miércoles, 21 de octubre de 2015

VOLKSWAGEN: EL PROBLEMA LO TENEMOS EN CASA

Cientos de trabajadores en la comarca de Pamplona vivimos de la automoción. Esto trae consigo dependencia, especialmente de la empresa alemana. La alternativa sería la supervivencia por la diversidad económica y la soberanía económica, alimentaria y energética.
Trae consigo todos los problemas derivados del trabajo en cadena a nivel de salud: músculo-esqueléticos, gástricos, cardiovasculares o/y sicológicos. Esta realidad creemos que es desconocida y poco estudiada tanto por las instituciones como por los medios universitarios o académicos. Hubo un plan diana del Gobierno de Navarra de UPN/PSN en relación a atacar o atajar los problemas músculo esqueléticos derivados de los trabajos en cadena o semicadena, pero, según parece, quedó en nada. La salud laboral es un problema público que debería ser atendido por el sistema público. Dada la responsabilidad de las empresas, son estas quienes deberían aportar al sistema público una cantidad de dinero por ello. Aunque, como sabemos todos, la clave está en la prevención y no en los sistemas privados o las mutuas. ¿Cómo no van a haber problemas de salud, si el ingeniero que diseña y construye las cadenas y las máquinas, apenas si ha estudiado 30 horas sobre salud laboral en una carrera de cinco años? Por otro lado sabemos hacer algo más que coches. El trabajo en cadena es inhumano; no hay que esperar a que lo diga el gerente cuando le cuadren las cuentas para una nueva automatización (o su chalé en la Costa Azul). 
Volkswagen trae consigo en Iruñerria, además, todos los problemas medioambientales derivados de una gran concentración de industria, especialmente al norte de la comarca, lo que conlleva el traslado de contaminación hacia el centro por los vientos, en determinadas épocas. Además de los derivados de un escaso control de la normativa medioambiental para empresas, las ISO 14000 (y de un fácil acceso a su certificado) allá donde la implementan. Directa e indirectamente, los problemas derivados del producto fabricado: el coche y su contaminación específica (trucada o no). Indirecta o directamente: la dependencia del coche (a nivel individual y laboral) refuerza la ideología del producto en la ciudadanía de la comarca (a pesar del incremento del uso de la bicicleta) y las actitudes no sólo individualistas sino hostiles a la bicicleta o al transporte sostenible en general. Problemas como los de la intensa escalextrificación y el agujereamiento de la ciudad para aparcamientos, la contaminación por ocupación física del espacio y por ruido, la atomización de las zonas naturales de esparcimiento o los planteamientos hostiles a la peatonalización y poco razonables para con la habitabilidad sostenible y saludable. La polémica del TAV no es sino un derivado de esta ideología “polo”. Todas las alarmas se han encendido respecto a las emisiones de gases de efecto invernadero causantes del Cambio Climático planetario y entre las actividades que destacan está el transporte, tanto colectivo como individual. Por desgracia, como decía el economista Nicholas Georgescu-Roegen, la producción, en este caso de coches, no interioriza en el coste del vehículo los costes ambientales, que debemos pagar entre todos y todas. 
Como se ha demostrado recientemente, Volkswagen, además de recibir suculentas subvenciones de la administración, ha estado durante años engañando a la ciudadanía y a los gobiernos actuando en contra de la ley, de nuestra salud y del clima. Así mismo es uno de los grupos de presión más poderosos en Bruselas. Su peso es muy grande en la toma de decisiones, tratando de retrasar y bloquear sistemáticamente distintas normativas sobre la polución de los coches. Su responsabilidad social corporativa no la compensan -como ellos dicen- plantando un árbol por cada coche vendido: hará falta algo más que el mercadeo con la ecología que supone plantar unos cuantos árboles, para compensar el daño sobre la salud y sobre el planeta. Bastaría con dejar de boicotear las legislaciones más avanzadas en materia de reducción de emisiones de CO2, además de no trucar sus coches. Va mucho más allá, porque solo tenemos una morada llamada Planeta Tierra y es nuestro deber individual y colectivo el hacerla habitable. Llama la atención el que tanto los sindicatos de la empresa como el Gobierno de Navarra se interesen exclusivamente porque se mantengan las inversiones en Landaben y digan poco sobre las ilegalidades cometidas por sus directivos contra el medio ambiente y la salud de la ciudadanía. Echamos en falta un planteamiento de profundidad en el cambio que tenga en cuenta ese horizonte de diversidad económica y de soberanía, además de una nueva concepción de la economía consciente de los límites de la naturaleza. 
Sospechamos cierta connivencia en los distintos gobiernos respecto a las prácticas de estas multinacionales, que con su enorme poder pasan por encima de naciones, leyes y de la ciudadanía. Por si esto fuera poco, ahora pretenden ampliarlo con el nuevo y preocupante acuerdo de comercio internacional con EEUU llamado TTIP, que como decía Echenique "Si se aprueba el TTIP, la soberanía estará en manos del consejo de administración de Facebook o Google".

Juan del Barrio (ecologista) y Víctor Abarzuza Fontellas (trabajador, 14 años de cadena)