martes, 16 de febrero de 2016

LOS ANTIDISTURBIOS DE MADRID QUIEREN SEGUIR DANDO GOLPES

Quién iba a pensar que la caverna mediática madrileña terminaría apoyando a un grupo de manifestantes embozados que acorralan y zarandean el coche de un concejal. Recuerden que, hace no tanto, la ya expresidenta del PP en la capital del Estado calificó de «imitadores del matonismo de los seguidores de ETA en el País Vasco» a quienes protagonizaban escraches contra los desahucios. Esos eran otros tiempos. Los buenos tiempos para la derecha española. Desde luego, una época bien distinta a la de ayer por la mañana, cuando decenas de policías municipales, anteriormente adscritos a la unidad de antidisturbios, persiguieron al concejal delegado de Seguridad, Javier Barbero, y al director general de la Policía Municipal, Andrés Serrano. Decían defender puestos de trabajo que jamás han estado en cuestión. Sus gritos de «rojos de mierda» o «perroflautas» y las rojigualdas que enarbolaban dejan claro que el objetivo de la protesta era bastante distinto. El policial se convierte en un flanco más del continuo asedio al que la derecha española está sometiendo al Consistorio que lidera Manuela Carmena.
«Los mismos que antes estaban frente a nosotros y nos lanzaban piedras son los que ahora nos gobiernan». El testimonio, supuestamente pronunciado por un policía anónimo en la tertulia de la emisora ultra «Es Radio», apuntaba a una animad versión que tiene historia. El concejal, que salía de una reunión en el Consistorio, tuvo que refugiarse en un bar hasta que llegó su coche oficial. Ni rastro de la Policía española, que es competencia de Delegación del Gobierno. Además de zarandear el vehículo, los agentes, que no estaban de servicio, llegaron a arrebatarle el móvil a una periodista para que no grabase.
El supuesto origen del conflicto es un aparente problema laboral. Se trata de la supresión de una de las dos unidades centrales de Seguridad (los antidisturbios) y el paso de sus agentes a las unidades de distrito, donde los policías municipales realizan sus labores habitualmente.
Sin embargo, los antidisturbios quieren seguir dando golpes. E insisten en que sus puestos son imprescindibles, a pesar de que Madrid ha vivido perfectamente sin unidades encargadas de disolver manifestaciones hasta hace 13 años, cuando Alberto Ruiz Gallardón se dotó de su propia unidad municipal.
«Nos suprimen por llevar un casco y un escudo», argumentan desde el sindicato policial. Teniendo en cuenta que la Policía española ya tiene a cientos de agentes desplegados en tareas de «orden público», el equipo de Gobierno de Carmena entendió que sus agentes podían hacer una labor más adecuada que colaborar, por ejemplo, en la ejecución de desahucios.
Paradójicamente, la participación de concejales de Ahora Madrid en protestas contra ejecuciones hipotecarias era uno de los agravios que los agentes se dedicaron ayer a radiar a los medios de comunicación. Aseguran que ellos eran los que hacían efectivo que los que no podían pagar la deuda fuesen expulsados de su casa y denuncian tener que enfrentarse con activistas que ahora están al frente de las instituciones.
Por eso, Barbero denunció por la tarde que la protesta tuvo un claro perfil ideológico. A su juicio, se trató de «un ataque político al Gobierno de la ciudad y a su propuesta de cambio» y no una movilización con bases laborales. Además, tratará de investigar los insultos por si consituyesen un «delito de odio» y denunció que esperaba sentirse más protegido por parte de la Policía española, que está en manos del PP. Desde que Ahora Madrid llegó a la Alcaldía, diferentes sectores de la derecha española han demostrado que no aceptan la victoria de Carmena. Y ahí siguen, caldeando el ambiente en la capital.

Alberto Pradilla, en GARA