domingo, 22 de noviembre de 2015

MIKEL ZABALZA: UNA HERIDA QUE AÚN NO HA CICATRIZADO TRES DÉCADAS DESPUÉS

Después de 30 años, la reclamación de los familiares y amigos de Mikel Zabalza sigue siendo la misma: verdad, justicia y reparación. Este lema presidió el escenario colocado ayer en el polideportivo de Garralda, junto a «Mikel Zabalza gogoan».
La lehendakari, Uxue Barkos, acudió ayer a Garralda en representación del Gobierno navarro, junto a la consejera portavoz, Ana Ollo. También asistió la consejera de Presidencia e Interior, Mari José Beaumont, que también estuvo presente, como es habitual, en el acto de homenaje que se hizo previamente en la fábrica de Orbaizeta. La representación política la completaron representantes de EH Bildu (Adolfo Araiz, Miren Aranoa, Dabid Anaut, Sabino Cuadra y Txelui Moreno), Geroa Bai (Koldo Martínez, que se encontraba de guardia en el Hospital de Nafarroa cuando se produjo la muerte de Zabalza), Podemos (Tere Saez y Fátima Andreo) e I-E. También estuvieron presentes la vicepresidenta de Udalbiltza Maite Iturre, el lehendakari Carlos Garaikoetxea, el abogado Iñigo Iruin, el exalcalde de Donostia Juan Karlos Izagirre, el alcalde de Agoitz, Unai Lako, y Mitxel Lakuntza, responsable de ELA en Nafarroa, entre otros.
Uxue Barkos destacó que «Mikel Zabalza es una víctima y este Gobierno tiene el compromiso de estar con las víctimas, con todas las víctimas». Junto a ello, recordó que el Gobierno navarro tiene la disposición de colaborar con la familia de Zabalza para que se consiga conocer la verdad de su caso.
«No es un simple gesto, sino que tenemos la voluntad de ofrecer toda nuestra ayuda. Tanto en este caso como en otros. Nuestra labor es ayudar a que Navarra haga frente a sus heridas profundas, que las tiene. Después de años muy duros de violencia, tenemos que estar con las víctimas, con todas las víctimas, y sus necesidades. Y ahí estaremos», destacó la lehendakari.
Idoia Zabalza, hermana de Mikel, valoró muy positivamente la presencia del Gobierno navarro ayer en Garralda. «Hasta ahora hemos estado al margen de las instituciones. Para nosotros, con su asistencia, el Gobierno nos ha reconocido», subrayó a este respecto.
«Seguimos pidiendo lo mismo que hace 30 años. Ocurrieron unos hechos sobre los que se dio una versión, que afortunadamente poca gente cree, pero que es la que permanece. Nosotros sabemos, y gran parte de la sociedad sabe, qué es lo que ocurrió. Pero eso tiene que quedar oficialmente reconocido y tenía que tener unas consecuencias», añadió.
Un mensaje similar fue el que lanzó la siguiente generación de la familia Zabalza, a través de Lohizune Amatria, sobrina de Mikel. Volvió a preguntar, como hizo hace cinco años en el 25º aniversario, si los jueces castigarán a algún culpable o si se reconocerá la tortura. «¿Ha cambiado algo?», insistió antes de agradecer el apoyo que ha recibido la familia durante todos estos años, especialmente en los momentos más duros. El de ayer fue otro día más en el que este apoyo se hizo evidente.
El acto consistió en una sucesión de testimonios de personas que conocieron a Mikel Zabalza en diferentes momentos de su vida. Así, Kontxesi Pedroarena relató los tiempos que compartieron en Aezkoa Kultur Elkartea o Miguel Ángel Burusko rememoró la época en la que estuvieron juntos trabajando como bomberos en Lesaka, antes de que Mikel Zabalza encontrase trabajo como conductor de autobús en Donostia, y Luis Landa recordó sus años de juventud en Orbaizeta.
Pello Arrieta, vecino de Herrera (Altza), fue amigo de Mikel Zabalza, en una época en la que salían con sus respectivas novias. «Me niego a olvidar a Mikel por sus padres, que ya no están con nosotros. Por Idoia, su novia de entonces. Por su familia. Y por la juventud, para que nuestros hijos puedan saber qué pasó»», destacó. Nekane Urruzmendi, por su parte, recordó a Mikel Zabalza como el conductor del autobús que cogía cada mañana y que le saludaba en euskara cuando era una joven de 19 años.
Este relato tiene un punto de inflexión trágico el 26 de noviembre de 1985, cuando la Guardia Civil detuvo a Mikel Zabalza, lo incomunicó en el cuartel de Intxaurrondo y apareció muerto en el río Bidasoa. Ion Arretxe también fue detenido ese día y ha narrado su experiencia en el libro “Intxaurrondo, la sombra del nogal”. Malli Goikoa era alcalde de Orbaizeta en 1985 y contó cómo este ayuntamiento fue el primero en cuestionar la versión oficial. Se entrevistaron con el entonces presidente navarro, Gabriel Urralburu, «frío y distante», y el delegado del Gobierno español, Luis Roldán, que se limitó a culparles de las posibles alteraciones del orden. «Hoy, nosotros, seguimos pidiendo lo mismo: verdad, justicia y reparación», destacó. Habría que preguntar si Urralburu y Roldán serían capaces de decir lo mismo que entonces.
Patri Arburua contó cómo hicieron en Bera su primera huelga estudiantil, con trece años, alarmadas por lo que estaba sucediend cerca de su centro de estudios, en Endarlatza, y Kiko Lako recordó cómo se vivió la muerte de Zabalza en Agoitz.

GARA