viernes, 29 de enero de 2016

EL DEJÁ VU NAVARRO O PORQUÉ HOY EN FERRAZ NO DECIDIRÁN NADA

Aunque llevemos toda la semana esperando al Comité Federal del PSOE que se celebra hoy como si del Oráculo de Delfos se tratase, es más que probable que el domingo nos encontremos en la misma situación en la que estábamos. Las cartas están sobre la mesa desde el 20 de diciembre y ya no hay más manos que repartir. Todos los escenarios posibles ya han sido pensados. Sin embargo, y a pesar de esta obviedad, hay políticos como Pedro Sánchez que se empeñan en comportarse como cuando tienes un antojo y vuelves a la nevera semivacía una y otra vez, aspirando a que esa comida que deseas aparezca por generación espontánea. Lo sentimos, Pedro, pero eso nunca ocurre. El PSOE tiene 90 escaños, el peor resultado de su historia, y solo tres opciones posibles: pactar con Podemos y lograr el apoyo tácito del independentismo catalán (al PNV ya lo tiene en el bolsillo), sumarse a algún tipo de combinación con PP y Ciudadanos o jugarse su futuro inmediato en unas nuevas elecciones, donde no está claro si resistirá o seguirá su menguante trayectoria. Todo lo demás es cuento chino.
Ante el panorama abierto desde el 20 de diciembre uno tiene sensación de dejá vu, como si no fuese la primera ocasión en la que escucho a líderes del PSOE emplear exactamente los mismos argumentos que hoy en día utilizan Sánchez y los suyos. Como si el modelo de posicionarse viniese con sello de fábrica. En concreto, todo el circo ligado a la investidura del presidente español me recuerda demasiado al ambiente que se vivió en Nafarroa después de las elecciones forales de mayo de 2007. Mucha declaración grandilocuente, mucha promesa de cambio, elementos prácticos que contradicen lo afirmado en prensa (Elena Torres presidenta del Parlamento foral con los votos de UPN o Patxi López jefe del Congreso con el aval del PP) y un futuro aparentemente incierto, pero con las vías mucho más acotadas de lo que se quiere vender al público.
Situémonos en términos prácticos. Si el guion sigue según lo previsto, hoy los barones del PSOE le marcarán a Sánchez que puede negociar «a izquierda y derecha», es decir, con Podemos y Ciudadanos, pero con condiciones. ¿Cuáles? La «razón de Estado» y las matemáticas. Y en la primera entra todo, especialmente si se pinta de «unidad de España». El «ala izquierda» de Ferraz, si tal oxímoron es posible, carece de capacidad real de influencia y, en el fondo, las razones de Susana Díaz no son tan diferentes de las de José Luis Corcuera, Joaquín Leguina y el cenáculo de dinosaurios que conspira contra Sánchez desde los platós de 13TV. Tampoco de las del propio secretario general, a quien solo su ambición le puede llevar a situarse en otra posición. Un partido de más de un siglo no sobrevive dejando su futuro en manos de los deseos del primer advenedizo. Así que parece evidente que, en caso de disputa, el jefe termine sometiéndose a los dictados de los que mandan de verdad. Así ha sido siempre y así será.
Si se cumplen estas perspectivas es probable que en un tiempo prudencial toda la aventura de Sánchez termine en el último minuto con una excusa: «con los números que teníamos no podíamos hacer otra cosa». Pueden ser elecciones o algún cambalache con el PP que provoque sospechas y que en Ferraz tengan que justificar con el inapelable argumento de la aritmética. Y, en ese momento, tendrán toda la razón. Se tratará de un hecho irrefutable que el PSOE, igual que el resto de partidos, conocía desde el mismo instante en el que se abrieron las urnas. Y la gente se preguntará: «¿tantas vueltas para esto?»
En este ambiente de titular y retórica resulta fascinante comprobar cómo el antaño maquiavélico PSOE exhibe tal rigidez de cintura. Aunque sea solo por su propia supervivencia. Los tiempos han cambiado y hace falta mucho estómago para tragarse, por ejemplo, que Patxi López es presidente del Congreso por un acuerdo entre dos partidos, PSOE y Ciudadanos, que no suman mayoría. Ya está casi todo dicho. Ahora solo se dosifica.

Alberto Pradilla, en GARA