto ha enviado a Afganistán a J. Kerry que ha sido quien, al parecer, ha logrado alcanzar un acuerdo para que sean respetados los resultados oficiales y definitivos que, a día de hoy, siguen sin hacerse públicos.

En el Informe antes citado de la Fundación para unas elecciones limpias y justas (FEFA) se recogían algunas de las aspiraciones básicas de la población señalando como más importantes el final de la violencia, el mantenimiento de los avances logrados en los últimos años y la aspiración a encontrar un líder honesto, educado y con experiencia. Tal como han venido desarrollándose los acontecimientos, es posible que en los próximos días se asista a la proclamación del vencedor definitivo. Han sido necesarios seis meses para cocinar un producto cuyo resultado no sabemos si estará a la altura de las aspiraciones de su pueblo.

Tino Brugos, en Viento Sur