domingo, 30 de octubre de 2016

LA GESTORÍA

Ya ha cumplido la primera parte de su papel la gestoría contratada por el tándem González-Díaz-Cebrián. Una primera parte broncoburda y de inevitable impacto mediático. Le queda por cumplir la segunda, la de gestionar la asamblea extraordinaria de la clientela de la empresa: gestionar su posible no convocatoria o su celebración y desarrollo en caso de no poder evitarla. Cómo encauzar el viejo eslogan empresarial de que el cliente siempre tiene razón para que siga siendo verdad tras conseguir que las razones de la clientela coincidan con las de la empresa. Para empezar, tendrán que lograr que la clientela acepte cambiar los estatutos y renuncie a ese derecho que ya había conseguido de elegir directamente al presidente del consejo. ¿En qué empresa se ha visto jamás semejante derecho en manos de la clientela? Difícil misión la de esa gestoría, pero no imposible de culminar exitosamente con los medios tecnológicos de hoy día, capaces de manipular mentes, de hacer aparecer y desaparecer nombres a su antojo de la lista de clientes, de vender peines a cuanto calvo encuentren en el mercado.
En el precedente histórico de este bipartidismo en crisis y caída en barrena, en aquel precedente de la Restauración canovista, quisieron saldar la crisis final, a partir de 1918, con la liquidación del turnismo y la creación de gobiernos de concentración nacional, cuyo fracaso derivó en que el rey diera el gobierno a los militares, a Primo de Rivera. En pocos años hará un siglo de aquello y el tiempo no pasa en vano: hoy, nuevas formas permiten intentar repetir la salvación de un viejo sistema, a eso está llamada la gestoría, sin traumas golpistas de militones. Les basta con los traumas de la Ley Mordaza, de la desinformación sistematizada, de las actuaciones judiciales a la medida del objetivo, para conseguir a corto plazo mano a mano entre los hasta ahora turnistas la sumisión de la política a la economía de las grandes empresas.
Pero la gestoría va a tener que trabajar a fondo en la segunda fase de su misión, no para salvar la gran inmobiliaria que le han confiado en operación de urgencia, sino para la gestión del marco en que se procederá a su ya inevitable derribo de una forma controlada, con los menores daños posibles a sus dueños y señoras, por más sangre que mane de su cautiva clientela.
Todo por la patria, todo por España, y que a su ciudadanía le den un cuerno. No el de la abundancia, faltaría más, que ése es para los verdaderos dueños del cotarro, para banqueros, financieros, gigantes de empresas y para regalos espléndidos a quienes se prestan a dar la cara por ellos en el foro político y en los recovecos y covachas de la administración pública.
Inconmensurable misión patriótica encomendada hoy, no a burdos voceros militares, sino a una gestoría gris pero de imposible discreción, cuyo encomio como epopeya queda en manos de los grandes medios manipuladores de la opinión. Estos, en sus delirios literarios, sólo se resistirán a un subgénero: el de los epitafios.

Bixente Serrano Izko