domingo, 20 de febrero de 2022

JORNADAS INTERMINABLES Y REPRESIÓN ANTISINDICAL EN UNA SUBCONTRATA DE AMAZON

 Cuando nos incorporamos a la subcontrata de Amazon en Cantabria, no nos imaginábamos donde nos metíamos. En la entrevista de trabajo nos dijeron que trabajaríamos para una importante empresa a nivel nacional nueve horas diarias durante cuatro días laborales a la semana. A ello tendríamos que añadirle un fin de semana y medio, pero sólo una vez al mes.

Tras un curso de formación, comenzamos los repartos. Desde el inicio sufrimos múltiples dificultades: la aplicación no tenía geolocalizado (por coordenadas) a ninguno de sus clientes; por tanto, había que buscar muchas direcciones a ojo. Ello alargaba a menudo las jornadas hasta medianoche para que la empresa “funcionara” y pudiéramos conservar nuestro trabajo. Aunque en repartos posteriores la aplicación ya había grabado las coordenadas y nos conducía derechos al domicilio del cliente, ello no supuso una reducción de las jornadas. 

Nos exigían dos visitas por cliente: si no lo localizábamos a la primera, debíamos volver al acabar la ruta. Para la empresa era primordial un alto porcentaje de entregas. Por ello nos conminaba a llamar por teléfono al cliente y realizar la entrega si respondía. Ello nos obligaba en ocasiones a recorrer veinte kilómetros hasta una periferia urbana o a atravesar una ciudad de punta a punta para una sola entrega.

A los encargados (dispatchers) sólo les importa el porcentaje de entrega de paquetes. Su misión consiste en presionar a los conductores para que la entrega se realice sin importarles la situación del conductor. Tras ocho horas en ruta, si un cliente exige que le lleves el paquete a 30 km. de la dirección acordada, el encargado no te deja alternativa: “ve y entrégalo”. Los conductores soportamos así un exceso de horas no pagadas, cientos de kilómetros extra y un estrés constante. 

Las rutas pueden ser de cien paradas -no paquetes-. Cada parada puede suponer tres o cuatro portales cercanos. Y la picaresca de los clientes añade tensión y carga de trabajo. Dicen: “estos de Amazon son estupendos, te llevan el paquete donde haga falta”, y piden que se les realice la entrega donde quieren, en la playa, la cafetería… Llegamos incluso a entregar los paquetes a los clientes en las calles en que estuviesen: “estoy en tal calle, tráemelo”. Por supuesto, eso añade una enorme carga de trabajo a los conductores: si se resisten, los encargados les amenazan con el despido.

Los abusos de clientes y encargados se basan en el sistema de penalizaciones de Amazon, conocido como “concesiones”. Cada queja de un cliente -paquete en mal estado, no entregado, no conforme con la entrega, etc.- supone una concesión. Ha habido casos en que el cliente se ha molestado porque el conductor le pidió que se pusiera la mascarilla y puso una queja, generándose una concesión. Con cuatro concesiones, Amazon te permite “rehabilitarte” asistiendo a un curso de “buena conducta”. Pero si siguen llegando concesiones, Amazon prohíbe a la subcontrata que ese repartidor toque paquetes de Amazon, lo que supone su fulminante despido.

Los conductores nos encontramos así en la tesitura de entregar el máximo de paquetes bajo cualquier circunstancia, buscando al cliente donde estuviere y bajo la presión continua de que cualquier tipo de problema con la entrega supondrá una sanción y, a la postre, el despido –algo que utilizan continuamente los encargados para presionar: la culpa siempre es del repartidor-. A éste se le pueden acumular las concesiones sin tener ningún recurso para discutirlas, para defenderse, e incluso para saber si se están acumulando o se levantaron.

A ello se le añade la propia incertidumbre de horarios, completamente ilegal. En función de los paquetes y rutas, la empresa calcula día a día los conductores que necesita y les avisa la noche previa para que lleguen al almacén a las 7 de la mañana. Pero si a las 6 de la mañana el camión llega con menos paquetes de los previstos, la empresa llama a los conductores “sobrantes” para decirles, con minutos de antelación al inicio de la jornada, que se queden en casa: ya recuperarán esas horas cuando la empresa les diga. 

La situación es tan poco sostenible para el conductor que la rotación es alarmante: pocos repartidores aguantan. Según nuestros cálculos, por nuestra subcontrata pasan unos 48 repartidores al mes. 

Ante los continuos abusos, extorsiones, injusticias y vulneraciones de derechos de que éramos víctimas, tres compañeros decidimos organizarnos sindicalmente. Acudimos a un sindicato, donde se nos informó que necesitábamos ser cinco para crear una sección sindical. Teníamos que buscar dos personas más, algo nada fácil debido a la alta rotación y dispersión de la plantilla. Para evitar que la empresa se enterara antes de la constitución legal de la sección sindical, nos aproximamos a los compañeros con los que teníamos más relación. Pero no tuvimos suerte: alguno de ellos nos delató y en el plazo de diez días los tres compañeros recibimos cartas de despido.

Afortunadamente en el sindicato nos habían hecho firmar la creación de la sección y el documento se había entregado en Trabajo. Ello permitió al sindicato demandar a la empresa por vulneración de los derechos fundamentales de libre sindicación. La empresa ni siquiera se presentó a la conciliación.

El juicio tuvo lugar siete meses después, durante los que varios de nosotros estuvimos desempleados. En el juicio la empresa alegó que nuestros despidos fueron ocasionados por una baja productividad, porque teníamos un porcentaje de efectividad del 99%. Preguntados por el juez cuál era para ellos el porcentaje mínimo exigible, respondieron que era del 100%.

La sentencia declaró nulo el despido por vulneración de derechos fundamentales y reconoció la sección sindical, obligando a la empresa a nuestra reincorporación inmediata y a pagarnos los salarios de tramitación y la indemnización. La empresa ha recurrido los despidos, manifestando así su intención de obstaculizar cualquier tipo de organización para defender los derechos de los trabajadores.

Tras reincorporarnos -bien acogidos por muchos compañeros-, decidimos, asesorados por el sindicato, convocar elecciones al comité de empresa (76 empleados) y presentar una candidatura sumando otros dos trabajadores para tener los cinco candidatos exigibles. La empresa no cesó en su proceso de extorsión: creó una candidatura “amarilla”. El sindicato nos recomendó unir a todas las personas posibles a nuestra candidatura para hacer más fuerza. 20 personas se apuntaron. La empresa, al enterarse de quienes eran, los fue entrevistando uno a uno en la oficina, “sugiriéndoles” que se borraran de la lista y que votaran a su candidatura, si no querían ser despedidos. Las veinte personas se borraron y quedamos de nuevo los cinco candidatos solos.

La empresa creo su candidatura de “trabajadores independientes” totalmente afín a sus intereses -hubieron de presentarse como “independientes” al no conseguir que ningún sindicato nacional acogiera la candidatura-. Hizo todo lo posible por promocionar su candidatura demonizando la nuestra, gritándoles a los trabajadores que nuestra única intención era cerrar la empresa. Ello nos generó numerosas discusiones y broncas y la animadversión de la mayoría de nuestros compañeros.

Desde la convocatoria de elecciones, en mayo, hasta su celebración en julio de 2021, sufrimos dos meses repletos de dificultades y situaciones muy incómodas con la plantilla. A pesar de ello, nos mantuvimos firmes en nuestros objetivos.

En las elecciones obtenemos 9 votos (5 nuestros) de los 76, lo que nos daba un delegado en el comité, frente a 4 de la candidatura “independiente”. Pero la empresa cometió el error de meter en la candidatura a personas que no llevaban en la empresa ni el mínimo legal de seis meses necesario para ser candidato. El sindicato impugna exitosamente las elecciones. Estas deben repetirse, pero sin la candidatura ilegal -la de la empresa-. En septiembre se celebran, siendo nosotros la única candidatura: obtenemos de nuevo 9 votos y ganamos las elecciones.

Desde entonces intentamos ejercer nuestra labor sindical planteando cuestiones de condiciones laborales, convenio colectivo, vulneraciones del Estatuto de los Trabajadores… La empresa continua con su estrategia de presión. Ante nuestras reivindicaciones y peticiones formales de reunión con la empresa no obtenemos respuesta por parte de ésta. A fecha de hoy sólo hemos tenido una reunión informal con uno de los socios de la empresa, el jefe de RRHH, que vino sólo a tantear al comité sin traer ningún tipo de propuesta.

Nuestra labor sindical nos ha llevado a ponernos en contacto con otras subcontratas del territorio nacional. Este intercambio nos ha permitido conocer que nuestra situación es idéntica a la que se vive en la mayoría de subcontratas de Amazon. 

Firmado: Comité de empresa de AT Operalia  (Cantabria), subcontrata de Amazon Spain. (publicado por abusospatronales.es)

No hay comentarios: