martes, 24 de noviembre de 2015

LA BONDAD DEL ESTADO ISLÁMICO (EI)

El EI es perfecto para sus creadores. No tiene espacio físico, ni cabezas visibles, ni responsables directos. Primero Bin Laden, luego Sadan Hussein, luego Gadafi y ahora Bachar El Assad... cuando uno muere es reemplazado por el siguiente, a gusto del director, en una lista sin fin. Se puede atacar libremente Afganistán, Irak, Líbano, Siria, Libia, Turquía o la franja de Gaza, en el momento oportuno, las fábricas de armas y los partidarios de la guerra estarán encantados. Francia ha intervenido repetidamente en África (Costa de Marfil, Mali, Chad, Congo, República Centroafricana) pero votó en contra de la Constitución europea y a la entrada en el mando militar de la OTAN. ¿Qué pasaría hoy?
Cuando se produce un asesinato la Policía se pregunta por el móvil; quién sale beneficiado del crimen para apuntar al posible sospechoso/a. ¿Quién creen ustedes que saca algún beneficio con actuaciones así? Los pobres, las refugiadas, los participantes de la primavera árabe o los palestinos, desde luego, no. Atacan el metro, edificios de oficinas, (pero nadie que gane más de 100.000 euros anuales) bares, salas de fiesta, donde está la gente corriente, la plebe. ¿Volvemos a las Cruzadas? La guerra mata la democracia.
Los ingresos que obtiene el EI por la venta de crudo alcanzan los 1,5 millones de dólares diarios. ¿Saben dónde acaba la mayor parte de ese crudo? En manos de empresas de EEUU. Con este dinero los grupos islamistas compran armas, sígase esa pista. ¿Cuántas guerras conoce usted abanderadas por la pobreza para acabar con la riqueza? El interclasismo se introduce debidamente cuando las grietas del sistema empiezan a aparecer. Lea La doctrina de shock de Naomí Klein ¿Todos somos Francia? ¿Qué Francia, la de Sarkozy, la que tuvo un comportamiento criminal en Argelia, la de Marine Le Pen? Tal vez usted no sepa que la misma semana de París hubo otro atentado con 40 víctimas en El Líbano y seguramente no llorado en Tel Aviv o en la Casa Blanca. La matanza ocurría en un barrio controlado por Hezbolah. La guerra nunca lleva a la paz porque no hay paz sin justicia. El COP21 (en el mismo París) demostrará que es posible llegar a otro mundo más humano y más solidario, no mediante bombardeos, sino mediante el diálogo y la colaboración.
En los años 80, Samuel Huntington estableció el programa de la guerra de civilizaciones como estrategia del Pentágono para conservar la hegemonía norteamericana en el siglo XXI. El programa se ha desarrollado en los últimos 30 años según estaba planificado, y en 2001 vino el 11-S. El resultado podría ser el EI. Un enemigo perfecto porque reúne todas las características de la maldad: omnipresencia, secretismo, acciones indiscriminadas, falta de ética, cualquiera puede ser acusado, y además tiene una religión que ha peleado contra la nuestra en otras ocasiones históricas. Enterremos la hoz y el martillo, ya no dan miedo. Cuando estalla una bomba en un mercado de Bagdad, bombardean un barrio de Alepo, o estalla un artefacto en Kabul, no hay frases de Obama ni condolencias de Rivera.
Hasta los que ansían enterrar el marxismo aceptarán que también para la muerte sigue habiendo clases: de primera (ricos, jefes de estado, celebridades, etcétera), de segunda (ciudadanía de países del norte) y de tercera o cuarta regional (todas las demás). ¿No hemos aprendido nada del 11-S en NY, del 11-M en Madrid, del 7-J en Londres, de Charlie Hebdo el 7-E? Los monstruos que crea el sistema acaban devorando a su progenitor. El capitalismo creó a Hitler para frenar a los bolcheviques y luego necesitó 6 años para derribarlo, a base de 20 millones de muertos soviéticos y mucho sufrimiento más. Pretender acabar con el terrorismo a base de guerras, bases militares y limitaciones a la libertad sólo es volver a la Edad de Piedra. Capuletos y Montescos. ¿Los parisinos se sienten más seguros ahora tras el bombardeo a Raqqa? Recordemos las españolas bases de Morón, Rota y el campo de tiro de las Bardenas.
Pregúntese quién ha comenzado las grandes guerras en la Historia y con qué objetivos. No encontrará muchas razones edificantes. El problema es que, desde Einstein, la mortandad ya se cuentan por cantidades infinitas. El botón nuclear tiene la capacidad para hacer desaparecer el planeta por 7 veces... ¿y qué nos importan las otras 6? Él solía decir que la siguiente guerra, si queda alguien, volverá a ser con palos y piedras. Hiroshima, Nagasaki, Manchester, Dresde o Vietnam, barbaridades eternas. Cuando la gente está en paz habla del paro, del hambre, del calentamiento global; cuando está en guerra, sólo se tiene miedo; como mucho se piensa en vencer al enemigo. El ataque yihadista de París se preparó en Bélgica y Siria (El País), ¿por qué bombardean tan solo la segunda?
No sería extraño que el terrorismo islámico haya sustituido al comunismo como demoníaco enemigo. Decía Woody Allen que era oír a Wagner y le entraban ganas de invadir Polonia. Están intentando que leamos en árabe y nos entren ganas de aporrear a un emigrante sirio, pero ése es un camino al abismo. Malditas las guerras y los que las hacen, las venden o las promueven, decía Anguita. Habría que añadir a los que organizan modelos de comportamiento inhumano, insolidario y partidista. Socialismo o barbarie. No sabemos quién ha creado al Estado Islámico, pero de momento está consiguiendo sus objetivos, entre ellos, fortalecer el capitalismo. La extrema derecha europea, como pez en el agua. ¿Y si cuando alguien ataca Europa se llamara legítima defensa (suya) y cuando Occidente ataca Oriente Medio se llamase terrorismo cristiano? Mientras no le quitemos la careta, nos va resultar muy difícil no decir populismos, trivialidades o hipocresías. Dicen que el EI es malo... para el mantenimiento del sistema dominante es inmejorable.

Manuel Millera, miembro de Aranzadi (en Diario de Noticias)