martes, 21 de enero de 2014

LA CRUZ DE BUÑUEL, TODA LA VIDA A CUESTAS

Dolores tenía tres años, cuando el día 25 de Julio de 1936, a las doce de mediodía, Manuel Garasa, Tomás García, Rafael Oiz  y Gregorio Sainz sacaron del Ayuntamiento de Buñuel a su padre Gregorio atado por su corazón a Fausto, Julián y José para llevarlos a quién sabe dónde para arrancarles la vida. El pleno de los miembros del Ayuntamiento sublevado los había sentenciado a muerte.
Acabada la guerra al pueblo lo dividieron entre vendedores y vencidos, en medio de una paz conquistada con el uso del terror y la violencia y que hubo de mantenerse sin remedio con la hipocresía y el silencio. 
Cuando Dolores tenía diez años quienes tenían sometida a su madre a la resignación y a la ausencia, colocaron una cruz de piedra en la puerta de la Iglesia con la que le recordaban que su marido era un malhechor. Una lista de nombres esculpida certificaba que solamente quienes estaban en la cruz eran los hombres buenos que habían muerto cuando la guerra. A Dolores también le hicieron entender en ese ambiente en el que no le estaba permitido preguntar porqué habían matado a su padre, que los demás muertos, los muertos como su padre habían sido los hombres malos del pueblo y que estaban bien muertos. 
Siendo joven Dolores salió del pueblo de la misma manera en la que tuvieron que salir otros muchos huérfanos del pueblo y la cruz desapareció de sus pesadillas. Aquí quedó su madre con su abnegación a cuestas y otras tantas mujeres viudas que como ella que tuvieron que callar. Mujeres a las que la cruz les recordaba cada día quienes eran los unos y los otros. 
Setenta y cinco años después del día aquel en el que asesinaron a su padre Dolores volvió al pueblo. Se hacía un homenaje popular a todos los inocentes que habían asesinado aquel verano de 1936. Un acto en el que el el señor alcalde Joaquín Pórtoles, dando muestras de su calidad humana, negó las sillas propiedad de común para que se sentaran las huérfanas que asistieron al acto. Ese día de nuevo el mensaje de la cruz en el mismo lugar en el que la recordaba arremetió contra la mujer y le renacieron todas las sensaciones que le agredieron cuando era joven y hasta que salió del pueblo. 
Dolores, comprobó hablando con otras huérfanas que también se sentían ofendidas por la dichosa cruz y que no era ella únicamente la que se sentía agredida con su presencia. Algunas mujeres le dijeron que temblaban cada vez que pasaban por delante de la cruz para entrar a la iglesia y más ahora que el nuevo párroco le había cerrado la puerta de la sacristía. Recordó que la cruz no era inocente, nunca había sido inocente a lo largo de la historia.
Se aseveró que aquella cruz era una infamia violenta y terrorífica y se sintió con la obligación de acabar con la mentira que representaba porque aquellos hombres que allí aparecían no eran los buenos si no que eran algunos de los que se había levantado para asesinar a sus vecinos.
Dolores escribió al Ayuntamiento para que quitaran la cruz con arreglo a la Ley apelando a la dignidad de quienes fueron asesinados en su nombre. En la Casa Consistorial nadie tuvo nunca la deferencia de contestarle porque allí se contesta a quien se quiere.
Tras este relato, con este escrito, en mi propio nombre y representación me quiero dirigir personalmente a: Joaquín, Javier, Santiago Francisca, Antonia, José y Gonzalo. Alcalde y concejales de Buñuel en estos términos: 
1/ Yo sé que la ignorancia que vosotros tenéis de todo lo que ocurrió en nuestro pueblo en aquel verano de 1936 es todavía más grande que los propósitos que almacenáis para que no disminuya vuestra inopia. 
2/ También sé que todos vosotros sin casualidad y sin excepción sois herederos de aquellos de ideales que mandaron matar y de aquellas manos que mataron y lo sabéis y porque lo sabéis lo negáis. 
Y en relación a la cruz quiero dejar constancia de que:
 Entre los treinta nueve hombres que hay en la cruz algunos son hombres que siendo de izquierdas murieron porque fueron obligados a ir a la guerra en la que no querían participar. 
Hay hombre que están en la cruz pero que fueron ejecutados por los mismos que los reconocieron. 
Como la realidad siempre es inapelable estoy seguro de que aunque los tribunales con más desgana que justicia en estos momentos digan lo contrario, estoy convencido, porque no podrá ser de otra manera, que algún día esta cruz maldecida y maldita caerá porque algún consistorio con equidad y sentido entenderá que hay que quitar del centro de nuestro pueblo la vergüenza que nos substancia y nos identifica en el mundo entero pero que en realidad no representa más que a los fascistas y a los ignorantes aunque de los unos y de los otros los tengamos a pares en nuestro pueblo. 
En estos días cuando Dolores todavía no sabe dónde dejaron asesinado el cuerpo de su padre aquel día que se lo llevaron y en el que nació la angustia que le ha acompañado durante toda su vida, vosotros, con vuestras artimañas, desde esa mirada ciega que tenéis de la verdad que os trasmitieron, habéis hecho tan bien la cuenta de vuestra victoria, que ahora, sin tener valor para entregarle a esta mujer huérfana la minuta cara a cara, le habéis pasado las costas del juicio en el que lo sentenciaron a muerte.
Esta conducta solamente tiene un nombre.

Pedro José Francés.

1 comentario:

Edurne Iribarren dijo...

¡Cómo me gustaría dar un abrazo solidario a Dolores! Vaya desde aquí mi deseo y, si se hace algún acto ahí estaré!
Edurne Iribarren de Otsagabia.