lunes, 14 de septiembre de 2015

ENTREVISTA A EUGENIO DEL RÍO SOBRE LA HISTORIA DEL MCE

Nos centramos en el Movimiento Comunista, en la historia del MC del que tú fuiste secretario general. La cosa, si no recuerdo mal, empezó con ETA. Tú empezaste a militar en la organización vasca a mediados, finales, de los sesenta. ¿Por qué?
A mediados de la década; en otoño de 1965, exactamente. Nos incorporamos a ETA unos cuantos amigos. Aunque no éramos nacionalistas, pensamos que era posible una evolución de ETA en un sentido crítico al nacionalismo sabiniano y más social. Nos equivocamos.

Nacionalismo sabiniano… ¿Nos lo defines?
Fue una creación de Luis y de Sabino Arana, a finales del siglo XIX, y denotaba una reacción defensiva frente a los cambios que se estaban produciendo en la sociedad vasca, con la industrialización y la consiguiente inmigración. Su idea esencialista de la nación vasca reflejaba un deseo de permanencia de los rasgos tradicionales, que Sabino Arana asociaba a la raza y a la religión; curiosamente, no a la lengua. Tenía en común con el carlismo, además del catolicismo, su carácter antiliberal. Con el tiempo, el Partido Nacionalista Vasco, que se basó en esas ideas, experimentó algunos cambios y en su interior se desarrollaron corrientes más modernas y abiertas a la pluralidad de la sociedad vasca, aunque en la comunidad nacionalista vasca han seguido pesando las ideas etnicistas, supremacistas y antipluralistas.

¿También en la actualidad regirían esas ideas?
La sociedad vasca va cambiando, afortunadamente. Pero esas ideas no han desaparecido. Con frecuencia se han suavizado.

¿No teníais otra opción? ¿O ETA o nada? 
En aquellos momentos, en Guipúzcoa y en Vizcaya, había pocas fuerzas organizadas entre las que elegir. Las que contaban con cierta implantación eran ETA y el PC.

Años después os fuisteis o tal vez os expulsaron de la organización y formasteis un nuevo grupo político. ¿Quiénes formabais ese núcleo inicial? ¿Por qué decidisteis formar un nuevo grupo? ¿El PC de Euskadi os parecería demasiado reformista, demasiado poco revolucionario?
La experiencia no llegó a durar años. Al poco de habernos incorporado se confirmó que en ETA había gente joven muy abierta y con inquietudes ideológicas valiosas, pero otra parte de la organización estaba en una onda más tradicional. En pocos meses se fueron tensando las relaciones y al final de 1966 se produjo la ruptura. El otro sector controló la V Asamblea en la que se acordó la expulsión de nuestro sector.
Inmediatamente nos reunimos, en enero de 1967, y decidimos formar un grupo que inicialmente se llamó ETA Berri (ETA nueva). En ningún momento se planteó la posibilidad de no seguir adelante. La decisión de organizarnos para luchar contra el franquismo estaba tomada; si no era dentro de ETA, sería fuera. 
Al comienzo, los integrantes de la organización éramos sobre todo guipuzcoanos, obreros jóvenes y estudiantes, aunque también había vizcaínos. Año y pico después pasamos a denominarnos Komunistak o Movimiento Comunista Vasco.
En efecto, el PC nos parecía demasiado moderado.

¿Cómo habría que entender lo de “demasiado moderado”? ¿Muy dado a pactos, poco combativo?
En esos años no había pactos. Entendíamos que se situaba fuera de una perspectiva revolucionaria, algo que lo situaba muy lejos de nuestro grupo.

¿Cómo os organizasteis inicialmente? Erais, básicamente, una fuerza política vasca. ¿Es así? ¿Cómo os extendisteis por el resto de España? ¿Os fusionasteis con otro grupos políticos afines o fuisteis a otras zonas a organizar el partido?
Formamos una organización clandestina implantada inicialmente en Euskadi. Pero había gente del grupo en otros lugares como Madrid y Barcelona. Se trataba sobre todo de estudiantes. También de militantes que podían ser detenidos y que convenía que cambiaran de aires, a veces con documentación falsa. Además no tardamos en comprobar que había otras organizaciones con las que podríamos unirnos. Y eso es lo que sucedió en los primeros años de la década de los setenta.
Nos unimos unas cuantas organizaciones implantadas en Aragón (la Organización Comunista de Zaragoza), el País Valenciano (Unificació Comunista), Asturias (algunos de los miembros de este grupo habían pertenecido al Frente de Liberación Popular), Madrid y Galicia (Federación de Comunistas), las islas Baleares (Grup de Formació Marxista-Leninista de Les Illes). Años después vendría la unión con la Organización de Izquierda Comunista, aunque una parte de ella se desenganchó del proceso antes de llevarse a cabo la unidad.
Pese al diferente origen territorial, los distintos grupos pertenecíamos a una misma generación y compartíamos similares virtudes y defectos ideológicos.

Nos cuentas las virtudes.
No siempre es fácil deslindar las virtudes de los defectos.
Con todo, hay algunas muy evidentes, y no solo del MC sino de esa parte de la juventud que, en una u otra organización, se lanzó a la lucha antifranquista. La irrupción de la última generación antifranquista en la primera mitad de los años setenta, pese a que era una pequeña minoría dentro del conjunto de la juventud, fue un auténtico acontecimiento. Esos jóvenes dieron prueba de un sentido de la justicia, de una voluntad y de una generosidad encomiables. En cada organización brotó con fuerza una solidaridad que, en cierta forma, se veía espoleada por las condiciones de la clandestinidad y de la represión.

Después de la transición todo esto cambió.
En lo tocante al MC, pese a estar inmerso en unas ideas que pertenecían en algún grado a un mundo de ficción, lo cierto es que supimos también enfocar algunos asuntos con realismo, y, a la larga, el realismo fue ganando terreno.
Bajo el franquismo, conseguimos montar una organización eficaz y con un buen nivel de seguridad, lo que requirió, además de buenas dosis de valor y abnegación, mucho sentido práctico, creatividad y capacidad realizadora.
Esa primera etapa del MC, la del antifranquismo, permitió reunir en casi toda España un plantel humano con grandes cualidades.

Y después…
En los años que siguieron al cambio de régimen todo fue modificándose. Uno de nuestros logros de los años ochenta fue nuestra dedicación a los movimientos sociales y a plataformas socio-políticas como la Comisión Anti-OTAN o la CEOP, que coordinó a las organizaciones pacifistas. También la sensibilidad para sintonizar con el feminismo.
Creo que fue acertado también en esos momentos que dejáramos  de presentarnos a las elecciones como MC, cuando realmente no contábamos con un apoyo social suficiente.
Eso fue acompañado de una crítica a la actividad política institucional, que era necesaria frente a quienes, en la izquierda, consideraban la labor en las instituciones como algo puramente instrumental y neutro, que no implica problemas especiales. Pero entiendo que, desde la perspectiva actual, me parece que aquella crítica fue excesiva y alentó una especie de refugio en la acción social que, a su vez, tampoco está exenta de problemas. Mi punto de vista actual trata de conciliar la conciencia de la necesidad de una labor en las instituciones con un sentido crítico hacia las servidumbres y vicios que la labor política institucional propicia incluso cuando el factor humano es excelente.
En esos mismos años desplegamos bastantes esfuerzos en la actividad de elaboración, reflexión y formación. Conseguimos desprendernos del lastre del maoísmo y movernos con cierta autonomía en el orden ideológico, abriendo incluso una reflexión crítica sobre el marxismo, aunque he de reconocer que recibimos influencias que no siempre fueron buenas, por ejemplo, la de autores posestructuralistas o posmodernos poco consistentes. Cualquier organización está sometida a la influencia de las corrientes de ideas que flotan en el ambiente de cada período.
Desde mediados de los años setenta logramos tener unas finanzas basadas en nuestras propias fuerzas lo que nos permitió ser realmente independientes.
Puedo señalar también, como un rasgo del MC, una disposición autocrítica, no sé en qué medida muy extendida en toda la organización, pero real. En la última generación antifranquista hubo mucho de autocomplacencia, lo que está reñido con la autocrítica y el necesario impulso para transformarse. Y, desgraciadamente, bastante de eso no ha sido superado.

No seas muy duro con los defectos.
Lo intentaré; a ver si lo consigo.
Como sucedía con las virtudes, compartíamos los defectos de esa hornada de organizaciones de extrema izquierda. Nada muy original: un dogmatismo bastante grande, notables tendencias a fantasear unidas a un insuficiente realismo; una intransigencia y un sectarismo notables; unas acusadas inclinaciones hacia el verbalismo y la gesticulación; unas pretensiones exageradas sobre la importancia de la misión de cada grupo; la idealización de las experiencias de lucha armada; un sentido democrático insuficiente: luchábamos por la libertad y la democracia frente al franquismo pero admitíamos que algunos regímenes revolucionarios mantuvieran un carácter dictatorial…
En la última parte de los años sesenta y en los setenta hubo un movimiento parecido y simultáneo en muchos países. Me refiero a la adhesión a patrones ideológicos internacionales. El temor al vacío, la búsqueda de sentido, el miedo a la soledad… favorecieron el recurso a alguna gran ideología, por lo general en versiones muy simplistas. Se resolvieron así problemas identitarios insoslayables, pero se hizo de manera rígida, dogmática y sectaria. Nos aprisionó y tuvo repercusiones nocivas sobre las formas de pensar y de actuar. Los buenos propósitos se expresaron a través de vehículos ideológicos muy deficientes. Nuestras vidas quedaron marcadas por la decisión de abrazar una u otra ideología. Las decisiones fueron rápidas; las repercusiones, duraderas.
Además de todo eso, que estaba muy extendido, el MC tenía algunos defectos más característicos. Entre ellos la presión ideológica sobre los miembros de la organización. También una desconfianza extrema hacia lo que pudiera poner en peligro la unidad, lo que produjo excesos frente a la manifestación de las discrepancias y una merma de la libertad. Alentamos un clima uniformizador que sin duda produjo amputaciones en la autonomía individual.

¿De dónde vino el nombre de Movimiento Comunista, que, primero, si no recuerdo mal, fue MC de España?
No se barajaron otras siglas. No podía ser Partido Comunista, que ya lo había, pero sí debía ser comunista. De ahí vino el nombre de MCE, que se mantuvo desde 1971 hasta 1976, cuando optamos por MC, al tiempo que las organizaciones territoriales se llamaban MC de Catalunya, de Euskadi, etc.

¿Cuándo fuiste elegido secretario general de la organización? ¿Lo fuiste hasta el final de la formación?
En el I Congreso, celebrado en el verano de 1975. Suprimimos la figura de Secretario General en 1983.

¿Y por qué esa supresión? ¿Demasiado jerárquica, demasiado vieja política?
Sí: eran atavismos de los viejos partidos. Propuse que se suprimiera porque realmente no había necesidad de esa figura y tenía el inconveniente de que introducía una distinción jerárquica indeseable entre las personas que asumíamos mayores responsabilidades y también con el conjunto de miembros de la organización. No me atrevo a decir que en todas las circunstancias sea rechazable el reconocimiento formal de un liderazgo personal, pero siempre tiene algunos efectos negativos y en nuestra organización no hacía falta.

Para que nos hagamos idea muchos años después. Pongamos que estamos en 1975. ¿Cuántos militantes formabais la organización?
En 1975 no lo sé. En el momento álgido, que fue en 1977 y 1978, llegamos a sumar cerca de cinco mil miembros. En los años ochenta, esta cifra fue reduciéndose paulatinamente, sin grandes saltos.
Pues no está nada mal, pero que nada mal. No sé cuantas organizaciones de izquierda tienen ahora ese número de miembros. Por lo demás, ¿qué significaba entonces ser miembro del MC?
Eran miembros quienes, además de estar de acuerdo con los Estatutos y cotizar, estaban organizados y se reunían regularmente, no quienes simplemente simpatizaban. Suponía un nivel de compromiso y de dedicación bastante alto.

Vuestro órgano de expresión era “Servir al pueblo”. ¿De dónde el nombre? Con ojos de hoy, parece o puede parecer un poco populista. ¿Coqueteasteis con esa concepción de mil significados que solemos llamar populismo?

“Servir al pueblo” era el título de una obrita de Mao Tsetung bastante conocida. El periódico empezó a publicarse en la clandestinidad al comienzo de 1972. Ha habido y hay muchas experiencias que han sido conceptuadas como populistas. Generalmente no están adscritas a ninguna de las grandes ideologías. Es una noción especialmente oscura y demasiado maleada por los intereses políticos. En nuestro caso estábamos sumidos de lleno en una ortodoxia marxista, leninista y maoísta, lo que cuadra mal con las experiencias llamadas populistas.

Erais una formación marxista-leninista-maoísta o pensamiento Mao Tsetung. ¿Qué significa entonces ser leninista?
Las organizaciones maoístas de esos años, en general, no se solían identificar como maoístas, como no lo hacía tampoco el marxismo chino. Lo oficial en ese universo era la adhesión a Marx, al que se conocía poco, por cierto, a Lenin, cuyos escritos se leían más que los de Marx, y, especialmente, a lo que se denominaba pensamiento Mao Tsetung, algo que tenía un aire bastante exótico.
La mayor parte de las organizaciones radicales que se fueron formando en esos años en Europa eran marxistas, pero pertenecientes a corrientes ideológicas internacionales diversas: había varias corrientes maoístas y también trotskistas.
Esa adscripción a corrientes internacionales proporcionaba una especie de paraguas ideológico identitario, muy socorrido para unos grupos formados por personas jóvenes que experimentaban esa necesidad. Fuimos carne de cañón para unas ideas absorbentes y a menudo tóxicas que circulaban en aquel mundo convulso y que llegaban más a través de lecturas que de personas de generaciones anteriores.
Cada grupo poseía un horizonte ideológico que daba sentido a su existencia, que le cohesionaba y que le diferenciaba de los grupos competidores, si se puede hablar así. Ese panorama ideológico incluía una auto-representación del propio grupo y de su misión, una llamada línea política, un programa, un modo de concebir la organización y una ideología. Este equipamiento ideológico se consideraba imprescindible.
La influencia del maoísmo en el MC fue especialmente intensa en la primera mitad de la década de los setenta. En la segunda mitad se fue extinguiendo.

¿Tuvisteis ayudas del Partido Comunista chino? ¿Viajaste a aquel país en alguna ocasión?
No tuvimos ninguna relación y no recibimos ninguna ayuda. Tampoco viajamos a China.

¿Practicasteis la lucha armada? ¿Lo discutisteis en algún momento?
Nuestra idea es que algún día habría de llegar, de la mano de alguna grave crisis que, antes o después, no podría dejar de producirse, aunque no necesariamente en el corto plazo. Era un problema muy presente. Estábamos en esa perspectiva, pero no como algo que hubiera que iniciar en esos años.

Formasteis parte de la Plataforma de Convergencia Democrática. ¿No fue la Plataforma un invento del PSOE para negociar con fuerza ante la Junta Democrática?

Sin duda, lo mismo que la Junta Democrática era un instrumento político promovido principalmente por el PCE para mejorar su posición en esos años críticos.

¿Cuáles fueron vuestros principales frentes de lucha en aquellos primeros años de la transición?
Con la transición se fue abriendo paso otro MC. En julio del 77 fue legalizado, quedó atrás la clandestinidad, y la que había sido una organización de resistencia al franquismo intentó actuar como un partido político en un régimen parlamentario concurriendo a las elecciones.
Era algo muy distinto de lo conocido anteriormente. A falta de una mayor representatividad social fracasamos repetidas veces como opción electoral.
Nuestros campos de actividad en los años ochenta fueron variados. Fuimos muy activos en el sindicalismo, dentro de Comisiones Obreras, y participamos en los nuevos movimientos sociales, especialmente en el feminista, aunque también en otros como el de la insumisión frente al servicio militar obligatorio. Nos empleamos a fondo también en las movilizaciones contra las bases norteamericanas y contra el ingreso en la OTAN. Para el MC, fue un período también de una actividad internacionalista muy intensa.
Para el MC, los ochenta fueron años de cambios ideológicos. La experiencia del maoísmo había dejado, como reacción, un empeño por alcanzar una mayor autonomía ideológica, cosa que se dejó sentir a partir de entonces. Recibimos influencias diversas; la del feminismo fue muy destacada.

¿Os presentasteis a las elecciones de 1977? ¿Qué pasó?
Nos presentamos en coalición con otras fuerzas y con bastantes independientes, con fórmulas distintas en cada territorio. Los resultados fueron malos, salvo en algunos casos. En el País Vasco Euskadiko Eskerra, en la que desempeñó un papel destacado el EMK, obtuvo un escaño. En Navarra se inició una experiencia electoral, con ciertos resultados, que no ha cesado hasta hoy.
En las primeras elecciones autonómicas en Cataluña, promovisteis una candidatura de unidad de izquierdas que contó con el apoyo de Sacristán, Paco Fernández Buey y otros intelectuales catalanes. ¿Qué recuerdas de aquella experiencia?
Fue en las elecciones de 1980 al Parlamento catalán y la candidatura se llamó Unitat pel Socialisme, pero mis recuerdos al respecto no son nada precisos.

Vino luego lo de la Constitución y los Pactos la Moncloa. ¿Os abstuvisteis? ¿Hicisteis bien en tu opinión mirado desde hoy?
Hicimos una buena campaña. Descartamos votar no porque había aspectos del texto que nos parecían bien pero quisimos mostrar nuestra disconformidad, absteniéndonos, con el hecho de que se colaran en una única consulta, en un mismo lote, las libertades democráticas y la elección de la forma de gobierno. Era una razón de peso. Y no era la única. Nuestra abstención era también una forma de protestar contra el papel otorgado al Ejército, aunque también es cierto que en nuestra campaña había un acento excesivo en la continuidad con el franquismo.
No sé lo que hubiéramos hecho hoy, pero habríamos actuado con mayor finura.

En cuanto a los Pactos de la Moncloa, ¿por qué no los suscribisteis?
Fue algo muy debatido en Comisiones Obreras. La nuestra era una visión bastante crítica, pero obedecía a consideraciones sobre aspectos muy concretos. Pero mi memoria no me permite hoy ser preciso; tendría que retomar los textos de la época.
¿Qué opinión os mereció entonces la figura de Terradellas? ¿No era un pelín autoritario?
En este caso tampoco soy capaz de reconstruir nuestra opinión de aquellos años; lo siento: hay gente que tiene mejor memoria que yo.

¿Cómo reaccionó el MC ante el 23F? ¿Os esperabais un golpe así?

Así, no. Esperábamos otros golpes. El 23 de febrero confluyeron varios de los que estaban preparándose y eso contribuyó a su fracaso. Por nuestra parte, habíamos dispuesto algunas medidas para poder seguir actuando en el caso de que alguna de las tentativas golpistas en curso triunfara, lo cual no era fácil porque nuestras fuerzas, en la nueva situación, habían quedado muy al descubierto.

¿Estaba implicado el Rey en el golpe en vuestra opinión de aquellos años? ¿De qué modo si la respuesta fuera positiva?
El rey estaba implicado en lo que entonces se llamó la Operación Armada, que perseguía la formación de un Gobierno presidido por el general Armada, con el respaldo del Ejército, y apoyado por los principales partidos. En el 23-F se mezcló uno de los proyectos golpistas duros con la Operación Armada. El rey, según declaró el general Fernández Campo, que entonces era el jefe de la Casa Real, empezó por celebrar el acontecimiento para, a lo largo de la noche, ir virando.

Ya has hablado de ello pero déjame insistir. ¿Qué fue lo más importante de aquellas movilizaciones anti-otánicas y contra las bases USA? Se sumaron muchas personas a ella.
La red de organizaciones anti-OTAN se extendió por toda España y en el período anterior al referéndum de 1986 las manifestaciones fueron grandiosas. Desde el antifranquismo no había habido un movimiento socio-político de ese calibre. Mucha gente que había participado de la actividad antifranquista se movilizó en contra del ingreso en la OTAN, como una continuación de la lucha anterior.

¿Cómo vivisteis el triunfo del SI? ¿Os lo esperabais?
En esto creo que había diferentes expectativas.

¿Y cuál era la tuya?
Me costaba creer que pudiéramos ganar.
Viene luego la fusión o aproximación fuerte a la LCR. ¿Nos explicas brevemente el proceso?
De las principales organizaciones de extrema izquierda, en la segunda mitad de los años ochenta solo quedaban la LCR y el MC. Coincidimos en el movimiento anti-OTAN, en el feminismo, en Comisiones Obreras… Había habido algún acercamiento anterior pero al final de esa década las cosas fueron más en serio. En ambas organizaciones pensamos que había que ver si era posible la unidad. Tras un proceso de discusión de bastantes meses, constituimos una organización unificada en noviembre de 1991.

¿Qué impidió que la cosa continuara? ¿Quiénes rompieron? ¿Ellos, vosotros?
En ambas partes había una voluntad unitaria, pero se trataba de dos organizaciones en la que pesaba mucho su historia particular. Eran bastante distintas, en sus ideas, en lo que les interesaba hacer, en su forma de organizarse y en su cultura asociativa. Además cada una de las dos organizaciones consideraba que lo suyo era mejor que lo de la otra, empezando por sus ideas y por su forma de funcionar.

Para colmo, era un período bastante difícil para la izquierda que representábamos, que estaba bastante marginada.
La unidad formal no echó raíces. Se sucedieron los problemas. Al final no hubo una ruptura unilateral. Ambas partes fuimos entendiendo que lo que compartíamos no era suficiente para cimentar una misma organización.
En los primeros meses de 1993 la unidad dejó de existir y cada cual se fue por su lado.

Has hablado de feminismo. No lo hicisteis nada mal en este caso. ¿O me equivoco?
Fue una de las facetas más destacadas y valiosas del MC post-transición. Tuvo incluso una traducción organizativa, con lo que llamamos estructura autónoma de mujeres, que desempeñó un papel relevante en nuestra actividad feminista y en la transformación del propio MC.

¿Hasta cuándo exististeis como MC? ¿Qué os movió a transformaros en otro tipo de organización?
Tanto la Liga como el MC desaparecieron en noviembre de 1991, cuando se produjo su unificación.
Tras el fracaso de la unidad, el MC acusó un desgaste desigual. Fue particularmente grave en Cataluña, donde la organización del MCC prácticamente desapareció. En los restantes lugares, se mantuvieron nuestras organizaciones, aunque ya con otros nombres y con un carácter más bien socio-cultural, aunque miembros de nuestras organizaciones participaron en la vida política institucional.

¿Se alejó mucha gente con la nueva situación?
Exceptuando el caso de Cataluña, no. Pero prosiguió un desgaste que se venía dando ya en el período anterior y que en parte, y no en todas las organizaciones, se vio atenuado por la incorporación de gente joven.

Ya que hablas de Cataluña, ¿te has seguido relacionando con algunas personas que fueron responsables políticos del MC en aquellos años? Pienso, por ejemplo, en Empar Pineda, Cristina Garaizabal, Ignasi Vila, Gabriela Serra. Añado un nombre de un compañero que ya ha fallecido, un gran amigo tuyo si no ando errado: Ignasi Álvarez.
En algunos casos he mantenido una relación, aunque no con la intensidad anterior. En otros se ha ido produciendo una desconexión. Mientras vivió, siguió en pie mi amistad y mi afinidad ideológica con Ignasi Álvarez, una de las personas más decisivas en la historia del MC.

La pregunta abarca demasiado pero: ¿qué habéis estado haciendo a lo largo de estos años?
A partir de 1994 tomamos algunas medidas para lograr una renovación generacional; en algunos lugares hubo buenos resultados y en otros no los hubo. Lo que fue cuajando a partir de entonces tuvo en todo caso un  sello inter-generacional.
El grueso de la actividad se ha venido dedicando a tareas sociales más o menos especializadas: contra la violencia de género y por la igualdad, con la población inmigrada y respecto a las relaciones interculturales, contra la exclusión social… También se ha mantenido una labor de solidaridad internacional. Y seguimos trabajando en movimientos sociales como el ecologista, el feminista o el sindical.

Un capítulo al que hemos consagrado bastantes esfuerzos ha sido el de la acción socio-cultural y formativa: nuestras publicaciones, las Jornadas de pensamiento crítico, lo que hemos llamado Jovencuentro, las charlas en los locales…
Otro apartado destacado, en fin, ha sido la intervención política, participando en distintas opciones o plataformas, en algunos casos con presencia de miembros de nuestras asociaciones en el ámbito institucional.
Hace unos años dimos el paso de constituirnos en una federación de asociaciones denominada Acción en Red, adoptando así una forma que nos parece adecuada a lo que venimos haciendo. Y en eso estamos.

Tres preguntas para finalizar. ¿Cómo ves la situación política española en estos momentos? ¿Habrá un cambio sustantivo o serán meros recambios?
En términos generales hay que celebrar el agotamiento del bipartidismo y el surgimiento de posibilidades de cambio, de la mano de la aparición de Podemos, con un notable respaldo social. Este es ya un primer cambio valioso.
En poco tiempo hemos pasado del bipartidismo, a un posible sistema de tres partidos principales, y, más recientemente, a uno de cuatro partidos, cada uno con una estimación de voto que ronda el 20%. Para Podemos era preferible el sistema tripartito. Ahora, con el ascenso de Ciudadanos se complican las cosas. Por un lado, le puede restar apoyos a Podemos en esa franja del electorado poco definida pero deseosa de un relevo en el personal político dirigente. Por otro lado, el margen de maniobra del PSOE frente a Podemos va a aumentar al poder negociar también con Ciudadanos. Además, aunque el PP está perdiendo muchos votos de la derecha social, una buena parte los recupera Ciudadanos. Si finalmente llegan a sumarse los votos del PP y los de Ciudadanos, y concluyen acuerdos para gobernar, pueden crearse condiciones para que el PP conserve posiciones que parecían perdidas y para que la derecha se rehaga.

Las autonómicas y las municipales van a dar muchas pistas sobre los apoyos electorales de cada cual y sobre las disposiciones de cara a las alianzas.
En cuanto a las elecciones generales y a las posibilidades de cambios posteriores, habrá que empezar por ver los votos que recoge cada partido. De momento hay mucha volatilidad y los vaticinios son muy inseguros. Pero, si partimos del supuesto de que nadie contará con mayoría absoluta, la magnitud de los cambios dependerá de las alianzas, de las presiones y los límites marcados desde Europa, de la acción de los poderes económicos y financieros, y también de la movilización social. Son muchas variables que distan de estar definidas.

¿Ves nudos de emancipación social en el movimiento independentista catalán?
He comprobado que hay quienes se han sumado a la ola independentista con le esperanza de que de una Cataluña independiente surja un marco social mejor que el actual. No dudo de su sinceridad y comparto su rechazo radical de la conducta política del PP. Pero, personalmente, no veo nada claro que haya de ser así. En esa  hipotética situación de independencia la derecha nacionalista catalana, socialmente nada avanzada, seguiría teniendo mucho peso y la economía podría encontrar nuevas dificultades tanto en relación con la Unión Europea como con el mercado español. Los movimientos de unión nacional que dejan a un lado las diferencias y los problemas sociales no suelen ser un buen camino para alcanzar mejoras sociales.

Si tuvieras que emitir un juicio sobre lo hecho, ¿qué dirías? ¿Hiciste, hicisteis, hicimos si me permites que me incluya, lo que debía hacerse? ¿Volverías a hacer algo parecido si pudiéramos volver al pasado?
En pocas palabras, hicimos lo que había que hacer, es decir, comprometerse contra el franquismo y proseguir nuestra actividad tras la transición. Pero no puedo decir que todo lo que hicimos fue acertado. Cometimos bastantes errores y nos sumergimos en mundos ideológicos cuyos defectos hemos tardado mucho en superar. Puedo añadir que lo volvería a hacer pero de manera parcialmente diferente y con ideas bastante distintas.

¿Quieres añadir algo más?
Agradezco tu interés por nuestra modesta historia. Quizá esta entrevista sirva para animar a quienes la lean a indagar en un período del que algo se puede aprender.

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