martes, 17 de julio de 2018

"NO SOLO HACEMOS LO QUE LA SOCIEDAD NECESITA SINO QUE CONTRIBUIMOS A UN CAMBIO"

Visitamos la Universidad Pública de Navarra a las puertas de los Sanfermines. En el camino al despacho de Alfonso Carlosena, rector desde 2015, nos cruzamos con profesoras a las que les resulta extraña esta tranquilidad entre los jardines que en setiembre volverán a animarse con las alumnas y alumnos.
¿Qué función tiene la Universidad en la sociedad de hoy?
Hemos pasado de ser una institución que formaba personas más cualificadas a actuar como agentes de desarrollo económico y social. La razón de ello es que a nuestra función formativa se le ha añadido una función investigadora, de transmisión de conocimiento, de extensión universitaria, incluso estamos implicados en la creación de empresas de base tecnológica.
¿Cuál es su modelo propio?

Es una universidad pública bastante generalista. Ha tenido un peso importante de las ingenierías, pero en los últimos años cubrimos otros ámbitos con grados que tienen que ver con las ciencias y la biomedicina. Estamos planificando un nuevo grado sobre relaciones internacionales, historia y humanidades. Nuestra actividad debe ser local, nacional e internacional, pero uno de nuestros objetivos claros debe ser la contribución al desarrollo regional.
¿Qué retos y carencias tienen?

Curiosamente en España las universidades son financiadas por las comunidades autónomas; sin embargo, el marco legal es nacional. Venimos abogando por un cambio en ese marco que nos dé un nivel mayor de responsabilidad y autonomía. Luego, en particular, en la UPNA tenemos un problema de renovación generacional. La universidad nació hace 31 años y sobre todo en el personal de administración tenemos una concentración muy importante de personas de entre 50 y 55 años, que se jubilarán en 10-15 años y que hay que renovar. En el profesorado también se da esa circunstancia. La estructura administrativa estaba pensada para una época en la que la universidad era diferente. Ahora ya es diferente y lo será todavía más. Entonces, es una oportunidad para cambiar. Otro reto tiene que ver con la digitalización. Ahí están cuestiones como la introducción de una forma mucho más sistemática de nuevas tecnologías y de formación on line. Siendo una universidad presencial, es algo que tenemos que incorporar cada vez más. La UPNA también tiene un reto importante que habrá que ir resolviendo que tiene que ver con la ordenación urbanística del campus, que lleva pendiente muchos años. En la crisis se paralizó y hay que abordarlo, para que la universidad pueda desarrollarse con nuevos edificios.
¿Ya se ha superado la crisis?

Estamos en una situación presupuestaria similar a la que teníamos hace 10 años. Pero todavía no estamos en una situación que sería la deseable. Hemos mejorado, sobre todo estos tres últimos años, pero la Universidad tiene nuevos retos y desde el punto de vista de la financiación hay otras necesidades.
¿Cómo va la implantación del grado de Medicina?

Estamos trabajando en el desarrollo académico, que tiene que derivar en la propuesta de la memoria de verificación, que es lo que debe ir a la agencia nacional para obtener la verificación y poder impartir el grado. En el trabajo académico vamos bien. El estudio de viabilidad estará finalizado dentro de pocos días y nos dará una idea de cuáles son las necesidades financieras. Si todo va bien, podría estar en marcha para el curso 2019.
¿Qué supone este paso?

Siempre he defendido Medicina porque es bueno para la Comunidad de Navarra. Por una parte, para responder a la gran demanda de estudiantes y, por otra, para un fortalecimiento del sistema público de salud. Desde el punto de vista de la Universidad supone una complejidad enorme, un cambio radical en la estructura.
¿Cuántas alumnas y alumnos estudian en la UPNA?

Hay bastante equilibrio, con un poco más de mujeres. Depende del año. Cada año entran unos 1.800 alumnos y salen otros tantos. En titulaciones que tienen que ver con la salud o con cuestiones sociales hay una mayoría muy evidente de mujeres y, en la ingenierías, de hombres. Tenemos muchas actividades de difusión de nuestra labor donde podemos promover que haya más mujeres en la ciencia.
¿Qué oportunidades de empleo tienen los alumnos?

La empleabilidad es muy alta. Es difícil dar datos precisos, sobre todo porque hay muchos alumnos que están fuera del país. De entre los estudiantes que hacen prácticas en empresas a través de la Universidad una vez terminada la carrera, un 66% continúa trabajando allí.
¿Qué relevancia tiene la internacionalización?

Es una de las cuestiones en las que todas las universidades estamos muy implicados. Es algo que ha sido muy natural en la parte investigadora. En cuanto a los alumnos estamos haciendo un esfuerzo para intentar que la mayoría puedan ir a otros países. Aparte de los programas Erasmus, en los que somos líderes en la concesión, tenemos programas con Sudamérica, Asia y Norteamérica. Un 27% de los alumnos se ha movido. Tenemos convenios con 300 universidades en 50 países. En la cooperación al desarrollo hay movimiento a África.
¿Qué trabajo realizan en el Grupo 9 de Universidades?

El G9 es una asociación de universidades donde compartimos experiencias. Además, nuestras iniciativas sirven a todo el sistema universitario español. El otro lugar en el que estamos, el Campus Iberus, es un modelo de agregación de universidades donde hacemos grados, másteres y proyectos de investigación comunes o concurrimos a convocatorias europeas juntos. Un éxito reciente ha sido traer estudiantes de doctorado de alto nivel con financiación europea.
¿Qué aportación le gustaría realizar personalmente?

He intentado transformar la Universidad para que sea un motor de desarrollo económico y social y para que conecte mejor con el entorno. Que desde fuera se vea como una entidad cercana que aporta mucho. Siempre nos han acusado de ser la torre de marfil, de vivir para nosotros mismos, pero creo que eso ha cambiado. No solo hacemos lo que la sociedad necesita sino que intentamos cambiar la sociedad.
¿Cuáles son las líneas de investigación más importantes?

Los problemas son multidisciplinares, por lo que hace unos cinco años creamos institutos para abordar la investigación multidisciplinar. Tenemos un instituto de ciudades inteligentes, otro de materiales avanzados, un tercero de economía y negocios y otro de cadena alimentaria. Hay dos más en fase de definición, uno de biotecnología y otro de humanidades.

«Ha aumentado la oferta tanto en euskara como en inglés»
¿Qué novedades tienen para el curso que viene en cuanto a titulaciones?

Las cuatro titulaciones que se implantan son Ciencias, Ciencia de datos, Biotecnología e Ingeniería biomédica. Tenemos, además, títulos no oficiales nuevos. Y ha aumentado la oferta tanto en euskara como en inglés. Tenemos 18 grados más los cuatro del año que viene, y las combinaciones de doble grado.
¿Cuál es su oferta en euskara?

En torno al 15% de asignaturas se pueden cursar en euskara (en inglés, un 16%). En la oferta para el año que viene ha crecido más el euskara que el inglés. Tenemos un plan director de euskara y lo que intenta es que esté presente en la propia vida universitaria, en todas las actividades. No ya tanto por una cuestión de demanda sino porque es una lengua propia. En investigación el lenguaje dominante es el inglés, pero también hay sitio para el euskara. Esto es algo presente frente a una visión a veces simplista que plantea tener grados en euskara. Planteamos que el estudiante pueda hacer casi su propio menú, donde pueda combinar castellano, euskara e inglés. La idea es tener una oferta suficiente que la vamos consiguiendo poco a poco de manera desequilibrada, porque hay grados donde es más fácil y otros donde es más difícil. Además, no suelen coincidir con aquellos donde hay más o menos demanda. Pero eso es muy difícil de resolver. Buscamos que los alumnos puedan preservar el uso del euskara y mejorar sus habilidades en esta lengua también desde el punto de vista de la empleabilidad.
¿Qué conocimiento del euskara tienen alumnas y profesoras?


Redondeando mucho, un 30% de los alumnos entran con un conocimiento alto o muy alto de euskara. Hace 10-15 años eran un 20%. Un 15% del profesorado puede impartir clase en euskara y un 10% lo hace. Los datos varían mucho por centros y por titulaciones. Resulta complicado hacer planificación, sobre todo en el ámbito donde se critica que no hay mucha oferta en euskara, en la salud, donde ya de por sí es muy difícil encontrar profesorado.
Maider Iantzi, en GARA

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