martes, 11 de octubre de 2016

QUE VIENE EL TANQUE

Cuando comience el desfile todos en pie. Saluden alegres al tanque, al caza, a la cabra, al himno, al parche de Millán Astray y al Rey. O desen por jodidos. El día de la patria de toda la vida es una excusa para que la España de hoy celebre su deporte nacional de siempre: correr a los malos españoles a gorrazos. El 12-O es mal día para los ateos de banderas, como es mal día para el zorro británico el día de la caza del zorro. La España única, la grande y la que se molesta si eres tan libre como para pasar del juego patriotero, te observará con lupa. ¿Ha sido eso un gesto de desagrado al paso del tanque, caballero? Acompáñeme al tribunal de españolidad, que le voy a hacer un cuestionario. La b) Sanidad pública. Uf, váyase usted a Cuba, hombre. El 12 de octubre es ese día en el que a los ateos de nacionalismo se les riñe, como a niños pequeños que cierran la boca ante la llegada del avioncito –un caza, por supuesto-- que trae una cucharada con dos tazas de más de lo mismo, de la misma simbología vacía que hace de felpudo bajo el que barrer.
Le riñeron a ZP los señores de la guerra locales por no levantarse ante la bandera norteamericana, una, grande y libre por aquella época de fotos que nos sacaban del rincón de la historia. Un gesto de soberanía que no venía a cuento. Qué tendrá que ver la patria con la soberanía, le dijeron, lo que ha hecho usted es una vergüenza en el día de todos los españoles. Un día de todos los españoles, años después, llamaron Pablo a la cabra. La cosa vino de los legionarios que descubrieron en las encuestas que había otra España distinta a la única y que no era pequeña. Un susto de muerte. La ocurrencia en el día de todos los españoles tuvo gran acogida entre la España de bien. Al fin y al cabo era una forma de reñir al ateo con coleta. Y para qué está ese día si no es para reñir a los malos españoles. Vuelven a reñir este año a Carmena –silbada en su primer desfile militar por roja-- o a Pablo Iglesias, por no acudir a la fiesta. Qué oportunidad perdida para una gran pitada nacional que hubiera dejado en bragas los intolerables y quién sabe si ilegales pitos de los Barça-Athletic de Copa. Un gesto inmaduro el de Iglesias, según el ministro del Interior. La declaración del señor ministro, patriota como pocos, no fue silbada sino aplaudida por su ángel de la guarda, Marcelo, tan fuerte que casi pudo escucharse el palmeo fuera de la cabeza de Fernández Díaz.
No. No es de todos. La mayoría de españoles no son bienvenidos a un día y una fiesta tan privatizada como la Telefónica. El día de España es un reducto innegociable de vivas y tanques en el que no se puede entrar con unas gafas que no sean las del nacionalismo vacío. Y no. No es la patria. Si fuera la patria tendría cabida que un caminante, tras la cabra, por supuesto, desfilara recitando los versos de Machado: “En los trances duros, los señoritos invocan a la patria y la venden, el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre”. Lo correrían a palos con el mástil de la bandera, golpe a golpe.

Gerardo Tecé, en Contexto y Acción