viernes, 12 de febrero de 2016

LA BATALLA DEL LENGUAJE

Si los cuatro partidos del acuerdo transversal que sustenta el Gobierno del cambio en Navarra no se deciden a librar la batalla del lenguaje (valga la belicista expresión como metáfora nada más), será muy difícil que sea efectivo de verdad ese cambio progresista a tres décadas vista del que hablaba recientemente el vicepresidente Laparra.
Coincido con Manuel Castells cuando en su libro Comunicación y poder dice que la batalla primordial gira en torno al moldeado de la mente, y que la comunicación es fundamental en esa lucha. No hay que ser muy avispado para ver que el neoliberalismo imperante hace mucho que domina esta batalla, con una gestión exitosa de los procesos de comunicación. También el Régimen del 78 en el Estado y el Régimen del Amejoramiento en Navarra han dominado, y siguen haciéndolo todavía, la forma en que sentimos y pensamos, determinando nuestra manera de actuar, individual y colectiva.
¿O es que no han conseguido que interioricemos que aquí gobiernan los nacionalistas, que pretenden imponer el euskera, eliminar el inglés, marginar a los castellanoparlantes, ahuyentar a las empresas y hundir Navarra?
Ante esto veo a los agentes del cambio a la defensiva, sin salir de ese viejo discurso manido y falso. A veces dudo de si son conscientes de por qué, cómo y quién construye y ejerce las relaciones de poder mediante la gestión de los procesos de comunicación, y recelo de que atisben siquiera de qué forma ellos, actores que buscan el cambio, pueden modificar esas relaciones, influyendo en la mente colectiva. Sin esto nunca se va a entrar a librar la batalla del lenguaje, y es apremiante.
No se puede seguir sin responder cuando se propalan esos falaces lugares comunes. El Gobierno de GB, EH Bildu, Podemos e IE es transversal, con vasquistas, nacionalistas españoles y vascos, progresistas, gente de izquierda y hasta alguno de derecha. En las antípodas de aquél que sí hubiera estado solamente unido por el nacionalismo español, y que el Régimen propuso a la desesperada en mayo, formado por UPN-PP-PSN e IU.
No se puede seguir sin rebatir la acusación de “nacionalista” (siempre vasco) a todo aquél que pretende promover la lengua vasca, porque hacer esto es ilustración y cultura, y debiera impulsarlo cualquiera independientemente de su adscripción nacional. Navarra es una rara avis en el paisaje autonómico español, donde hemos oído a Fragas y Montillas hablar casi exclusivamente en gallego o catalán mientras han presidido sus comunidades. Donde partidos como IU y sindicatos como CCOO apoyan allí la inmersión en las lenguas autonómicas, las listas únicas de contratación y las OPE en función de las necesidades de ese sistema educativo.
Hay que responder con rigor cuando el Régimen quiere perpetuar el aberrante e inaudito programa por el que nuestras criaturas tienen que estudiar en inglés las materias escolares, con una introducción escolar precoz y vehicular del idioma extranjero que no se da ni en Francia, Alemania, Italia o Inglaterra, y sí se da en finés y sueco (5%) en Finlandia, como es lógico y natural.
Hay que aclarar a la población que hasta ahora sí que ha habido imposición del PAI a tantos niños de pueblos donde no se oferta otra cosa, y a tantos docentes contrarios a ello tanto en la red pública como privada; mientras que los modelos A, B y D han sido siempre de elección libre por parte de las familias, y lo seguirán siendo mientras la mayoría parlamentaria no modifique la LFV. También se tiene que saber que todos nuestros escolares estudian inglés sin excepción, y que nadie quiere acabar con eso, sino mejorarlo.
Si todo lo anterior nos indica qué intenciones ha tenido el Régimen, porque las proyecta sobre los demás en un conocido mecanismo psicológico, queda más evidente que nunca cuando atribuyen a los demás deseo de hundimiento de Navarra, precisamente ellos que padecen un auto-odio a sus raíces evidente, además de aldeano y cateto.
Aplíquese todo esto a nivel estatal, europeo y mundial, y tendremos más al alcance la tan ansiada y necesaria revolución humanizadora de la política y la economía, hoy facilitada por la autocomunicación de masas, que aumenta las oportunidades de cambio social.
Ojalá nuestros nuevos dirigentes estén a la altura de este desafío. Quienes les precedieron supieron hacerlo bien en este aspecto, aunque terminaron perdiendo el poder, seguramente porque el mensaje sólo es eficaz si el receptor está dispuesto a recibirlo y si el mensajero es de fiar, que no lo era. Espero que ahora sí, y que a los que estamos presididos por una comunicadora, no nos ocurra como dice el refrán, que en casa del herrero…El autor es profesor de Secundaria.

Juan Pedro Urabayen, en Diario de Noticias