miércoles, 28 de mayo de 2014

"EL CARLISMO FUE DECISIVO EN EL GOLPE DEL 36 Y EN LA LIMPIEZA IDEOLÓGICA POSTERIOR"

"La perspectiva familiar contenida en el libro le da su morbo pero hay que verla subordinada al relato central que es una crítica del carlismo jaimista por la gravísima responsabilidad que tiene en el 18 de julio de 1936 y en el régimen de Franco. En el libro, además, también critico la responsabilidad directa de los carlistas en la tarea de limpieza ideológica en la retaguardia. Históricamente, nos han presentado al carlista jaimista como un ser noble que está en el frente, que lucha contra los rojos y bueno... que, al final, es engañado por Franco. Pero esa es una caricatura que nos han vendido y no, no..., el carlismo actúa en la retaguardia con listas, ejecuta al enemigo, elimina físicamente a los que le molestan que no son solo la izquierda, sino también el nacionalismo vasco y toda disidencia. Yo eso lo he vivido en mi familia".

Así presentó ayer el catedrático de Filosofía del Derecho José Ignacio Lacasta Zabalza su libro Vuelta del Castillo. Memoria histórica familiar, un documentado relato, "ejercicio de memoria histórica y familiar", que se desarrolla en Pamplona y que critica "la inmoralidad de las clases dominantes de la vieja Iruña triunfadoras de la Guerra Civil y conspiradoras del golpe franquista de 1936". En este caso, de la mano de los Zabalza, su familia.

José Ignacio Lacasta explicó que la idea del libro arranca cuando, al hilo del traslado de la cárcel de Pamplona y de las escrituras de estos terrenos, se hace con el testamento de su abuelo, Valeriano Zabalza Ilundáin, que tenía siete hijos y "murió de infarto en casa de su amante". Valeriano, que tenía siete hijos, desheredó a una de sus hijas, Milagros Zabalza, madre de José Ignacio, porque "mi madre se casa con mi padre, que no gusta a la familia por ser republicano y nacionalista vasco".

Ayer, José Ignacio Lacasta presentó su obra, -editada por Pamiela que se vende a 16 euros-, en la Librería Auzolan en compañía de Txema Aranaz. Al acto acudió entre otras personas su sobrino Aitor Lakasta, concejal pamplonés de Geroa Bai, y cuya presencia aprovechó el autor para añadir que el libro, además de hacer un recorrido por el devenir local y social de la Pamplona de los años 30, 40, 50 y 60, relata una historia que tiene mucho que ver con el Ayuntamiento pamplonés ya que "mi abuelo fue teniente de alcalde, concejal carlista jaimista con la II República y luego concejal con Franco, a dedo. Yo creo -añadió- que se puede estar en un ayuntamiento de una forma decente, como está mi sobrino, es decir trabajando, luchando por la democracia y los intereses generales, y de una forma indecente como estuvo mi abuelo, preparando el 18 de julio de 1936. Así lo documento en el libro, porque ya en 1932, contra lo que gusta decir a algunos historiadores, mi abuelo encabezó un escrito que se lee en el Pleno del Ayuntamiento y es un ataque en toda regla a la constitución legítima de la República de 1931. Preparó el 36, primero con una oposición feroz, y luego la toma armada del poder". "Me gusta que tengamos a alguien de la familia en el Ayuntamiento por el lado decente y a mi abuelo, lo que le dirijo, es una crítica en toda regla porque se lo merece", sentenció Lacasta.

El autor de Vuelta del Castillo. Memoria histórica y familiar, recordó que en Navarra no hubo frente de guerra, ni enfrentamiento armado, sino la toma del poder por unos que ejecutan a más de 3.400 seres humanos con una planificación que, "según las categorías que manejamos los juristas, es genocidio típico". Reconoció que el libro, que también alude a su presencia en Pamplona durante los veranos de la infancia y adolescencia, y a sus amigos, "igual es poco agradable para algunas mentes. Estoy dispuesto a dialogar con los críticos que dicen que no hay que remover cosas porque suscita odios y el odio es malo. Yo pienso que se debe recordar para después perdonar. Si no recordamos, ¿que vamos a perdonar?", dijo antes de insistir en que el libro recoge documentación directa, incluido el testamento de sus abuelos. "No quiero que me puedan decir que es producto mi imaginación", y que no quiere "meter el dedo en el ojo a nadie, sino reconstruir la figura de mis padres".

Añadió Lacasta que ha querido recomponer la memoria de sus padres que "fueron arrastrados por los suelos". Y es que, reconoció, "hay unos Zabalza que se quedaron con todo. Los únicos desheredados somos nosotros. Habíamos echado una manta encima porque este tema suscitaba mucho sufrimiento en casa, pero al caer en mis manos ciertos documentos, mi enfado fue monumental porque arrastra por los suelos a mis padres y a ver a que ser humano aguanta esto".

Sin pelos en la lengua, añadió que hubo a quien sus propias familias le quitaron todo con el argumento de: "hemos ganado la guerra y los que la habéis perdido tenéis que vivir mal". "Nosotros, afortunadamente, nunca vivimos mal. Mi padre no era ningún pobre. Quizás, como diría Rajoy, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades" dijo en tono socarrón. Como sus hermanos, tiene un amplio círculo social en Pamplona, ciudad con la que dice tener una relación entre el amor, por sus amistades y recuerdos, y el asco. Vivo en Tudela, en el sur de Euskal Herria, y en Colombia. Pamplona me gusta en muchos sentidos pero en otros, no. El asunto clerical es muy fuerte; la derecha católica española sigue muy presente y el papel tradicional de la Iglesia lo ha asumido el Opus Dei; el antivasquismo es seña de identidad horrorosa, como el ataque al euskera. Estas cosas aberrantes son las que no me gustan de Pamplona".

Diario de Noticias