miércoles, 20 de mayo de 2009

BERNARDO DE ARRIGARAI O CELESTINO MARÍA DE CAPARROSO

Por unas razones o por otras, quienes de cuando en vez gustan de rebuscar entre libros viejos y documentos varios se topan con personajes a los que resulta difícil seguirles el rastro. Tal es el caso del protagonista de esta reseña recordatoria. Celestino Peralta Lapuerta, merindano ilustre, nacido el 6 de mayo de 1879 en Caparroso y fallecido en Buenos Aires (Argentina) en 1929.

Resulta aventurado determinar los motivos de este olvido. Sabido es que cuando no se dispone de datos objetivos, cualquier afirmación que se realice en un sentido u otro habrá que tomarla como lo que es: una mera conjetura. Tan cierto es que el tudelano Iribarren no lo incluyó en su libro Escritores navarros o que en Harluxet hiztegi entziklopedikoa (ed.1998) no he encontrado ninguna referencia, como que en la misma ciudad de Tudela el euskaltegi de AEK se llama B.de Arrigarai en homenaje a nuestro personaje.

En mayo de 1979, cuando se cumplía el centenario de su nacimiento, en el Diario de Navarra no se recogió nada a excepción de una nota informando de que la Real Academia de la Lengua Vasca-Euskaltzaindia iba a homenajear a cuatro escritores navarros: “ Bordel, de Valcarlos; Hualde, de Vidángoz; Arrigarai de Peralta (sic); y Lezo, de Aranaz”. Unos años después, en 1993 la editorial Pamiela publicaba por primera vez un libro autobiográfico de Fermín Irigaray “Larreko”, Gerla urte, gezur urte. En el libro, escrito obviamente por el médico navarro muchos años atrás, podemos encontrar una necrológica que transcribo: “Hoy, 11 de abril, nos llega por carta desde América una mala noticia, el Padre Celestino, vecino de Caparroso, murió hace unos pocos meses. Descanse en paz nuestro gran amigo. Sus superiores lo mandaron primero a Híjar y de allí a América; así se las gastaban las autoridades capuchinas con aquellos que podían tener el perfil de un abertzale vasquista. Además de lúcido era vasco hasta la médula, profundizó tanto en el euskara que se convirtió en un especialista. Sus trabajos sobre el idioma son notables, mientras estuvo en Lekaroz aprendí muchísimo de él, y después también”.

Nada sé sobre su infancia y poco sobre su juventud. Ingresó en la orden capuchina con el nombre de Celestino María de Caparroso, ordenándose sacerdote en Pamplona en el año 1905. Durante varios años fue profesor en el colegio que los frailes capuchinos fundaron en Lekaroz en 1888, coincidiendo su magisterio con los años en los que el colegio tanto se significó en la defensa de la cultura y señas de identidad vascas durante las primeras décadas del siglo XX. Luego los mismos responsables de la orden –en palabras de Jesús Larrañeta, rector del colegio en el año 2008- depuraron el colegio aconsejando a algunos de los religiosos y profesores del centro que se habían significado mucho en la defensa de lo vasco, que se trasladasen a países latinoamericanos.

No sólo aprendió euskera, sino que se convirtió, tal como apuntaba Larreko, en todo un especialista, a la par que entusiasta y notable euskaltzale. En 1919 fue nombrado académico correspondiente de Euskaltzaindia. Dejó impresos tres libros divulgativos. La conjugación vasca: sumario de lo más preciso y práctico de la conjugación del euskera. (Barcelona, 1914). Euskal Irakaspidea. Gramática del Euskera (Dialecto gipuzkoano). (Totana, Murcia, 1919). Y por último, Lenengo Irakurbidea aurrei euskaraz irakurtzen irakasteko. Euskelzale batek aur euskaldunen onarako argitaratzen duena. (Barcelona, 1920).

En todas sus obras y escritos firmaba con el seudónimo Bernardo de Arrigarai. Se mostró partidario de la unificación de la lengua vasca, de unificar las múltiples variedades que se observan en el habla popular. Algo que, según él, se podía conseguir con un poco de cultura por parte de los escritores y otro poco de afición a leer por parte del pueblo.

En la época del colegio de Lekaroz coincidió, entre otros, con José Gonzalo Zulaika Arregi, “Aita Donostia”, que también tomó los hábitos de la orden capuchina. Con él colaboró en la recopilación y elaboración del cancionero Euskal Eres-Sorta donde están recogidas 394 melodías y numerosos documentos folklóricos inéditos entonces. La labor de campo desarrollada fue concienzuda y tal como afirmó Aita Donostia, de un largo millar de canciones anotadas hasta el año 1920, el sesenta y seis por ciento procedieron de labios navarros. Este cancionero se editó en Madrid en 1922, y también fue publicado en 1926, en el número 1189 de la revista vasco-argentina La Baskonia. Recientemente esta revista ha sido digitalizada y colgada en Internet por la universidad de Reno.

En el prólogo de Euskal Irakaspidea, dirigiéndose al “joven basco”, podemos leer la siguiente proclama: “Si amas a tu patria deberás amar el Euskera que es la más genuina expresión del alma de nuestro pueblo. El Euskera fue la lengua de tus abuelos; ha sido la lengua de tus padres. Con ella ellos bendijeron a Dios, al excelso Jaungoikoa de quen jamás blasfemaron; y con ella, libres e independientes, sirvieron a su Patria”.En este mismo prólogo y para refrendar que el Euskera ha sido siempre la lengua de los vascos, cuenta una anécdota personal: “En 1913 moría un anciano tudelano de 94 años a quien le oí decir que en la primera guerra carlista (1834-39), se hablaba Euskera a las puertas de Tafalla. Aunque otro testimonio no hubiera, la multitud de apellidos y nombres euskéricos que se encuentran en los pueblos de la Ribera, bastaría para probar a cualquiera la unidad de raza y lengua de todos los Nabarros y su hermandad por todos reconocida con los bascos de las otras regiones”. Frases encendidas que reflejan claramente su ideario.

Al padre Celestino María de Caparroso, en 1921, sus superiores lo destinaron a la provincia capuchina de Chile-Argentina. Seguramente, por su actividad como Bernardo de Arrigarai. Celestino Peralta Lapuerta falleció en 1929, un año después de colgar los hábitos.
Juan Carlos Berrio en La Voz de la Merindad

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