viernes, 31 de julio de 2015

LA EDUCACIÓN NEOLIBERAL DE CIUDADANOS

Ciudadanos ha dado a conocer su programa electoral sobre educación. Ningún pedagogo o experto de la comunidad educativa acompañaba a Albert Rivera en la presentación. No deja de ser significativo que lo hiciera el responsable de economía del partido, Luis Garicano, el del “contrato laboral único”, que para quien no lo sepa proponía, para reducir la dualidad de la contratación, convertir a todos los trabajadores en fijos-precarios al tener un despido no causal. Y, claro, poco se puede esperar de un economista ultraliberal hablando de educación. Por ello, las propuestas de Ciudadanos son una serie de generalidades que demuestran tanto su desconocimiento del tema como, en algunos casos, sus malas intenciones en relación con el mundo de la enseñanza. Veamos.

La principal propuesta es que quieren un Plan Nacional de Educación, pero no dicen qué harían con la LOMCE. ¿Sospechoso, no? Pero tiene coherencia con sus actuaciones concretas, como no votar a favor en la Asamblea de la Comunidad de Madrid de la Proposición No de Ley sobre la moratoria en la aplicación de la LOMCE, que se aprobó con los votos de PSOE y Podemos.

Saben que lo del pacto urbi et orbe es una socorrida fórmula genérica que vende electoralmente y siempre queda bien ante el hartazgo por los cambios legislativos en la materia. Probablemente se trate de eso: de vender humo, porque deberían conocer la dificultad y los intentos fallidos anteriores (el último, el de Ángel Gabilondo) como para trazar algunas líneas maestras para el pacto. Pero no hay nuevas aportaciones. No dicen nada sobre la finalidad y los principios orientadores del sistema educativo, sobre cómo universalizar el derecho a la educación y su gratuidad (0-18 años), cómo garantizar la laicidad, el principio de inclusión y la participación, la posición ante la doble red y los conciertos, qué compromiso de financiación y los cambios legislativos necesarios. Tampoco aportan sobre el procedimiento, por ejemplo, ¿negociar una mesa de partidos o abrir un proceso constituyente de amplia participación como defiende el Foro de Sevilla? En fin, que si no se concretan las propuestas para hacerlas verosímiles, todo queda en pura retórica.

Ciudadanos critica duramente a la universidad. La carga de profundidad viene cuando tira de insultos y dice que está copada por una “burocracia estalinista”, afirmación sin ninguna base probatoria y sin ningún rigor (no sé qué tiene que ver lo del “estalinismo”, ya que, en todo caso, la endogamia tendría una base franquista). Con las descalificaciones se busca desprestigiar a quien tiene prestigio como paso previo al recorte de financiación, despido de profesores y cierre de universidades, públicas, claro. Según Garicano, se promovería una evaluación externa de profesores y centros universitarios para combatir la endogamia, según explicó, recurriendo a Aznar y a su Ley Orgánica de Universidades que no llegó a entrar en vigor. También plantean aumentar el poder de los rectores, pero en ningún lado aparece el fortalecimiento real de la autonomía universitaria.

En cuanto a la financiación no opinan sobre la reducción del presupuesto a que se ha comprometido el PP en la Unión Europea hasta bajarlo al 3,7% del PIB. Proponen vincularla a la consecución de objetivos: hasta el 20-25% de los recursos dependería de la tasa de empleo de los graduados. Esta propuesta no hay por dónde cogerla. Por un lado, porque el empleo depende de la demanda del mercado laboral y no de la oferta universitaria. Por otro, porque es muy difícil realizar un seguimiento de la carrera profesional de los titulados universitarios y no sirve, como dicen, con el censo de la seguridad social para medir el empleo, el subempleo o el trabajo en otro país. Por no hablar del contexto socioeconómico y familiar ¿no tendrá más posibilidades de colocarse el hijo poco avispado de un empresario que se ha pagado el título en una universidad privada, que el estudiante brillante de origen humilde que cursó la carrera en la universidad pública?. En fin, que suena a ocurrencia y a otro intento de potenciar a las universidades privadas y condicionar la función académica de las públicas.

Sobre educación no universitaria plantea algunas viejas recetas sobre reutilización de libros o una especie de sistema MIR para la incorporación a la docencia del que se viene hablando desde hace años, pero no hablan de carrera docente; quieren potenciar el bilingüismo y el trilingüismo, pero no dice con qué modelo y recursos (¿unas chapuzas segregadoras como las de Madrid o de Baleares del PP?)… todo ello sin suficiente concreción. Por ejemplo, hablan de eliminar el sistema de repeticiones de curso -algo en lo que podemos estar de acuerdo-, pero  ¿cómo se evitaría? ¿se pasaría de curso con más asignaturas suspensas, habría clases con menos alumnado, con equipos de refuerzo y atención a los alumnos descolgados…?

Por último, está lo que no dice Ciudadanos, lo que podríamos llamar los silencios significativos. Habla de acabar con una supuesta burocracia estalinista, pero no dice una palabra de suprimir la brutal subida de tasas que ha expulsado de la universidad a 45.000 estudiantes. No plantea que sobran universidades privadas (esos negocios privados universitarios que expenden títulos a un buen precio) que se han triplicado en número, mientras que no se ha creado ninguna pública desde hace tres décadas. No propone cómo aumentar las becas o aumentar la autonomía universitaria; si se opone al modelo 3+2; si está por poner la universidad al servicio de la sociedad y del conocimiento. No plantea la derogación de la LOMCE o cómo recuperar los 7.764 millones de euros recortados a la educación en los últimos cuatro años.

En definitiva, la mayoría son propuestas deslavazadas y viejas recetas que no van al fondo de casi nada. Pero lo más grave no es la nimiedad o lo confuso de las aportaciones, sino que Ciudadanos estaría actuando de caballo de Troya de los intereses empresariales que buscan debilitar la enseñanza pública, especialmente la superior, para aumentar la privatización y colocarla al servicio del mercado y de las élites.

Agustín Moreno, en Cuarto Poder