domingo, 15 de noviembre de 2015

LA CLASE MEDIA

Yo, es que me acuerdo cuando íbamos al cine de mi pueblo, entrábamos y enfrente estaban las sillas de abajo, a la “derecha” (que casualidad) se subía al palco. Las sillas de abajo eran de tablillas, que sacabas el culo a rayas como las cebras, las de arriba eran de butacas donde las posaderas las sacaban bien alfombradas. Abajo estaba el “gallinero”, todos corriendo, gritando, tirándose cosas……arriba no se movía ni una mosca, sssssch ¡silencio! gritaban los “ricos”; abajo la “chusma”, todos íbamos con los pantalones remendados, parches por todos lados. Los de arriba iban todos inmaculados con sus trajes hechos por los sastres del pueblo, y ellas con sus faldas hasta abajo, en fin… que se notaba la diferencia… 
Yo estaba cada vez más intrigado, miraba y me preguntaba ¿cómo se estará allá arriba? Y un dia dije: voy a sacar una entrada de palco, que eran mucho más caras. Consigo ahorrar el dinero y me presento en la taquilla. La persona que está vendiendo me dice: "no quiero alborotos arriba". Me dio la peor, atrás de todo, pero después me di cuenta que me hizo un favor, porque desde esa posición observaba toda la panorámica de lo que sucedía, y la verdad… no sucedía nada, la rigidez era total, todo eran apariencias de “ricos” de pueblo y un colosal aburrimiento, no hay que olvidar que yo venía del “gallinero”. Empecé a reflexionar y me dije: ¡¡joder!! Lo de abajo no me gusta y lo de arriba tampoco, y le dije al dueño del local si nos dejaba hacer un palco entre lo de abajo y lo de arriba, le limpiamos el cine durante todo el año, y con cuatro amigos hicimos el palco. 
No nos molestaban ni los de abajo ni los de arriba, nos encontrábamos digamos que cómodos. Los de abajo cuando levantaban la cabeza ya no lo hacían en 180 grados, sino que se quedaban a mitad de camino. Así pasamos un tiempo hasta que aquello fue aceptado por los de abajo y los de arriba. Qué casualidad, aquel palco intermedio fue aumentando y aumentando, y así surgió la “clase media”. Recuerdo que a las recepciones de los “pudientes” del pueblo ya nos empezaron a invitar y mi madre me ponía las mejores “galas”, algunas todavía cosidas pero dignas como para dar el pego. Ya teníamos más acceso en “sociedad”, un poco más de poder adquisitivo. La situación llegó a tal punto que se organizó una recepción-fiesta para darme el premio a la “clase media”, en honor a haber salido del “gallinero”, aunque yo creo que fue porque los de arriba ya no sufrían el griterío directo, que se quedaba amortiguado en nuestro palco. 
Bueno: la estatuilla consistía en un barquito y un hombre remando, y que representaba el esfuerzo para superar situaciones. Yo, muy contento, dije las tonterías que se dicen en estos momentos de emoción y que el premio en vez de llevarlo a casa lo dejaría en el palco de la “clase media”. Todavía no éramos conscientes de que habíamos creado una nueva corriente socio-económica y política, pues estábamos en una nube, eso sí, muy reconocidos. Por ser clase emergente teníamos más acceso a la educación-cultura, en definitiva a la inteligencia…Esto fue aumentando hasta convertirse la “clase media” en mayoritaria. En los años del boom capitalista se convierte en decisiva, ya nadie quiere estar en el “gallinero”, los de arriba se han dado cuenta que su rigidez y apariencia no sirve para la felicidad, en definitiva, lo mejor en la “clase media”.
Yo como fundador principal, me dedico a dar charlas por todo el mundo, los carteles anunciaban mi nombre y el título: “el creador de la clase media que nació en un cine”. Como os podéis imaginar, lo de los parches pasó a la historia , ahora voy de punta en blanco, más chulico que pa qué….. 
Como he pasado mucho tiempo fuera, regreso y me encuentro con una crisis económica y política enorme, todo el mundo me dice que está con el agua al cuello, voy corriendo a mi punto de referencia, al cine: y a mi palco y veo que efectivamente los que quedan en el “gallinero” están medio ahogados y la estatuilla flotando con todos los de la “clase media” agarrados a ella, miro para arriba y siguen igual: impasibles, no les ha llegado el agua ni a la suela del zapato, me incorporo y los miro con cara de pocos amigos y ven que me dirijo hacia ellos con muy mala ostia, uno se levanta y se dirige a su grupo: "Colegas.. aquí ya solo comemos seguro todos los días nosotros, ni los del palco ni el gobierno podemos presionar más abajo a esta gente, porque se ahogarán y antes de que esto suceda se unirán los del “gallinero” con los de la clase media, subirán al palco y nos echarán. 
¡Buena reflexión! La primera que escucho a los del palco. Veremos en la práctica, estaremos vigilantes. Mientras tanto estamos aprendiendo a nadar…
Eguaras