domingo, 25 de mayo de 2014

¿CUÁNTO CUESTA LA SANIDAD GRATUITA?

Estos últimos días ando subiendo y bajando a Pamplona por problemas de mis años y costumbres adquiridas, y me ha dado por calcular lo que me gusta, a grandes rasgos.

La autopista Tafalla-Pamplona me cuesta 3,65 de ida y otro tanto de vuelta, es decir, 7,30 euros. De Peralta a Tafalla voy por la carretera que no se paga y así evito gastos momentáneos, pese a los baches y parches que terminarán fastidiando los amortiguadores, pero eso no lo meto. Como tengo que hacerme varias pruebas, pago 6 horas de aparcamiento subterráneo, porque en el de superficie no encuentro nunca sitio. Otros 10 euros. La gasolina para los 130 kilómetros me sale por otros 10 porque mi coche pesa poco, es pequeñito y no paso de 100. En conjunto, sumo entre 25-30 euros, según los días. No añado lo que no he ganado por no trabajar, ni tampoco alguna posible multa por infracción.

Si me diera por pensar que en un futuro podrían cobrarme por las pruebas, los medicamentos o las tiritas, me entran sudores y tembleques de origen indefinido.

Como alternativa al gasto con mi vehículo motorizado, en el autobús gasto 10 euros entre ida y vuelta, no pago aparcamiento ni peaje, pero he de añadir la comida, que no baja en ningún lado de otros 10 euros, porque los autobuses van más espaciados de horarios y hay que esperar. Además, esta posibilidad no es aceptable en caso de que me pongan la hora de la consulta a las 8 de la mañana, porque no llego a tiempo con ningún autobús, de manera que debería pensar en un taxi o pernoctar la noche anterior en Pamplona, lo que, cualquiera de las dos opciones se pondría por un pico impensable.

Visto lo visto, he llegado a la conclusión de que lo mejor es no ponerse malo o vivir en Pamplona, donde, con dos billetes de villavesa y tiempo para gastar, sale mucho más barato. Dónde va a parar.

Menos mal que los de los pueblos somos más sanos, soportamos mejor la contaminación de ruidos y humos, no tenemos tantas necesidades y todo eso se nota en los ambulatorios y hospitales. No creo que pueda ponerse en cuestión que en los pueblos nos ponemos menos enfermos porque, entre otras, tenemos la costumbre de andar mucho por el campo a dar vuelta por las piezas o el huerto, y los domingos por el monte, aunque sea cuesta arriba. Claro que algunas veces nos caemos o nos tropezamos con algún obstáculo, de lo que resulta que el médico de cabecera debe asegurarse si se trata o no de rotura y, en consecuencia, te manda a hacer placas a Tafalla que, aunque está más cerca, entre ir, esperar, sacar fotos y volver, no te quita nadie dos horas o, dicho en otras palabras, que la mañana ha volado con el consiguiente descuento en nómina.

También protestamos menos y, cuando nos decidimos, no nos hacen mucho caso porque somos pocos y, en democracia, cada persona vale igual que otra, o sea, un voto, viva donde viva, sea listo o tonto, guapo o feo, rico o pobre, de derechas o de izquierdas.

Caso de que alguien de los que mandan leyera esto y decidiese poner algún tipo de remedio o compensación, yo y muchos como yo se lo agradecerían, que los tiempos no están para bollos ni para gastos tontos. No se me escapa que es mucho pedir, y seguramente, discriminatorio, pero cosas más difíciles se han visto explicadas y justificadas, y nadie se ha dado por aludido.

Juan Manuel Campo Vidondo (Peralta) , en Diario de Noticias