miércoles, 11 de marzo de 2015

A VUELTAS CON LA RELIGIÓN EN LA ESCUELA PÚBLICA

Una vez más, con la nueva ley educativa del PP, se ha desatado la polémica en torno a la enseñanza de religión en la escuela pública y la solución decretada no parece satisfacer a casi nadie. Dentro de esa escuela plural, inclusiva y de calidad, a la que aspira la mayoría social, debería tener cabida sin problema la enseñanza rigurosa de la historia y cultura de las religiones, incluidas las posturas atea y agnóstica, con un espacio curricular específico y profesorado competente. Su necesidad educativa se justifica en razones culturales e históricas y como una ayuda para entender nuestro actual mundo globalizado y complejo.
Si observamos el entorno europeo, la situación dentro de la red pública es que, salvo Francia, en casi todos los países se ofrece algún tipo de contenido sobre religión confesional con distintas variantes y siempre voluntaria para el alumnado. Así ocurre aquí también donde el marco legal lo establece la misma Constitución española de 1978 (arts.16 y 27.3) y los Acuerdos Iglesia-Estado del año siguiente. Sin duda, la primera precisa hoy una reforma, en este punto también, para que se adecúe a los nuevos tiempos. Resulta aparentemente un tanto contradictorio ese art.16 que propone el Estado aconfesional y a la vez mantener una colaboración expresa con la Iglesia católica. En cuanto a aquellos acuerdos, la propia Iglesia en España debería denunciarlos para despejar así toda sombra de privilegio del pasado y en sintonía con los nuevos aires traídos por el papa Francisco. Vivimos en una sociedad muy diferente a la de hace 40 años, más secularizada y a la vez multirreligiosa por multicultural, y está aún pendiente la articulación de un verdadero Estado laico, neutral y garante de la libertad de conciencia y dentro de ésta de la libertad religiosa (la ley orgánica vigente data de 1980). 
No quiero obviar diversas cuestiones colaterales de la actual enseñanza religiosa confesional en las que no puedo extenderme ahora pero que habría que abordar de una vez como, por ejemplo, lo relativo al actual profesorado, cómo se nombra, los puestos de trabajo en juego, etc. También el currículo recientemente aprobado merece una mención particular. Sólo apunto que - no lo olvidemos - son contenidos en perspectiva de fe que, en mi opinión, se tendrían que haber formulado de otro modo para adaptarlos a un ámbito educativo y distinguirlos de una mera catequesis y más si se introduce el aprendizaje de ciertos rezos, que yo no contemplo en la escuela pública. Tampoco el acceso a la realidad en cuanto tal se hace exclusivamente desde la racionalidad científica sino que también desde las artes plásticas y visuales, la danza, la música o la poesía podemos conocer cómo es el mundo. La dimensión trascendente de la existencia pertenece a un ámbito distinto y la experiencia religiosa sin fundamentalismo no va necesariamente contra la ciencia o la razón ni contra la dignidad o la justicia. Y como cualquier otra convicción profunda y radical tampoco puede recluirse al ámbito privado. La fe, que en sí no es ideología, demanda manifestarse, compartirse, comprometerse también social y políticamente en diversas opciones, eso sí, sin imposiciones y en igualdad, siendo escrupulosamente respetuosa con la libertad de conciencia de las demás personas. Y eso es lo que se debería transmitir desde la religión confesional que plantea la LOMCE.
Sin embargo, y centrándome en la etapa de Secundaria por ser la que mejor conozco, lo que supone un grave retroceso es oponer de nuevo "Valores éticos" a "Religión", pues resulta un planteamiento superado en una democracia pluralista. Todo el alumnado debiera recibir obligatoriamente tanto una formación moral común laica - llámese “Valores éticos” o “Educación ético-cívica o ciudadana” - como una enseñanza lo más científica y crítica posible, no confesional del hecho religioso, tal como ya disponía la LOE. Opino que bastaría con implantar esas materias en uno o dos cursos y, además de evaluables, necesitarían al menos dos sesiones semanales para darse con dignidad. Finalmente, respecto a la opción confesional, que de momento obliga el marco legal vigente, no tendría que ser alternativa a nada sino ofertarse como una asignatura optativa más. Y recordemos que esta opción no es sólo para elegir religión católica sino que se deben ofrecer los distintos credos que tienen acuerdo con el Estado y los que los vayan teniendo. Esta propuesta, por supuesto, es abierta y debatible, diferente a la que se ha regulado, pero, en este tema como en los demás de la reforma del ministro Wert, parece que tampoco se ha hablado o escuchado a los sectores profesionales y han primado otros intereses al margen de la educación.

Mikel Aramburu Zudaire, profesor de Filosofía de Enseñanza Secundaria