miércoles, 4 de julio de 2012

¿HAY UNAS IZQUIERDAS CAPACES DE ENTENDERSE?


Apenas han pasado once meses desde la constitución del gobierno. Las crisis, las desavenencias han sido continuas. Sin embargo, el desenlace final ha tenido un toque de sainete. La presidenta Barcina, mediante el policía foral de turno, a las 12,30 de la noche, después del partido de fútbol le envía el recado de la destitución fulminante a su vicepresidente primero del gobierno y secretario general del PSN Roberto Jiménez. Este gesto reflejaba el deseo gratuito (y erróneo) de humillar.

El fracaso era la hipótesis más previsible de un pacto contra natura y en un contexto de crisis económica aguda. Nuestra valoración, desde una perspectiva de izquierdas, era muy negativa. Ya lo decíamos cuando se formó el gobierno: “Es un gobierno diseñado bajo la égida de UPN como no puede ser de otra forma dada la correlación de fuerzas. Se impone una política económica de recortes sociales y del gasto público que repercutirá negativamente en el bienestar de la mayoría, en una desatención mayor para los sectores más necesitados, sin una reforma fiscal que grave a las rentas más altas y a los beneficios empresariales. Se refuerza el carácter frentista, alejado de la perspectiva de una convivencia pacífica de identidades nacionales (…) Al dar este paso, el PSN se sitúa en una posición muy subordinada y hace dejación de ser alternativa de izquierdas, sin una necesidad apremiante que lo justifique” (Berrituz nº 29).

La ruptura es un fracaso que les afecta a los líderes de ambos partidos. Para llegar a esto en tan breve período de tiempo no hacían falta tantas alforjas. El futuro nos aclarará hasta dónde llegan las consecuencias del fracaso.

Y ahora ¿qué?

Podemos contemplar varias hipótesis ante la situación actual. Ahora bien, teóricamente sólo son posibles algunas de ellas. Veamos.

UPN-PSN, sea bajo la variable ya fracasada de gobierno de coalición o bajo la vieja fórmula de apoyo exterior del PSN previa negociación de los presupuestos. El problema del gobierno emergente no sería su carácter minoritario –como se repite a menudo- sino que parece difícil de reeditar, teniendo en cuenta que en el pasado este modelo descansaba en un acuerdo entre el centro-derecha y el PSN. Mientras que ahora parece que se han roto los puentes y que será muy difícil darle la vuelta a corto plazo por más que presionen ex-altos cargos del PSN o determinadas élites navarras.

Otra posibilidad, la coalición entre PSN, Na-Bai, Bildu e Izquierda-Ezkerra. Su realización es casi imposible en estos momentos a tenor de la realidad y de las manifestaciones de Bildu y del propio PSN.

Intentar por parte de UPN seguir con un gobierno minoritario hasta 2014. De nuevo, nos encontramos con que sin el beneplácito del PSN es muy difícil esta salida, pues a la dificultad técnica del evento se le sumaría un machaque político que lo haría insostenible, si la oposición decide una política de acoso y derribo frente a un gobierno sin apoyos suficientes.

Y finalmente, las elecciones anticipadas para otoño o primavera. Parece la opción más probable.

Los problemas de fondo

Más allá de los dimes y diretes, de la confrontación cotidiana, del anecdotario… se ponen de relieve los problemas de fondo que laten tras la crisis de gobierno y que la condicionan por completo.

En primer lugar, la crisis económica y social. De un lado, nos encontramos con un gran deterioro económico de la hacienda navarra, con un goteo continuo de datos negativos, con la caída de ingresos (más de un 13,5% desde 2008), con el aumento desmesurado de la deuda pública. Y de otro lado, con unos recortes sociales que están provocando un gran rechazo social como lo podemos comprobar en la última huelga general convocada unitariamente y respaldada masivamente, en las sucesivas huelgas y manifestaciones habidas en educación, sanidad, etcétera. Estas protestas han creado un clima de malestar y de alarma social. Sin duda, esta es la causa principal de la ruptura socialista con UPN, ya que le afecta de lleno a su base electoral.

El deterioro económico es un tema de envergadura. ¿Hasta dónde llega? ¿Puede cuestionar la imagen de la prosperidad navarra que ha sido la piedra angular del modelo sostenido por el centro-derecha y el PSN durante las últimas décadas?

En segundo lugar, aparece el nuevo escenario político tras la desaparición de ETA. Este dato rompe el corsé que atenazaba a la representación política de Navarra, al hacer imposible un acuerdo entre la izquierda abertzale y el resto de las izquierdas navarras. Con ello se distorsionaba la realidad y nos avocaba automáticamente al modelo bipartidista practicado por el centro-derecha y el PSN.

Ahora desaparece el automatismo bipartidista, se abre otro horizonte y teóricamente aparecen otras posibilidades, que son muy difíciles de plasmar, que están inmaduras, pero que nos obligan a explorarlas y que un día se harán realidad. Ahora el PSN es más libre para optar. Puede decantarse hacia otro modelo gubernamental diferente del pergeñado durante estas décadas.

Tercero, se constata la dificultad del centro-derecha para conseguir una mayoría parlamentaria suficiente. Este hecho se ratifica en las últimas confrontaciones electorales (23 parlamentarios de UPN-PP sobre 50). Y es el motivo de que Yolanda Barcina no haya convocado de inmediato elecciones anticipadas. Y ésta era la razón de la ruptura del pacto con el PP auspiciada por Miguel Sanz.

Hemos de reconocer que esta tendencia negativa para el centro-derecha se puede invertir fruto del miedo ante futuro y la incertidumbre que puede propagar y utilizar la derecha. Y también ante la incapacidad de las izquierdas para forjar una alternativa de gobierno seria y creíble. Igualmente, es cierto que, si se produce una mejora de la situación económica, pueden cambiar las tornas para el gobierno.

Cuarto, nos encontramos con la dificultad de UPN para ofrecer una imagen más centrada y, en consecuencia, para hacer más fácil el entendimiento con el PSN.

El rumbo impulsado por Miguel Sanz mediante la ruptura del pacto con el PP estaba pensado para una eventualidad como la actual: alcanzar un acuerdo de gobierno estable con el PSN en el supuesto (previsible) de no contar con una mayoría parlamentaria suficiente. Pero no ha habido sosiego ni confianza en el proyecto por parte de la nueva líder de UPN. Sanz trazó el rumbo, mas Barcina no estaba de acuerdo o no veía claro el resultado. En las forales se contrastó la primera prueba. No hubo claridad en los resultados. Y Yolanda Barcina, que no podía ocultar sus simpatías por el PP, no le dio continuidad y a las primeras de cambio volvió al pacto con el PP en las elecciones generales, que cosechó un resultado más bien negativo y bastante alejado de las expectativas previstas. La división entre Sanz y Barcina era pública y notoria. De este modo, el electorado de centro-derecha no ha tenido tiempo de emitir su veredicto, se ha sentido desconcertado. Demasiados vaivenes, poca claridad, división entre sus máximos líderes, una crisis económica y social que pesa como una losa, la necesidad de adaptarse al nuevo tiempo sin ETA (los diversos promotores políticos, económicos, mediáticos del modelo bipartidista imperante en la democracia y útil para su proyecto de sociedad necesitan alumbrar otro instrumento). Para colmo, si Yolanda Barcina sale muy tocada de la crisis, UPN puede tener un problema de liderazgo y una crisis peligrosa.

Quinto, la difícil posición del PSN. Este partido se encuentra con una doble realidad, cuya solución es muy difícil de gestionar con acierto.

En el electorado socialista hay una doble querencia ante las alianzas para la formación de gobierno, que suele bascular en función del clima social y electoral existente. Lo han reflejado muy bien las encuestas. En 2007 una mayoría clara de los votantes socialistas prefería la alianza de gobierno con las izquierdas y con el nacionalismo-vasco y, en cambio, en 2011 otra mayoría  mayor era partidaria de pactar con UPN. Hasta ahora, la existencia de ETA así como la solidaridad natural entre fuerzas políticas acosadas y amenazadas por el terrorismo le hacían inclinarse al PSN hacia el pacto con el centro-derecha. Ahora esto cambia ¿Cómo evolucionarán las dos sensibilidades existentes en su cuerpo electoral?

De otra parte, la posición central ocupada por el PSN le daría diferentes bazas negociadoras, si contara con un liderazgo asentado y claro en el centro-izquierda navarro. Podría pactar a su izquierda y a su derecha, con navarristas o con nacionalistas-vascos. Pero su persistente declive electoral desde 1995, reflejado de modo muy evidente en las últimas elecciones forales, transforma este bien en un problema. Me refiero a su situación de subordinación ante UPN (19 parlamentarios frente a 9 del PSN), que debilita su posición ante el centro-derecha y a la escasa diferencia ante Na-Bai (8 parlamentarios), Bildu (7), Izquierda-Ezkerra (3), que incrementa los problemas para hacer prevalecer su hegemonía en un hipotético gobierno alternativo… De este modo, el PSN queda en una posición donde, haga lo que haga, todas las salidas son malas o problemáticas.

Otro de los debates actuales es si habrá o no una debacle electoral del socialismo navarro. No es la primera vez que se genera una controversia similar. Ya se produjo tras el fracaso del gobierno alternativo en 2007 y un año más tarde, con el empuje del efecto ZP en las generales de 2008, todo quedó en agua de borrajas. No obstante, me parece pertinente preguntarse si habrá un cambio sustancial del mapa electoral navarro basado en tres grandes corrientes político-electorales en detrimento del socialismo.

Y, por último, uno de los problemas de fondo más importantes reside en la incapacidad política mostrada hasta la fecha por las izquierdas navarras para articular una alternativa frente al centro-derecha navarro aun contando con suficientes apoyos parlamentarios.

De hecho, actualmente hay apoyos parlamentarios suficientes para plantear una moción de censura. Y, sin embargo, parece inviable. Bildu exige elecciones anticipadas ya. ¿Para qué? ¿Para desalojar a la derecha del gobierno e instaurar una alternativa de centro-izquierda? Ya hay apoyos suficientes ahora. Lo  plantea, porque espera obtener réditos (para sí y para el conjunto del nacionalismo-vasco) de su añorada debacle socialista. El PSN le contesta que todavía no ve a Bildu maduro para alianzas de envergadura como la que requiere la formación de gobierno. G-Bai se apresura a expresar su profunda desconfianza en el PSN para formar dicha alternativa; y no puede ocultar que intenta recabar votos en la cultura antisocialista alimentada estos años por el antiespañolismo y por el radicalismo de izquierdas (con razón en unos temas y también con buena carga de sectarismo).

Con semejante panorama es muy fácil imaginar cuál será el mensaje central de UPN y de sus medios afines: “o yo o el caos”, “no hay alternativa creíble al centro-derecha”. Y tratará de erosionar electoralmente al PSN y quizás a la otra fuerza del centro-izquierda (nacionalista-vasca) con argumentos muy eficaces como la “estabilidad”, “la responsabilidad”, “la seguridad propia frente a la incertidumbre o el caos de los otros”.

Por estas razones, me parecen un brindis al sol las soflamas a favor del cambio, si no se reconocen con claridad los problemas del centro-izquierda navarro para forjar una alternativa y si no se afrontan con seriedad los instrumentos del cambio. Y, a día de hoy, no veo esta actitud en las fuerzas nacionalistas-vascas. Tampoco veo un PSN con un rumbo claro de izquierdas y en condiciones de co-liderar el cambio necesario y de crear un clima positivo que arrastre al nacionalismo-vasco a un proyecto integrador, de fuerte preocupación social y coherente frente a la derecha. Y aquí es donde tropezamos con la incapacidad de la política (por parte de las izquierdas) para desatascar los problemas de fondo y para tomar un rumbo acorde con los cambios y las necesidades actuales de nuestra sociedad.

Sin embargo, ésta es la cuestión. Planteada, además, con una gravedad acuciante, pues están en juego la consolidación del Estado de Bienestar y una salida social y justa a la crisis. Este es el principal reto de las fuerzas partidarias de una alternativa al centro-derecha: reconocer la realidad navarra, marcada por la profunda pluralidad identitaria fruto de los diferentes sentimientos de pertenencia, que provoca la fragmentación político-electoral existente en el centro-izquierda; tomar conciencia de que si no se logra la unidad de todas estas realidades fragmentadas no hay alternativa al centro-derecha; preparar un programa mínimo que afronte los grandes problemas actuales de nuestra comunidad con la vista puesta en las mayorías sociales y en los sectores socialmente más desfavorecidos; construir una cultura de entendimiento entre las izquierdas, que supere las desconfianzas innecesarias y al mismo tiempo que sepa gestionar las diferencias reales que responden a la heterogeneidad nacional o a la pluralidad de proyectos en la izquierda, que tenga una voluntad sincera, lúcida y firme de hacer frente a los problemas y de no arredrarse ante sus respetivos hooligans.

En esta dirección camina Izquierda-Ezkerra (n) y debe hacerlo, a mi juicio, con toda contundencia. La gravedad de la situación lo exige. Ahora bien, si somos realistas no podemos menos que ser pesimistas a la hora de encauzar bien este problema de tan vital importancia.  Tiene que haber una presión muy fuerte de la opinión pública de izquierdas para que se produzca un giro radical en el centro-izquierda navarro y superar la actual incapacidad de la política para el entendimiento.

Si no es así (y es lo más probable), desde Izquierda-Ezkerra deberemos continuar impulsando la crítica seria desde las instituciones y desde la calle, la movilización social, la máxima unidad sindical y de todas las plataformas sociales (frente a las divisiones sectarias que debilitan la defensa de la justicia social y del Estado de Bienestar), impulsando las plataformas sociales existentes contra las hipotecas, a favor de la renta básica, de la dependencia, las experiencias sindicales unitarias realizadas en las áreas de educación, sanidad, etc. Conscientes de que esta articulación unitaria entre gentes diferentes y partidarias de la justicia social y de la defensa del Estado de Bienestar son una de  las claves para construir la alternativa de izquierdas y el mejor camino ante la agresión social que sufrimos. Y conscientes de que pueden ejercer una presión a favor de la unidad del centro-izquierda que dé cauce al enorme malestar existente y que genere expectativas positivas ante el desconcierto actual.

Solo así haremos frente al gobierno de UPN aquí, a la política derechista del PP y a la hegemonía conservadora imperante en la Unión Europea que marca hoy las grandes decisiones y que es necesario cambiar desde la izquierda. Esta última cuestión es el principal condicionante en la actualidad y merecería una reflexión más extensa que su simple enunciado.
Jesús Urra, en Berrituz

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