miércoles, 29 de julio de 2015

NEKANE SALABERRÍA, ALCALDESA DE PUEYO

Llegar a Pueyo siempre sorprende. Sus empinadas calles imponen: si es para arriba hay que parar para tomar resuello; si es para abajo, hay que echar el freno pues la pendiente así lo aconseja. Si nos olvidamos de las cuestas, es otra la visión que queda: calles sinuosas, limpias y frescas, cuidadas casas de piedra adornadas con flores, vistas espectaculares desde cualquier punto de este pueblo mirador de la Valdorba. La quietud de la mañana, como adormecida por el intenso sol de julio, se rompe en las inmediaciones de la tienda de Kaper, comercio a mano, donde varios parroquianos comparten mesa y en el consultorio médico local pues al ser lunes hay consulta médica. Al entrar al Ayuntamiento, son las cabezas de los kilikis las que nos saludan. Las fiestas patronales están al caer y los kilikis esperan su puesta a punto para puntuales correr calle abajo, calle arriba. En el piso superior, parapetada tras una mesa, es la alcaldesa de Pueyo, Nekane Salaberria Etxeberria, la que nos da la bienvenida. Al lado separada por un cristal, la sala de plenos para sus siete concejales. La administrativa comparte la mañana de trabajo con la alcaldesa, que anda poniéndose al día y de reunión en reunión, y por ahí fuera el empleado de servicios múltiples que anda multiplicado en estos días prefiestas.

Un remanso de paz. Esto es lo que pensó el padre de Nekane la primera vez que visitó Pueyo. "Mi familia y yo somos de Tolosa. Una de mis hermanas tenía asma y aconsejados por un pariente cercano que tenía relación con Pueyo, nos vinimos para aquí, para un cambio de aires para los maltrechos bronquios de la hermana, práctica habitual entre las gentes de climas muy húmedos, como éramos nosotros. Aita y ama se quedaron encantados con el cambio y con el pueblo, y a aquel verano sucedieron otros; siguieron semanas santas, navidades, muchos fines de semana y finalmente nos quedamos a vivir. Se cambiaron las tornas, Pueyo se convirtió en nuestra casa y a Tolosa vamos de visita", dice esta euskaldun de Pueyo, pues la lengua materna vino con ellos. La integración en la pequeña localidad valdorbesa y en la vida del pueblo y sus gentes fue total; aquí la familia hizo su vida y a su vez, ellas, las hijas, iniciaron nuevas vidas en su localidad de adopción.

En el caso de Nekane, la implicación y compromiso con el pueblo le hizo presentarse como concejala en las elecciones municipales de 2003 con la candidatura independiente Landerri (presente en el municipio desde el año 1999 y que toma su nombre de un término de la localidad), la misma con la que ha repetido ahora. La vida municipal no le es desconocida, no es ninguna recién llegada, e incluso como alcaldesa también estuvo durante tres años al dimitir el cabeza de lista y pasar ella a ocupar su puesto. Tiene experiencia, conoce el municipio, sus problemas y necesidades, y hará todo lo posible por servirle bien, "porque no hay mayor honor que entregar parte de tu tiempo a los demás, a los vecinos y vecinas de Pueyo, trabajar por y para ellos", afirma con la convicción que le da su experiencia.

En el caso de su segunda elección, fueron los jóvenes del pueblo que habían montado la candidatura quienes se lo propusieron. Les faltaba una persona para encabezar la lista que diera más cuerpo a la misma, aportando un grado de experiencia y veteranía. Nekane ni se lo pensó. "No podía fallarles; el hecho de venir expresamente a mí cuando siempre estamos criticando que la juventud no se implica, que la gente somos muy comodones y que me lo den todo hecho, etc.", apunta y decidió presentarse con ellos. "Aita, el causante con su enamoramiento de Pueyo de toda esta historia, me lo hubiera perdonado", se emociona al recordar a ese padre recientemente fallecido.

Principales retos. La alcaldesa se muestra tajante al señalar el principal y más urgente problema al que se enfrenta Pueyo: la tercera fase de pavimentación de las calles todavía sin acometer por la Mancomunidad de Mairaga. "Mairaga pasa de los pueblos pequeños, de los que aportamos pocos contadores. Y este es un problema de primer orden con ratas que aparecen y paredes que se caen en muchos tramos. Es urgente", afirma. Y unido a esto el proyecto de depuradora ya redactado pero paralizado pues depende de la subvención del Gobierno de Navarra. "Si  estas dos cosas las conseguimos sacar en esta legislatura me doy por satisfecha. Esto y el cubrimiento del frontón, vital para un pueblo pequeño como Pueyo que contaría así con un recinto donde hacer multitud de cosas cuando el invierno es tan largo desde el recibimiento a Olentzero, fiestas, conciertos, lugar de juegos para la chavalería, recinto alternativo cuando llueve, etc", cuenta ilusionada.

"El tema del gaztetxe o lugar para la gente joven es también otro tema que nos gustaría abordar. Y que la juventud tuviera un sitio que sentir propio y tomar iniciativas, como nuestros padres tuvieron con El Delicias o nosotros con el antiguo gaztetxe, ahora reconvertido en centro social y que la juventud no puede usar de la misma manera que hicimos nosotros", sigue. "Se pueden hacer muchas cosas y en ello estamos. Y que esté todo el mundo seguro, lo que hagamos será contando con la opinión de todo el mundo; propondremos cosas pero la última decisión se toma entre todos o al menos intentando que guste a la mayoría. Somos meros ejecutores de las ideas, necesidades y deseos de las gentes de Pueyo/Puiu", afirma.

La Valdorba tiene gran parte de los servicios mancomunados y en lo que se refiere a los plenos, estos tendrán lugar una vez al trimestre, pues la secretaria es compartida por los otros pueblos del valle. Las reuniones del grupo son semanales, todos los jueves, y ella dedicará todas las mañanas al trabajo municipal pues a las tardes trabaja. Después de haber hecho de todo, y de picar de aquí y de allá (clases en AEK, trabajo en la residencia de ancianos, cuidado de niños, en la fábrica Tecal...), ahora con un trabajo estable de administrativa-dependienta en un establecimiento comercial de la zona y con su recién estrenada responsabilidad como alcaldesa siente que su vida está centrada en el lugar que les enamoró hace ya tres décadas y que hicieron su localidad de adopción.

Agurtzane Berrio, en La Voz de la Merindad