jueves, 1 de octubre de 2015

CONDE DE RODEZNO

Recientemente, con ocasión del cambio de denominación de la plaza conde de Rodezno de nuestra ciudad, el exdiputado por el PP Jaime Ignacio del Burgo expone en este mismo medio una loable defensa del citado conde de Rodezno, alegando que para justificar políticamente tal decisión la Corporación municipal, así como diversa prensa abertzale, ha vulnerado gravísimamente su honor, al afirmar que “se pone fin al agravio de 50.000 fusilados en su tiempo de ministro de Justicia durante la Guerra Civil, de enero de 1937 a septiembre de 1938”, nos dice que no firmó ni una sola pena de muerte porque todo dependía de la jurisdicción militar, al margen del ministro de modo que todo es una absoluta falsedad.

Lo que no nos dice el señor Del Burgo es que la inmensa mayoría de las ejecuciones no pasaban por ningún juicio, ni militar ni de ningún tipo, vaya un solo ejemplo que tuve ocasión de comprobar por el testimonio de un testigo: el mismo día 19 de julio, una columna de requetés sale hacia Logroño camino de Madrid, en Villamediana de Iregua el responsable requeté mata de un disparo en la cabeza a un vendedor de periódicos, que también vendía prensa republicana y no se había enterado de nada... así que estamos hablando de asesinatos. En Navarra, como en todo lugar donde prosperó la rebelión, mas de 3.000 personas fueron sacadas de sus domicilios y llevadas directamente a matar, estaba absolutamente planificado y fue escrupulosamente ejecutado, las listas las tenían preparadas... era el acuerdo de las organizaciones que se adhieren a la insurrección, como la comunión tradicionalista, la falange, etcétera, con el director de la conspiración, el general Emilio Mola Vidal.

Dice Mola en su instrucción reservada nº 1, “la acción ha de ser en extremo violenta para reducir cuanto antes al enemigo”, no hace falta decir que el enemigo era todo aquel no afecto al movimiento, en otras palabras, sembrar el terror.

Tomás Dominguez Arévalo, conde de Rodezno, era un histórico dirigente del carlismo y, como la junta de guerra carlista, responsable directo en todos esos asesinatos, pero su papel en la preparación de la insurrección es mucho más relevante. Las interminables desaveniencias de Mola con Fal Conde, delegado jefe de la comunión tradicionalista, que ponía excesivas condiciones para la participación del carlismo, fueron resueltas por el conde de Rodezno quien, a instancia de Raimundo García Garcilaso y Antonio Lizarza, recomendó a Mola se entendiera directamente con la junta regional carlista de Navarra y prescindiera de la dirección nacional, se reúne el 9 de julio en Etxauri con Mola, que acepta y poco después se produce la rebelión.

Fue un golpe de estado fascista y sus consecuencias devastadoras, centenares de miles de muertes y medio millón de refugiados en nada diferentes a los actuales sirios.

Hay que recordar que el golpe de estado lo fue contra un gobierno legítimo y democráticamente elegido, el republicano, y este país es el único caso donde la impunidad ha sido absoluta, que un golpista diera nombre a una plaza de nuestra ciudad hasta ahora, que continúen en las cunetas miles de aquellos asesinados 79 años después a pesar de la pobre Ley de Memoria Histórica, tiene una sola explicación, una poderosa razón: seguimos gobernados por los sucesores y simpatizantes de aquellos golpistas.

También yo aprendí a escribir y leer en las escuelas de Vázquez de Mella, pero no solo la franquista Enciclopedia Álvarez, y tuve la oportunidad de hablar en su día con muchos que padecieron aquella locura. Mi mayor deseo al escribir esto, sin acritud, es que nunca más un asesino dé nombre a nuestras calles y plazas, ni en Navarra ni en ningún sitio.

Josu Goñi Tirapu