lunes, 17 de agosto de 2015

PEDRO SE HA MUERTO

Pedro se ha muerto. La muerte se lo ha llevado. Pérez-Reverte, en La tabla de Flandes, se dirige a la muerte como “silenciosa amiga y última compañera”. No sé de dónde saca estos apelativos, pero, sin dudar, son mentira. La muerte no se merece tales denominaciones.

Los que aún vivimos estamos en nuestro derecho de cuestionar tanto los sustantivos de amiga y compañera como los adjetivos de silenciosa y última. Por mi parte, resuelvo que tan solo última es verdadera y que las demás son un mero artificio, un juego con palabras.

La muerte no es ni amiga, ni compañera ni silenciosa. Al contrario, es traicionera, desleal e inoportuna. Causa desgarro si se la ve venir. Irrumpe en nuestras vidas siempre a destiempo. Nadie la llama, aparece por su cuenta, sin ningún riesgo. Nunca trae regalos ni esperanza, sino dolor y miedo. Se lleva todo lo que pilla a su paso como si fuera un derecho de conquista. No respeta lo más querido, lo único verdaderamente nuestro, la vida.

La muerte no nos trajo al mundo, pero nos arranca de él, queramos o no. Nunca pregunta. No acepta pactos ni prórrogas. Exige la rendición incondicional. ¿De dónde se saca tal derecho?

Si pudiera, me gustaría decirle que no es de este mundo, que nadie le ha otorgado ningún título para considerar la vida como si le perteneciera, así que lo que procede es que nos deje en paz. Que se meta con los suyos. Que viva y deje vivir. ¿No puede vivir sin matar? Si al menos se llevara solo a quienes no tienen fuerzas, a los que no quieren seguir viviendo, a quienes han abandonado proyectos e ilusiones, aún la miraría con buenos ojos.

Pero no se conforma con eso y arrampla con todo, sin distinguir, sin justicia.

Juega con ventaja, con todos los triunfos en la mano, y disfruta sabiendo que no puede perder.

No se apiada de las miradas angustiosas que le piden una partida de igual a igual. Desprecia la vida, humilla a los jugadores.

¿Qué poder malvado la ha creado? ¿Para qué nos arrastra sin ofrecernos nada a cambio?

Ni entiendo su existencia ni, aún menos, su sentido. ¿Cómo puede surgir de la muerte vida? ¿Cómo de la nada puede salir algo? ¿Quién puede hacer algo de la nada?

Solo una tumba debería haber en los cementerios: la suya. Y su epitafio sería: Bien muerta estás, muerte.

Pedro, lo único que me consuela es decirte que hasta que yo muera, hasta que desaparezca el último de los que te hemos conocido y querido, no habrás muerto. Seguirás viviendo en nuestros recuerdos.

Mariví ya se encargará de contarte cómo ha quedado el soto de Santa Eulalia y si las orquestas siguen tocando en la plaza Los sitios de Zaragoza.

Buena suerte, compañero.

Juan Manuel Campo Vidondo (Artículo en homenaje a don Pedro Guindulain Barcos -El Cubano-, cabeza de lista al Ayuntamiento de Peralta por Upei en 1995 y exconcejal del Ayuntamiento de Peralta)