sábado, 2 de agosto de 2014

3.300 CALLES

Hace ya unos días escuchaba por la radio la noticia de que el Ayuntamiento había aprobado nombrar 3 calles, dos en Soto de Lezkairu y una en Arrosadía, con el nombre de tres víctimas de ETA, los guardias civiles Fidel Lázaro y Antonio Conejo y el delegado de gerencia de Asepeyo, Alberto Toca. Mi mayor respeto por dichas personas y ojalá lo que voy a decir lo interpreten correctamente sus familiares.

Tenía, quería decir algo sobre esta noticia que me ha rondado toda la semana de vacaciones que he pasado en una playa cercana a un aeropuerto sin aviones. Las víctimas de ETA como las de la violencia de Estado y la paramilitar española lo que necesitan es verdad, justicia y reparación. De la misma forma que lo necesitan las más de 3.300 víctimas navarras del golpe de estado de 1936.

Me parece de una falta de humanidad imperdonable tener pendiente tanto reconocimiento y tanta tarea por hacer con el dolor de tanta gente como para seguir utilizando a determinadas víctimas con fines partidistas. Hoy mismo leo en un periódico de tirada nacional que el Grupo de Trabajo sobre desapariciones forzadas de la ONU “ha presentado un informe en el que pide que en un plazo de 90 días el Gobierno español presente un cronograma en el que se indiquen las medidas que se llevarán a cabo para implementar sus peticiones y asistir a las víctimas del franquismo”.

¡Ya basta! de utilizar a las víctimas, de catalogar a las víctimas y de seleccionar a las víctimas. ¡Ya basta! de utilizar la simbología social para uso ideológico. Cuando todavía no ha sido retirada la prolífica simbología franquista de las calles de nuestra ciudad y a escasa distancia del mayor mausoleo a los golpistas del 36 en nuestra tierra, el Ayuntamiento de Pamplona utiliza a tres víctimas de ETA para asentar su ideario político en la capital Navarra, cuando debería ser el primero en impulsar en el simbolismo urbano valores de convivencia y reconciliación.

UPN, ahora más con Yolanda Barcina, lleva demasiado tiempo utilizando a las víctimas, a todas, unas por acción y otras por omisión con fines ideológicos y de partido. Hoy, ya aparece como una gran mentira lo de Unión del Pueblo Navarro, si antes fueron los rojos, hoy son los navarros que también se sienten vascos los que deben quedar fuera de su comunidad. UPN nace para dividir no para unir a los navarros, que, por cierto, hubo un tiempo en que fueron independientes, como ahora se trata también de demonizar.

Señor Enrique Maya, si piensa que trabajar por la convivencia y la reconciliación se reduce a poner el nombre de víctimas en las calles, empiece por el de mi abuelo, Félix Esparza García, asesinado en Belascoáin en las elecciones de febrero del 36 cuando iba a recoger en su coche al interventor de la mesa electoral, y continúe con los nombres de los más de 3.300 navarras y navarros que fueron asesinados después. Aún le quedarán los del mandato franquista, la Transición y la guerra sucia.

Félix Esparza Fernández, en Diario de Noticias