domingo, 21 de junio de 2015

EL CAMBIO EN NAVARRA

Los resultados del 24M en Navarra reflejan con mucha nitidez el deseo de cambio de la ciudadanía en el liderazgo institucional de la comunidad. Una mayoría muy significativa de navarros expresaron con su voto esta exigencia de cambio, que debe ser entendida, en primera instancia, como mandato dirigido a sus representantes para lograr la sustitución de UPN al frente del Gobierno de Navarra. Treinta y tres parlamentarios/as, representando a Geroa Bai, EHBildu, Podemos, PSN e Izquierda-Ezkerra, encarnaban la expresión de ese mandato popular. Es cierto que se trata de una expresión plural y no homogénea en su corpus político e ideológico, pero también es cierto que comparten como objetivo  la necesidad de inaugurar un nuevo tiempo en Navarra sin el liderazgo de UPN. La diversidad de las fuerzas del cambio, como se dirá más adelante, hace que en su articulación social y política tenga que ser necesariamente un cambio tranquilo y prudente, capaz de gestionar con sentido común e inteligencia la diversidad, lo cual implica la necesidad de practicar el ejercicio de la autolimitación. Pero la exigencia social del cambio no tiene su fundamento solo en los resultados obtenidos por las formaciones favorables al mismo, sino también en el gravísimo deterioro político-electoral de UPN, que desde el 2007 hasta los últimos comicios del 24M ha perdido aproximadamente 48.000 votos; es decir, más de un tercio de sus votos. Los resultados obtenidos en las últimas forales confirman, además, el agotamiento del proyecto de UPN como alternativa de gobierno para Navarra. En este sentido, muestran también el cansancio de un parte de su electorado habitual con las malas prácticas de gobierno, con  su actitud autoritaria y excluyente respecto a la pluralidad de la sociedad navarra, lo que se ha traducido en una pérdida aproximada de 20.000 votos al Parlamento. El agotamiento del proyecto se ha reflejado igualmente en las elecciones locales, donde el retroceso de UPN en términos de representación local es muy relevante. Hace cuatro años tenía 323 concejales y era la primera fuerza en cuanto a esa representación. Hoy tiene 281 concejales frente a los 297 de EHBildu, habiendo perdido bastantes de las mayorías absolutas que ostentaba en municipios significativos. A la pérdida del peso electoral se le ha de añadir la pérdida de su peso político específico. UPN es actualmente una formación sin posibles aliados, tal y como lo ha podido constatar el candidato Esparza en su tristísima y mal gestionada ronda de contactos, lo cual hace aún más dolorosa la situación. Pero el revés electoral de UPN no significa que el cambio se haya producido y que se conozcan sus contenidos. Solo se ha abierto la puerta para tal pretensión. Los ciudadanos con su voto han posibilitado una vía concreta para que se pueda materializar el cambio, no solo en la política sino también en la sociedad navarra. A la vista de cómo van los encuentros entre las formaciones, el verdadero desafío no es la sustitución de Yolanda Barcina por Uxue Barkos, sino la articulación y consolidación del nuevo tiempo político en torno a un proyecto coherente, razonable y creíble para la inmensa mayoría de la ciudadanía navarra. Respetuoso con la diversidad y la pluralidad interna, con capacidad para promover consensos básicos, tanto en términos sociales como comunitarios, que se sustenten en la voluntad de los navarros y en su capacidad de decidir su futuro, como auténtica comunidad política autogobernada. Los navarros y navarras quieren un cambio tranquilo, sin estridencias, inteligente y prudente. El mayor desafío es convertir la noche del 24M en el inicio de un proceso irreversible, con sus altibajos, pero sin posibilidades reales de una involución, de una vuelta atrás que lleve de nuevo a Navarra a los tiempos de la exclusión y la confrontación. Para ello es indispensable que las fuerzas políticas y sociales impulsoras del cambio sean conscientes de las limitaciones y de las dificultades, que sepan distinguir lo prioritario de lo importante. Que con sentido común asuman, como regla de oro, que su función es resolver problemas y no crearlos, aunque las pretensiones puedan ser legítimas. Como decía antes, además de prudencia el nuevo futuro para Navarra exige mucha autolimitación.    

Xabier Gurrutxaga