jueves, 19 de marzo de 2015

FERNÁNDEZ DÍAZ, UN MINISTRO INDECENTE

La caridad cristiana del ministro del Interior le ha llevado a reunirse discretamente con algunos de los guardias civiles imputados por la tragedia de El Tarajal en la que quince inmigrantes murieron ahogados cuando intentaban llegar nadando a Ceuta. Fernández Díaz ama mucho al prójimo, aunque algo menos que a sí mismo, y esa debe de ser la razón por la que el mismo día de autos no presentó su dimisión irrevocable, que era lo que en su lugar habría hecho cualquier persona decente.
La decencia se ha echado mucho a faltar en este caso. Fue indecente que los mandos de la Comandancia de la Guardia Civil de Ceuta ocultaran en sus primeros informes el uso de material antidisturbios contra los inmigrantes que trataban de alcanzar la costa. Fue indecente que el director general del cuerpo Arsenio Fernández de Mesa repitiera esta versión y que anunciara incluso una querella contra los que habían “injuriado” a los agentes. Y fue más indecente todavía que, tras hacerse públicas las imágenes de lo sucedido, admitiera que se había disparado al agua, pero sólo para delimitar la “línea imaginaria” de la frontera. Este señor indecente sigue hoy en su puesto.
Las indecencias se acumularon. Una de ellas fue atribuir la culpa de lo sucedido a los muertos por no saber nadar, tal y como explicaron en distintos momentos desde el delegado del Gobierno en la ciudad Francisco Antonio González hasta el exsecretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez. Éste último, que tampoco ha dimitido, negó que existiera relación causa efecto entre los fallecimientos y el uso de material antidisturbios, pese a reconocer que se habían lanzado 145 pelotas de goma y varios botes de humo. En su opinión, los inmigrantes no calcularon que ese día había pleamar y eso fue su ruina.
Algo más que indecente es que el Ministerio no haya realizado la misma investigación que efectuó la ONG Caminando Fronteras, cuyo informe incluyó entrevistas a 28 supervivientes de la escaramuza así como partes médicos y visitas a los tanatorios marroquíes, donde acreditó los hematomas causados por las pelotas y balas de goma a los heridos y a los muertos. Nuestro caritativo ministro no ha sentido el empuje de interesarse por ellos ni por sus familias, porque una cosa es que sean “seres humanos como nosotros, que tienen el legítimo derecho a aspirar a una vida feliz” y otra muy distinta que tenga que ser aquí donde lo consigan.
La visita de Fernández Díaz a estos guardias civiles para mostrarles su solidaridad es una pura indecencia por dos motivos. En primer lugar, porque si la Justicia concluye que son culpables de homicidio imprudente no habría hecho sino dar apoyo a unos delincuentes. Y en segundo lugar, porque si, como es de sentido común, los agentes se limitaron a cumplir las órdenes de sus superiores, el imputado debería ser Fernández Díaz como máximo responsable de la tragedia. Lo cristiano no quita lo indecente.

Juan Carlos Escudier, en Público