lunes, 15 de junio de 2020

LA IZQUIERDA CONTRA EL MITO DE SÍSIFO: POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL ROMPER LA HEGEMONÍA DE LA DERECHA EN GALICIA

En menos de un mes —el domingo 12 de julio— Galicia volverá a las urnas. Si todo va bien y un rebrote en la pandemia de la covid-19 no lo impide —es la primera comunidad que entrará en la nueva normalidad—, será la cuarta vez que la izquierda y el nacionalismo se enfrenten al mandato de Alberto Núñez Feijóo desde que el líder del PP gallego heredara la afinada maquinaria política de Manuel Fraga.

Las encuestas no alimentan la esperanza de quienes desean un cambio, si bien la insólita concurrencia de elementos tan impredecibles como una pandemia y una convocatoria en pleno verano complican las predicciones. Lo que sí sabemos es que en casi 40 años de autonomía y 10 elecciones al Parlamento la derecha sólo ha cedido el poder en una ocasión: durante los cuatro años de Gobierno de coalición entre el PSdeG-PSOE y el BNG (2005-2009). ¿Por qué a la izquierda —en su versión estatal y en su modalidad nacionalista— le resulta históricamente tan difícil alcanzar apoyo suficiente como para desbancar al PP de la Xunta de Galicia?

Sobre la respuesta a esta pregunta difieren las personas con las que ha hablado infoLibre. De un lado están los analistas políticos, que advierten de la existencia de motivos de fondo, así como los protagonistas de la única excepción a la regla, Emilio Pérez Touriño (PSdeG-PSOE) y Anxo Quintana (BNG), presidente y vicepresidente del Gobierno bipartito que gobernó Galicia entre 2005 y 2009 gracias a una coalición entre socialistas y nacionalistas que no logró tener continuidad. Del otro se encuentran los líderes de las tres candidaturas de izquierdas —Gonzalo Caballero (PSdeG-PSOE), Antón Gómez-Reino (Galicia en Común) y Ana Pontón (BNG)— que el 12 de julio intentarán superar esos obstáculos y que prefieren poner el acento en la posibilidad de poner fin a 12 años de mandato de Alberto Núñez Feijóo.

El profesor y analista político Manuel Martínez Barreiro ha sintetizado diez motivos que dan respuesta a esta cuestión. En primer lugar la falta de continuidad de los liderazgos —la candidata del BNG, Ana Pontón, es la única que repite en el campo político alternativo a la derecha—. En segundo lugar, que en la oposición pesa más la crítica que la propuesta y eso, en su opinión, hace “muy difícil mostrar políticas practicables. Al PP le resulta muy fácil construir el imaginario de una izquierda anti pero no a favor de algo”, precisa.

En tercer lugar Barreiro destaca la poca coordinación de la oposición. “Hay mucho llovizna, mucho tocar muchos temas, y falta acupuntura, atacar los centros de la mala gestión del PP”. La agenda se construye a partir de la actualidad pero estable “cinco o seis elementos centrales” reconocibles para los ciudadanos. “La oposición del PP al bipartido”, recuerda, “era sota, caballo y rey. Una agenda muy puntual centrada en los elementos de preocupación ciudadana o las debilidades del Gobierno.

En su opinión, otro de los defectos de la oposición es su obsesión con Feijóo. Un líder que “tiene muchas virtudes”, entre ellas “que es un cínico, es capaz de una cosa y su contraria”. “Encaja muy bien” los golpes e intentar acabar con el PP “haciendo jaque al rey en Galicia es más difícil. Los que le rodean son mucho más débiiles, pero la oposición no se centra en ellos”. Eso que, sostiene, “Feijóo es muy débil cuando tiene que defender a otros. Porque sólo trabaja para él”.

El quinto elemento que describe Barreiro y que juega en contra de una alternativa al PP es que la labor de oposición está muy parkamentarizada, “es muy institucional y está, por tanto, muy mediatizada. Depende mucho del eco en los medios y tiene escasa raíces sociales”. Tiene “poca instalación en sociedad civil gallega que no protesta . “Yo siempre digo que el PP siempre va a las elecciones en coalición, siempre aparecen actores de carácter social que le acompañan. Una gran coalición con múltiples entidades, desde presidentes de sociedades de caza y pesca a amas de casa, presidentes de clubes, etc. Esa capacidad que tiene de hacerse acompañar de modo casi natural no lo tiene las izquierda”, que sólo encuentra aliados en lo que él llamada “las organizaciones sociales de la protesta”. Y todo esto se produce en un terreno mediático“ terriblemente desigual: hay un sistema de medios muy progubernamental, muy despolitizado, poco plural. No se centra en los asuntos que pueden dar lugar a cambios políticos”.

Otro factor que juega a favor de la derecha es que en Galicia “la lógica bipartidista aún es muy consistente. En el sentido de que, frente a un partido de los grandes, el PP, se espera otro que cumpla una función tractora, en este caso el PSdeG-PSOE, que tenga una potencia de arrastre significativa y que sirva de soporte para construir una alternativa. Pero el PSOE está muy débil y “no funciona como fuerza tractora. Y los episodios de sorpasso del BNG o de En Marea no tuvieron continuidad. Sin esa fuerza tractora, la idea de una alternativa viable “no es creíble”.

En opinión de Barreiro, a esto se suma “la desatención de las peculiaridades políticas de Galicia” por parte del PSOE y de Unidas Podemos. “Aquí no hay hegemonía nacionalista pero sí un fuerte sentimiento diferencialista y eso lo hace distinto del sistema político del Estado”. Lo que la gente percibe en Galicia es el grado de galeguidade de los partidos y el PSOE y UP, ahora más por estar en el Gobierno central, más que fuerzas gallegas parecen fuerzas delegadas del gobierno con poca autonomía para proponer cosas aquí” o para “forzar cambios significativos en la política del Estado”.

El “dominio conservador”, prosigue, hace además que lasa narrativas de la izquierda están permanentemente en aggiornamento. No se quiere asustar”. La consecuencia es que, al final, “acaban bajando mucho el tono del relato” en busca de los electores moderados. Y eso “afecta muchísimo al PSOE aquí” porque le hace parecer más una fuerza de recambio que de cambio. “En las generales”, recuerda Barreiro, “Feijóo quedo muy debilitado, pero Gonzalo Caballero [el candidato socialista] siguió con un discurso muy tibio. Y ahí no puedes ganar. Ahí Feijóo lo hace mejor porque ofrece orden y continuidad”. El resultado es que “no hay un imaginario para una cambio político”.

La novena causa de la debilidad de la izquierda tiene que ver con la composición social de las organizaciones. “La izquierda en Galicia es poco popular, más patricia que plebeya. Son clases medias acomodadas. Y la gran expresión electoral de las clases más populares es el PP”-A la izquierda gallega le pasa como a los demócratas estadounidenses, a los que les cuesta llegar a gran arte de los ciudadanos.

Cuando Feijóo dice que “el PP es el que más se parece a Galicia”, hace “una apropiación de la idea de Galicia, pero en cierta manera es muy reconocible”. Y eso tiene que ver con algo a “lo que la izquierda no presta atención”, que es la relación entre militantes y votantes, explica. Esa ratio es siempre desfavorable a los partidos de izquierdas. “El PP tiene una estructura muy difusa: yo siempre digo que en las barras de los bares siempre hay uno del PP. Falta presencialidad en muchos espacios y eso te debilita cuando hay que movilizar opinión. La izquierda hace tiempo que está hiperactiva en las redes sociales, pero en otros dominios está en silencio”, lamenta.

En última instancia, incluye Barreiro, la izquierda acumula “un calendario de derrotas y de crisis demasiado abultado”. Y eso hace que, siempre que llegan las elecciones , “la gente que apoya el cambio está anímicamente en peores condiciones. Y eso te pone en desventaja: parece que Feijóo va a ganar, tienes interiorizado que será una derrota más y sales a salvar los muebles“. Dependiendo de la capacidad “de encandilar o no”, el “cuarto partido de la izquierda, la abstención, decide”. La gente no va a las urnas si “no ve utilidad en el voto”.

La consecuencia es que “la capacidad de acumular fuerzas se ve muy limitada. Hay desconfianza en la posibilidades de cambio y en los instrumentos de ese cambio”, que son los partidos. El BNG, señala, está todavía tratando de superar su crisis de hace ocho años. La izquierda rupturisita aún rezuma sus propias desavenencias internas y en el PSOE los problemas del pasado sigue en la memoria de todos. Mientras Feijóo apela constante al recuerdo de los expresidentes Albor y Fraga, el PSOE sólo se acuerda de Touriño “en los días de guardar”.

Arturo González, politólogo y director de Quadernas Consultoría, pone el énfasis en el diseño del modelo político y el hecho de que el voto alternativo al PP se presente dividido. Hay “un efecto puramente matemático” a la hora de “convertir los votos en escaños” al que se suma la sobrerrepresentación de las provincias de Lugo y Ourense , “en las que el voto de derecha tiene una mayor presencia”. El efecto combinado de estos factores significó que en las elecciones de 2012 cada diputado del PP costara 15.950 votos, recuerda, mientras que para cada escaño de Alternativa Galega de Esquerdas hicieron falta 22.233 votos.

“En momentos clave de resultados muy ajustados, esta división del voto y el efecto del sistema electoral pueden ser decisivos”, explica González. “Esto fue lo que sucedió en 2009 cuando el PP ganó por mayoría absoluta de escaños con el 46.7% de los votos” a pesar de haber obtenido 5.773 votos menos que la suma de BNG y PSOE (22.214 menos si incluimos a Esquerda Unida).

La división de la izquierda y el sistema electoral también tiene “efectos psicológicos” que tienden a generar más incertidumbre entre los votantes de izquierda y “desalientan su participación electoral”, señala el director de Quadernas Consultoría. “Los votantes de izquierda tienden a ser más críticos” con sus líderes que los de la derecha. “Como ejemplo, es suficiente comparar los efectos desmovilizadores para el electorado BNG que tenía la foto de Quintana en un bote con un empresario contra la incidencia cero que tenía la foto de Feijóo en un bote con Marcial Dorado para los votantes del PP”.

González tiene claro que la solución para la izquierda pasa por “dejar de dispararse en el pie, detener las disputas internas, concentrarse en su proyecto y dar tiempo para desarrollar los liderazgos. La evolución del BNG con Ana Pontón es un claro ejemplo de lo que sucede cuando hay continuidad de personas válidas. Independientemente de los resultados del 12 de julio, el PSdG tiene la oportunidad de hacer lo mismo con Gonzalo Caballero”, asegura.

Una vez que se sientan las bases de los partidos, el siguiente paso es poder construir y presentar “un proyecto compartido” entre las diversas fuerzas de la izquierda, con diferentes sensibilidades, pero “hablando claramente” de la posibilidad de un gobierno de coalición de izquierda, como una alternativa al gobierno de derecha, explica. “El votante de izquierda se moviliza más cuando cree que su voto será útil, cuando realmente cree que puede haber un cambio, y tanto los partidos como los votantes de izquierda saben que el cambio solo puede provenir de un gobierno de coalición”. Lo que no quieren es “un gobierno que está continuamente en conflicto interno, por lo que, en mi opinión, si los partidos de izquierda quieren llegar al poder, deben demostrar que tal coalición es posible en un clima de diálogo e intercambio de ideas”.

Los resultados de las generales confirman, a su juicio, la existencia de “un gran grupo de votantes de izquierda que pueden sumar más que los votantes de derecha”. En abril de 2019 hubo 139.034 más y el PSdeG superó al PP de Galicia por primera vez en una elección general. Los datos indican claramente que puede haber una mayoría de izquierda en Galicia; “el punto es poder movilizar a ese electorado de izquierda” destaca.

De los cambios y las transformaciones en el seno de es izquierda que no acaba de ser capaz de movilizar a sus votantes es un buen ejemplo Alexandra Fernández, exdiputada de En Marea que acaba de completar un viaje de ida y vuelta al BNG y cuyo nombre estará el 12 de julio en la candidatura nacionalista por Pontevedra.

Fernández, como buena candidata, niega las dificultades, pone el énfasis en las viabilidad de una derrota de Feijóo y tacha de “tópico” considerar el fracaso histórico de la izquierda política en Galicia. “Repasemos las últimas décadas: en 2005 tuvimos un gobierno progresista, en 2009 el BNG y el PSOE sumaron más votos que el PP que luego no se tradujeron en escaños, en las elecciones municipales vimos cómo el PP perdió todas las alcaldías de la sciudades” y, “más recientemente, en las elecciones generales, la suma de las fuerzas de centro izquierda y de izquierda claramente excedió la suma de las fuerzas de centro derecha y derecha”. Y concluye: “Es perfectamente factible que el 12 de julio Galicia vuelva a ser gobernada por la izquierda. No hay ningún atavismo que lo impida”.

Que el PP sólo gobierne Ourense en todas las ciudades gallegas le parece “un buen indicativo de la debilidad del PP”. A lo que ella suma la “capacidad de movilización” que observa en la sociedad gallega y que considera por encima de la que tiene lugar en otros lugares. En Galicia, sostiene, han tenido lugar “las manifestaciones más potentes en relación con la población” en defensa de asuntos como la sanidad pública, la clase trabajadora, el medio ambiente o el feminismo.

“Cuando uno viaja un poco y compara la diversidad y la fuerza de nuestro tejido social con el que hay en otras partes es fácil darse cuenta de que aquí somos sociológicamente mucho más de izquierdas que en otros lugares”, remacha la exdiputada de En Marea en el Congreso, que no señala algún error en el campo de la izquierda. Sólo juego sucio por parte del PP. Feijóo, acusa, se está apoyando en el control que tiene de los medios de comunicación, lo que altera las normas de competencia en igualdad y establece “un terreno de juego antidemocrático”.

“Parece claro que cuando el PP teme perder una elección recurre al dopaje de la manipulación de los medios. Todos recordamos”, rememora, “cómo para expulsar al bipartito” en 2009 llevó a cabo “una de las campañas más sucias, que se estudiará en las universidades por ser pionera en el uso de noticias falsas”. En la actualidad, subraya, “no hay nada más que mirar a la CRTVG, en la que sus trabajadores llevan dos años luchando por la existencia de medios públicos plurales”.

Pilar Cancela, diputada del PSdeG-PSOE en el Congreso, la única gallega en la Ejecutiva de Pedro Sánchez y durante mucho tiempo responsable de la gestora que gobernó el partido en Galicia en su etapa más crítica de los últimos años, pone el énfasis en la colaboración. “La izquierda necesita construir puentes y colaborar a nivel gallego, tal como ya lo hace a nivel municipal y provincial. De esta manera se establecerá un proyecto político alternativo, viable y confiable para una mayoría social que quiera un cambio. Si existe dicho diálogo, habrá un proyecto y, por lo tanto, el cambio deseado”, razona.

Cancela recuerda que la la derecha lleva gestionando políticas privaizadoras fracasadas desde los noventa. “No tiene respuestas a los nuevos retos, ni soluciones para las nuevos problemas”. Y pone el dedo en la llaga: “Cuando tuvimos proyectos sólidos alternativos, tuvimos cambio. Cuando ocurra de nuevo, ganaremos”. ¿Será ahora? “Este es el momento”, responde.

En su opinión, la posibilidad de un cambio depende de cuatro factores: diálogo entre las fuerzas de la izquierda, un proyecto compartido, trabajo conjunto en las instituciones y un esfuerzo colectivo para transmitir ese proyecto a la sociedad. “Si conseguimos hacerlos realidad, una nueva Galicia puede abrirse paso”. Feijóo se aprovecha de la ausencia de un proyecto común de la izquierda, sin que eso signifique ni uniformidad ni renuncia por parte de nadie, advierte. “La prioridad debe ser el interés común de la ciudadanía. Hablemos, pactemos, colaboremos y trabajemos juntos. “Galicia lo merece”, subraya.

Elba Maneiro, politóloga da Universidad de Santiago, tiene claro que el problema es de la izquierda. “Se resume en algo tan sencillo como la oferta política; no hay ninguna historia negra, ni ninguna leyenda negra sobre la edad o el mundo rural. Al final lo que ocurre es que la izquierda no es capaz de dar una oferta tan sólida como el PP”. Tan claro como eso.

Según Maneiro, que lleva tiempo analizando las elecciones en Galicia, mientras Feijóo fue capaz de ajustar el PP al “nuevo contexto gallego” y “adaptarlo”, los partidos políticos de izquierdas no supieron hacerlo. Y “no es lo mismo el electorado gallego de 2020 que el de 2010, o el de 2000”, advierte.

Lo que la izquierda tiene enfrente, explica, la versión gallega del PP, es un partido con “una estrategia de comunicación bestial, cuyo enraizamiento territorial es indiscutible” y con un trabajo “tremendo” a lo largo y ancho de Galicia. Un partido que, en su opinión, ha vivido sin tener que hacer frente a una verdadera oposición durante muchos años: el PSdeG pasó años gobernado por una gestora, el BNG viene del trauma de la ruptura de u asamblea de Amio (cuando Xosé Manuel Beiras abandonó sus filas) y la autodenominaba izquierda alternativa se ha desangrado en constantes peleas internas.

“Yo creo que el liderazgo en Galicia es clave”, afirma Maneiro. “Por un lado tenemos a un líder como Feijóo, capaz de presentarse como una figura transversal de la derecha”, y que a diferencia de lo que hace Casado es capaz de ocupar no sólo su espacio sino el centro político. Feijóo “no sólo tiene liderazgo sino que sale reforzado de situaciones como la crisis de la covid-19: es uno de los pocos líderes con poder institucional que sale reforzado de esta crisis”. Fue “capaz de transmitir seguridad a la ciudadanía en medio de la incertidumbre. Y de marcar esa línea de diferencia con el PP estatal, marcarse como líder autónomo”, como alguien “que trabaja para Galicia” y no para el PP de Casado.

Y es que, remarca, a menudo en Galicia, cuando se examina el comportamiento electoral, se pasa por algo la “identidad dual”. “Y el PP trabaja con eso: los gallegos se sienten gallegos” y por eso saben que “no se puede trasladar la imagen de España Suma”.

Del otro lado, en cambio, “tenemos una crónica falta de liderazgo. ¿Cuántos gallegos son capaces de identificar de forma clara a los líderes del PSdeG o de Galicia en Común?”, pregunta. Ana Pontón (BNG), reconoce, es más identificable, porque lleva más tiempo como jefa de filas de su formación. Pero aunque admite que en su primera campaña consiguió una apariencia “rompedora”, no comparte esa lo sea en realidad. “Ana Pontón, al final, es UPG dura”, afirma en referencia al partido que constituye el eje central del Bloque. “El hecho de que sea mujer y una cara nueva no significa que dentro del BNG suponga algo rupturista. Y en estos cuatro años perdió fuelle”, señala.

El ensayista y analista político Antón Baamonde cree que las municipales de 1999 marcan un punto de inflexión en la serie histórica de las elecciones en Galicia, cuando PSdeG y BNG pasaron a gobernar las ciudades. Desde hace 20 años hay una relativo equilibrio entre los dos espacios de derecha y de izquierda y el PP se impone, en su opinión, gracias al apoyo de una prensa totalmente conservadora” y al respaldo de todos los centros de poder. “No es un partido de régimen, pero se acerca”, asegura.

“Si lo reduzco a un solo argumento, el problema fundamental aquí es que no hay oferta. El liderazgo de la oposición es débil”, sentencia. Las maquinarias partidarias de la izquierda y del nacionalismo “son muy débiles, muy carentes de discurso y de liderazgo”. Y sus líderes, Caballero, Gomez-Reino y la propia Pontón, “no tienen ese sumatorio especial y capacidad de arrastre que tuvieron algunos de sus antecesores”.

Baamonde, como los demás analistas y políticos con los que ha hablado infoLibre, también se centra en lo que él llama el “pesimismo estructural”. El año pasado, después de las elecciones generales, “los datos apuntaban a que había partido“ pero “ahora la sensación es que Feijóo mejoró su posición, que salió bien de la pandemia”. Y eso desmoviliza los votos que hacen falta para sacar adelante una alternativa.

“Es una especie de nuevo mito de Sísifo: empujas la piedra hasta arriba y luego vuelve a caer”, señala con cierto pesar Alba Nogueira, catedrática de Derecho Administrativo de la Universidad de Santiago, convencida de que ni los socialistas y los nacionalistas han aprendido de los errores del pasado.

Nogueira cree que hay defectos de la izquierda y fortalezas de la derecha. “Algunas no muy presentables, como la perpetuación en el poder durante tantos años”. El PP tiene una capilaridad en la sociedad “muy potente” que va más allá del mundo político, que se extiende desde las asociaciones deportivas a las de de vecinos. Y hace un “uso absolutamente desacomplejado de los resortes de poder, incluidos los medios de comunicación”. Los públicos, bajo férreo control político, y los privados con más penetración social, cada vez más dependientes del erario público.

En el lado de la izquierda, Nogueira observa una falta de un proyecto autónomo para Galicia por parte del PSOE, con “un partido subalterno sin voz propia. Eso se nota, incluso en el peso que tienen en el Gobierno central”, donde están ausentes. El BNG también tiene muchos problemas: es un proyecto de subproyectos, de pancartas. Se agarra a movilizaciones sectoriales pero se percibe poco qué significa su nacionalismo. No se ve detrás un proyecto de país como en el PNV”.

La izquierda, en su opinión, desperdicia sus oportunidades. Lo hizo en el bipartito y lo hace en las ciudades, donde gobierna pero no es capaz de trasladar mensajes políticos identificables para un electorado distinto del PP. “Faltan banderas de enganche: una fuerza política, para ganar, tiene que tener un mensaje mínimamente transversal y fácilmente identificable”, pero “no la suma de mensajes para 50 colectivos distintos”.

Nogueira cree que en su día En Marea, cuando irrumpió en la escena política gallega, sí fue capaz de construir “dos o tres mensajes” reconocibles para segmentos amplios de la población “Y eso falta ahora“, lamenta. Como también “una cultura de saber valorizar los momentos de Gobierno que tuvieron”.

Mientras tanto, Feijóo consigue hacer políticas “muy de derechas” mientras vende el PP como “un partido de amplio espectro, que puede dar satisfacción a una derecha moderada. Se le regalaron fotos con demasiado facilidad”, reprocha.

De todos los consultados, Nogueira es quizá quien menos importancia da a los liderazgos en la debilidad de la izquierda. “No necesariamente se necesitan perfiles muy carismáticos. Es más un problema de proyectos políticos poco perfilados”. Pensados para “una Galicia que ya no es” —en esto coincide con Elba Maneiro— y “demasiado en negro”. Cuando los proyectos son muy negativos respecto a la imagen del país contrastan con lo que la gente ve. Pintar una imagen muy negra es poco rehíle, tienes que construir una oferta en positivo”.

El socialista Emilio Pérez Touriño, presidente de Galicias entre 2005 y 2009, enfatiza que a pesar de la imagen conservadora que tiene Galicia siempre ha retenido un electorado “casi” partido por la mitad. Por eso, cuando se le pregunta por el 12 de julio, dice con rotundidad: “Sí se puede. Hay dos elecciones en 2005 y 2009 en las que la suma de votos socialistas y nacionalistas superó el PP. No es imposible”.

Touriño, sin embargo, reconoce una dificultad de fondo, un cierto pecado original. “Hay un partido conservador afincado en el regionalismo galleguismo que siempre ha aglutinado el centroderecha” con resultados que nunca han estado por debajo del 45%. Un partido, subraya, “que nace en clave de Galicia, de base y raíz gallega. Y muy asentado en el conjunto del territorio gallego”. El PSdeG, en cambio, nace desde la organización estatal y funciona como una federación subordinada.

A ese problema hay que añadir que en Galicia “necesariamente la alternativa siempre tiene dos patas. Por definición son dos: un alma socialdemócrata, galleguista, y otra soberanista, y de ruptura democrática”. Y cuando tienen que juntarse “tienen un problema de confiabilidad”. Una oferta capaz de “concitar el apoyo mayoritario de la ciudadania”, remarca,, necesita de “esas dos almas”. Que ahora, además, son tres, con la presencia de lo que representa Galicia en Común. Cuando el PSOE no entiende eso, advierte Touriño, y pretende navegar en solitario, “le va incluso peor”.

A diferencia de lo que ocurre en Cataluña y el País Vasco, en Galicia la pata nacionalista “nunca fue capaz de liderar la alternativa” al PP. “Lo cual”, en opinión de Touriño, “tendría que hacer que el nacionalismo, más allá de contentarse con los resultados, se reformara”. Del otro lado, la pata socialista, el problema es “ofrecer confiabilidad”. Y para eso el PSdeG “tiene que ser capaz de ofrecer un proyecto de gobierno en clave de país, con un liderazgo muy potente que otorgue confianza, y una base gallegusita muy importante. No puede aparecer”, subraya el ultimo presidente socialista de la Xunta, “como un partido dependiente”, porque en las elecciones autonómica lo que se elige es “el mejor Gobierno para Galicia”.

Cuando no se dan esas circunstancias, reconoce Touriño, hay dificultades era una alternativa. Que crecen si encima hay un tercer actor (Galicia en Común), “más salsas en el condimento”. Eso, ironiza, “va a beneficio de la pluralidad, que celebramos mucho en la izquierda, pero claramente también en beneficio de la derecha y de su continuidad en el poder”.

Anxo Quintana, el que fuera civepresidente con Touriño y cabeza visible de la pata nacionalista de aquel Gobierno, reconoce el mérito del PP: “El que te gana es porque la voluntad democrática de los gallegos así lo decide. Es una alternativa política que desde mi punto de vista es tremendamente nociva para el país, pero esa es mi opinión y por lo visto no es la opinión de la mayoría”, reconoce.

Pero también es cierto, añade, que el PP en Galicia “tuvo la habilidad de representar un ámbito ideológico y político más amplio del que tradicionalmente representa el PP en España”. Y eso le da la posibilidad de “dirigirse a un electorado más amplio, la oportunidad de recibir el apoyo de más gente. Hábilmente”, sí, pero “yo creo que a veces falsariamente”.

Quintana lamenta que “la invisibilidad política de Galicia” haga “que ni siquiera nos demos cuenta de que el marco político es diferente al del resto del Estado”, porque no se define sólo en los ámbitos de izquierda y derecha: “en Galicia existe un ámbito político que es el del nacionalismo, que no se puede describir únicamente como derecha e izquierda, independientemente de que el nacionalismo gallego sea progresista e inequívocamente de izquierdas”.

“A veces el propio nacionalismo no se lo cree lo suficiente”, concede el exvicepresidente. “Y eso le imposibilidad competir con el PP en determinados ámbitos sociales en los que, aunque parezca mentira, el nacionalismo puede y debe competir”. Sin cambiar en “términos ideológicos su divisa a la izquierda”, pero sí ejerciéndola “desde una perspectiva transversal. La clave está ahí, independientemente de los éxitos del PP,”, enfatiza.

Quintana recuerda que cualquier que conoce bien Galicia sabe que “hay una disfunción muy clara. El comportamiento social y política no es el de una sociedad ultraderechizada”. No es posible explicar así las mayorías absolutas del PP. Lo que pasa es realidad, subraya, es que “no hay un abanico político que permita dar representatividad a la realidad social que Galicia tiene. No fuimos capaces de hacerlo” y la consecuencia es que “hay una distorsión entre los resultados electorales y las características reales de la sociedad. Nos estamos equivocando nosotros mismos”, remarca.

Forzados a creer en el cambio, los candidatos del PSdeG-PSOE, BNG y Galicia en Común, sólo visualizan razones para que, esta vez sí, por primera vez en quince años, la izquierda recupere la Xunta. El socialista Gonzalo Caballero se aferra a los resultados electorales del año pasado, que “reflejan una mayoría de progreso clarísima. En abril ganamos por primera vez en la historia en unas generales”. “El escenario es distinto”.

Algo que, en su opinión, y gracias a la gran participación de aquella convocatoria, ofrece “una foto de la Galicia actual” en la que sigue habiendo “una mayoría progresista”. Un retrato que o muta acorto plazo, ni siquiera por na crisis como la pandemia. El reto, subraya, “es movilizar al electorado en unas elecciones en las que puede haber una caída en la participación y no sabemos cómo eso puede afectar” al resultado. “Habrá menos participación, pero el electorado dede derechas también se va a quedar en casa”, aventura.

Ana Pontón, la candidata del BNG, la única de los tres que repite y también la única mujer, se muestra también “convencida” de las posibilidades de cambio. Tiene datos demoscópicos, asegura, de que seis de cada diez gallegos lo quieren, si bien siete de cada diez no lo creen posible. He ahí el problema: convencer a los electores que quieren cambio de que es posible. Y que no se queden en casa.

La aspirante nacionalista, igual que sus compañeros en el campo de la izquierda, destaca las señales que alimentan la esperanza. “Si contamos votos, hay varios procesos electorales en los que las fuerzas nacionalistas y de izquierdas sumamos más en apoyo popular que la derecha”. “Pero no podemos negar la implantación territorial, social, económica y mediática” del PP, reconoce. “Tenemos que ser capaces de tener una mayor conexión con la sociedad y aglutinar cada vez a mas sectores”, pero Pontón sostiene que “una parte muy importante del crecimiento del BNG” en los últimos años ya es el resultado de haber ensanchado su “campo social formulando una propuesta para dirigirnos a una mayoría social”.
`
En su opinión, el escenario del 12 de julio “es mucho más abierto de lo que la derecha quiere hacer creer. Hay una campaña soterrada” cuya “gran baza no es reilusionar”a los suyos “sino desmovilizar al electorado que puede votar izquierda y nacionalismo en Galicia. Eso es lo que tenemos que combatir, el discurso instalado” en la desmovilización.

Antón Gómez-Reino, el candidato de Galicia en Común —la marca gallega de Unidas Podemos—, denuncia también “un relato muy instalado por parte de la derecha acerca de su invencibilidad” que se contradice con el poder municipal y con los últimos resultados electorales. Si la izquierda pierde, asegura, es “porque el voto progresista no se moviliza. Hay que insistir en eso”, remarca.

De ahí que, para Gómez-Reino, igual que para los otros candidatos de la izquierda, sea “fundamental que la gente visualice el gobierno posible. Así se lo estoy trasladando a PSdeG y BNG. La gente quiere ver una alternativa, no tres candidatos. Que tenemos un proyecto para Galicia”. El aspirante de Galicia en Común recuerda que tampoco parecía posible ganar a Fraga y ocurrió. “Hay una posibilidad real de cambio. Y una voluntad explicita de construir una gobierno alternativo”.

Fernando Varela, en infolibre.es

No hay comentarios: